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Tic tac: Ana Paty avanza y disfruta el territorio. Marín se desinfla, Marybel y Alexa vegetan.

Por Joaquín Quiroz

Sigue avanzando el tic tac del reloj político en Quintana Roo. De los cinco suspirantes que iniciaron esta contienda por encabezar los trabajos de la Defensa de la Cuarta Transformación y la Soberanía Nacional, cada día queda más claro que, salvo alguna sorpresa monumental, la verdadera disputa se está concentrando entre dos nombres: Gino Segura y Ana Paty Peralta.

Porque mientras algunos parecen esperar que la candidatura les caiga por generación espontánea, Ana Paty Peralta está haciendo política. A la par de Gino Segura, no se ha detenido. Está en territorio, recorriendo la entidad, saludando militantes, reuniéndose con estructuras y haciendo algo que en estos tiempos no todos los aspirantes entienden: contacto político real.

Ana Paty está como pez en el agua.

Su crecimiento político ha sido exponencial. Tiene talento, preparación, trayectoria, disciplina y una sensibilidad con la gente que no puede improvisarse de un día para otro. La edil con licencia de Benito Juárez se mueve de norte a sur, de este a oeste, con una estrategia visible, bien planeada y con rumbo.

Como ha sido prácticamente toda su carrera política.

Este viernes, el Cabildo de Benito Juárez aprobó una nueva licencia temporal por 44 días naturales, que surtirá efectos a partir del 9 de agosto, para que continúe dedicada al proceso interno rumbo a la sucesión de 2027.

Y vaya que lo está tomando en serio.

Ana Paty es, como dicen algunos dentro de la propia militancia, un garbanzo de a libra: conocedora, sensible, entregada, agradable, hace sentir bien a la gente, y con una capacidad para sumar que comienza a notarse en la conformación de estructura, operadores y personajes relevantes.

No está recorriendo Quintana Roo para tomarse fotografías.

Está construyendo.

Además, políticamente hace match y equipo con Gino Segura, cada uno desde su propio proyecto, pero ambos demostrando que entendieron que esto se gana caminando, sumando y haciendo territorio.  Maristas de “hueso guinda”. En unidad sin barreras al contrario sumando.

Bien por Ana Paty Peralta, quien, como todo lo que ha realizado en su exitosa carrera política, lo toma y hace en serio.

Rafael Marín con el lastre de su pasado.

Del otro lado aparece el septuagenario Rafael Marín Mollinedo, totalmente desencajado, desinflado y cansado, mientras sus seguidores intentan vender la idea de que se trata de un dechado de liderazgo popular ampliamente conocido y querido por los quintanarroenses. Lo cual es totalmente falso y trae la brujula mas que perdida.

El problema es que hasta para armarle una supuestamente “espontánea” fiesta de cumpleaños parece que sus operadores batallan.

Regalando comida, armando convivios y repartiendo esperanza cualquiera puede intentar fabricar popularidad.

Y Rafael Marín tiene un problema todavía mayor: antes de pedirle a Quintana Roo que le entregue confianza política, tiene demasiadas explicaciones pendientes sobre su paso por la administración federal.

Fue titular de la Agencia Nacional de Aduanas de México en dos etapas, tanto durante el gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador como durante el primer tramo de la administración de Claudia Sheinbaum, y su salida ocurrió en medio de señalamientos públicos relacionados con patrimonio, operación política anticipada y solicitudes de información de la Fiscalía General de la República en torno al huachicol fiscal.

Y ahí está precisamente la podredumbre política que Rafael Marín pretende esquivar.

Porque mientras millones de mexicanas y mexicanos están agraviados por uno de los mayores esquemas de evasión y daño al erario de los últimos años, quien encabezó Aduanas no puede pretender que el tema desaparezca simplemente porque ahora quiere ser gobernador de Quintana Roo.

Marín ha sido señalado públicamente durante los periodos en que el huachicol fiscal se convirtió en un enorme problema nacional.

Que explique.

Que responda.

Que diga qué conocía, qué informó, qué denunció, qué combatió y qué sucedió bajo su responsabilidad administrativa.

En vez de eso, pretende victimizarse porque —según él— lo atacan periodistas y políticos quintanarroenses. Cuando son medios nacionales e incluso internacionales quienes manejan esta información.

Aquí nadie debería preocuparse por si Rafael Marín sufre porque los medios publican o porque la gente pregunta.

Quien quiere gobernar tiene obligación política de rendir cuentas.

Y además está su paso por el  Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, y el tren mismo otro de los grandes proyectos federales que durante los últimos años ha registrado accidentes y descarrilamientos.

No basta presumir cargos.

Cuando alguien utiliza su experiencia administrativa como carta de presentación también debe aceptar el escrutinio sobre aquello que ocurrió en las instituciones que encabezó.

Porque para ponerse las medallas sobran manos.

Para explicar los problemas generalmente faltan bocas.

Marybel la siempre busca chambas.

Y mientras Marín intenta sacudirse cuestionamientos, Marybel Villegas continúa en su tradicional especialidad política: buscar cómo ganar algo sin necesariamente aportar algo equivalente.

Sus recorridos transcurren sin pena ni gloria.

Dos o tres reuniones, algunos  extraviados de Benito Juárez, fotografías para redes sociales y poco más.

Marybel fue senadora de la República.

¿Y qué trascendencia dejó?

Ahí está el problema.

Pasó por el Senado sin construir una obra política proporcional al tamaño del cargo y ahora, como diputada federal, tampoco existe hasta el momento un gran legado legislativo que haga decir a los quintanarroenses: ahí está la aportación histórica de Marybel Villegas.

Muchos cargos.

Demasiadas campañas y partidos.

Varias siglas políticas en su historia.

Y siempre una extraordinaria habilidad para aparecer cuando hay una candidatura disponible.

Una muy cara aviadora de San Lázaro, políticamente hablando, que nuevamente busca vender experiencia cuando lo verdaderamente abundante en su currículum es brinco tras brinco en cargos públicos.

Y mientras Ana Paty y Gino aceleran, Marybel parece disputar la quietud, la simulación y la intrascendencia política únicamente con otra aspirante.

Alexa como el cometa nadie la ve.

La representante del Verde, Alexa Murguía Trujillo, también está oficialmente registrada entre los cinco aspirantes.

Sí, aunque a veces haya que recordarlo.

Porque una cosa es aparecer en una lista y otra muy distinta competir políticamente.

Alexa representa hasta ahora la ineptitud de una candidatura sin volumen, sin narrativa estatal, sin presencia suficiente y sin una operación que permita observarla seriamente peleando por la coordinación.

Está ahí.

Eso es indiscutible.

Lo difícil es explicar para qué.

Mientras Ana Paty camina, Gino construye, Rafael Marín intenta huir de su pasado y Marybel vuelve a reciclar su eterna aspiración, Alexa parece haberse convertido en la participante testimonial del proceso.

Y las elecciones internas, como las constitucionales, no se ganan por estar inscrito.

Se ganan generando percepción de poder.

EL TIC TAC NO PERDONA

Así están las cosas.

El reloj continúa avanzando y la política comienza a separar a quienes verdaderamente tienen proyecto de quienes solamente tienen aspiración.

Hoy la fotografía es bastante sencilla:

Gino Segura y Ana Paty Peralta están arriba en la conversación política real.

Ana Paty está demostrando crecimiento, organización, estructura y una manera natural de relacionarse con la militancia.

Rafael Marín carga cuestionamientos demasiado pesados para alguien que pretende venderse como renovación.

Marybel Villegas sigue recorriendo el mismo círculo político de siempre.

Y Alexa Murguía continúa demostrando que estar registrada no necesariamente significa estar compitiendo.

El tic tac sigue.

Y conforme pasen las semanas habrá quienes aumenten su velocidad y quienes solamente escuchen cómo el reloj les anuncia que su tiempo político se terminó.

Porque en política se puede engañar durante un rato con fotografías, comidas, discursos y encuestas a modo; lo único que no se puede simular eternamente es tener liderazgo.

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