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MARINISTAS: ENTRE BORREGAZOS, FOTOS VIEJAS Y CASTILLOS EN EL AIRE.

Por Joaquín Quiroz

Conforme se acerca la definición de la persona que encabezará en Quintana Roo los trabajos de defensa de la Cuarta Transformación —porque los tiempos y las normas electorales todavía impiden llamarle formalmente candidato o candidata—, las señales políticas comienzan a ser cada vez más claras.

Mientras el proyecto trazado avanza, fluye y acomoda sus piezas, en el otro extremo la desesperación causa escozor. Ante una realidad que no les favorece, algunos marinistas han optado por fabricar escenarios domésticos, rupestres y completamente alejados de la lógica política.

Ya no se trata únicamente de interpretar mal las señales, sino de inventarlas. Construyen una realidad alterna, replican borregazos y pretenden convertir cualquier fotografía, reunión o encomienda legislativa en la prueba definitiva de que Rafael Marín Mollinedo será el elegido. Narrativas carentes no solamente de inteligencia, sino hasta de elemental sentido común.

El ejemplo más reciente ocurrió el martes, cuando el senador con licencia Eugenio “Gino” Segura presidió la instalación de la Comisión Bicamaral de Seguridad Pública.

De inmediato, los “doctos”, “eruditos” y sesudos analistas del marinismo salieron a anunciar que Gino había sido enviado a una especie de congeladora legislativa.

Algunos entendieron la presidencia de esta comisión como si se tratara de una nueva secretaría, una encomienda administrativa de tiempo completo o prácticamente un asiento dentro del gabinete federal.

Según su peculiar interpretación, Gino ya había encontrado nueva chamba, permanecería en el Senado y, en automático, el camino quedaba despejado para que el tabasqueño que ansía convertirse en quintanarroense fuera ungido como abanderado morenista.

Nada más alejado de la realidad.

Como diría Jack el Destripador: vamos por partes.

Una comisión bicamaral es un órgano del Congreso de la Unión integrado por diputadas, diputados, senadoras y senadores. Su finalidad es coordinar el trabajo de ambas cámaras en asuntos que, por su complejidad e importancia nacional, requieren una visión conjunta.

No es una Secretaría de Seguridad Pública, no es una dependencia del Ejecutivo y tampoco representa un cargo administrativo que demande atención las 24 horas del día.

Estas comisiones permiten al Congreso ejercer funciones de supervisión, fiscalización y contrapeso en materias sensibles: seguridad nacional, participación de las Fuerzas Armadas en tareas civiles, vigilancia financiera de estados y municipios y coordinación de áreas institucionales del propio Poder Legislativo.

Su lógica consiste precisamente en evitar la duplicación de trámites y facilitar que ambas cámaras revisen de manera conjunta temas de interés nacional.

La Comisión Bicamaral de Seguridad Pública llevaba meses sin instalarse debido al letargo legislativo. Su puesta en marcha era una tarea pendiente y, de acuerdo con versiones surgidas del propio ámbito político, era un órgano cuya instalación interesaba al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, amigo personal de Eugenio Segura y también senador con licencia.

La intención habría sido que el quintanarroense la presidiera como parte del cierre de su etapa en el Senado antes de separarse formalmente de su escaño.

Pero los marinistas, cegados por la emoción y su bendita ignorancia legislativa, confundieron una responsabilidad parlamentaria con una nueva colocación laboral. Celebraron que Gino supuestamente se quedaría en el Senado y que Rafael Marín tendría despejada la pista.

La alegría les duró menos que un suspiro.

Unas horas después comenzó a circular el oficio mediante el cual Eugenio Segura solicitó licencia para separarse del Senado y participar en el proceso interno rumbo a la definición de quien encabezará la defensa de la Cuarta Transformación en Quintana Roo.

Ni un par de horas duró la algarabía de los seguidores del extitular de Aduanas. Quedaron, como suele decirse, con un palmo de narices.

Ante el fracaso de aquella interpretación, los paleros y voceros del marinismo sacaron otro borregazo de la manga este miércoles.

Comenzaron a difundir una fotografía de archivo de Rafael Marín con el senador Alberto Anaya, dirigente nacional del Partido del Trabajo. La imagen corresponde al 5 de agosto de 2025, cuando Marín todavía era director de la Agencia Nacional de Aduanas de México y Anaya acudió a ese edificio.

No había misterio alguno.

Alberto Anaya es senador de la República y preside la Comisión de Asuntos Migratorios, área naturalmente vinculada con diversos temas fronterizos y aduaneros. La reunión tenía una explicación institucional evidente.

Sin embargo, casi un año después, los alquimistas del marinismo rescataron la fotografía para venderla como si se tratara de una reunión reciente, secreta y decisiva. Según su relato de fantasía, el profesor Anaya ya habría ungido a Marín como el gallo no solamente de Morena, sino también del Partido del Trabajo en Quintana Roo.

La realidad vuelve a derrumbarles el cuento.

El registro previsto para el viernes corresponde al proceso de Morena. Los acuerdos formales de coalición con el PT y el Partido Verde se definirán posteriormente, dentro de los tiempos legales y políticos correspondientes. Pretender que una fotografía vieja representa la decisión anticipada de una alianza que todavía no se formaliza raya en lo estólido.

Hay otro dato que los marinistas omiten por ignorancia o conveniencia: Eugenio Segura y Alberto Anaya son compañeros de escaño en el Senado de la República y mantienen, según referencias de heraldos de Xlalibre en el Senado, una excelente relación política.

Así que esos moros con tranchetes, conspiraciones palaciegas y mensajes ocultos solamente existen en la imaginación de quienes buscan darle respiración artificial a un proyecto que no termina de despegar.

Además, en Quintana Roo la fuerza electoral del PT es limitada. En términos estrictos, posee incluso menos presencia territorial propia que el PRI o el PAN.

El partido ha obtenido posiciones principalmente mediante las coaliciones y el reparto de espacios. Su figura más visible es el todavía presidente municipal de Lázaro Cárdenas, Nivardo Mena. En el Congreso del Estado cuenta con tres diputados, varios de los cuales han expresado públicamente simpatías por Eugenio “Gino” Segura. Lo mismo ocurre con algunos de sus escasos regidores.

Por eso resulta de penita ajena que los marinistas intenten colocar al PT como una fuerza capaz de imponer por sí misma una candidatura, y más todavía que pretendan usar una fotografía de archivo para demostrar un respaldo que nadie ha anunciado formalmente.

Su contradicción es todavía mayor cuando buscan deslindar a Rafael Marín del Partido Verde, pese a que el propio Marín ha reconocido públicamente que el Verde es aliado y que su participación será necesaria en la competencia electoral.

Por un lado, sus voceros atacan a los verdes; por otro, su aspirante dice que los necesita. Por un lado, proclaman que Morena puede caminar sin aliados; por otro, reciclan fotografías para presumir el supuesto respaldo del PT.

No hay estrategia. Hay desesperación.

Incluso se comenta que Rafael Marín habría acudido a La Chingada, la finca del expresidente Andrés Manuel López Obrador, en busca del consejo, la bendición o el respaldo de quien considera su mentor y guía político.

Pero los marinistas parecen olvidar un detalle esencial: la decisión política se construirá en Palacio Nacional y tendrá como referencia central la conducción de la primera morenista del país, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

Andan con la brújula descompuesta.

Si desde ahora están fabricando castillos en el aire, peleando con molinos de viento, reciclando fotografías y confundiendo comisiones legislativas con secretarías de Estado, habría que imaginar el nivel de frustración que alcanzarán cuando su gallo tabasqueño no resulte favorecido.

Entonces se quedarán con la cola entre las patas y con muy poco margen para solicitar espacio dentro del proyecto ganador al que previamente atacaron, descalificaron y pretendieron sabotear.

Porque, hasta ahora, la ruta competitiva real tiene dos nombres: Eugenio “Gino” Segura y Ana Paty Peralta.

Uno de ellos encabezará la siguiente etapa política de la Cuarta Transformación en Quintana Roo.

Mientras tanto, los marinistas seguirán buscando señales donde no existen, inventando respaldos, resucitando fotografías viejas y anunciando triunfos imaginarios.

El problema de construir una candidatura sobre borregazos es muy sencillo: tarde o temprano llega la realidad y se come al borrego.

Para los “especialistas” que siguen confundidos: Gino Segura es senador y compañero de escaño del profesor Alberto Anaya. No se necesita consultar el oráculo ni interpretar fotografías antiguas para entenderlo. Basta con conocer mínimamente cómo funciona el Senado.

Y respecto al PT en Quintana Roo, también convendría bajarle dos rayitas a la fantasía, su estructura propia es tan limitada que, en estricta condición electoral, tiene menos fuerza que el PRI y el PAN.

Pero explicarles lógica política a ciertos marinistas es como enseñarle cartografía a quien decidió navegar sin brújula.

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