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El 2027 ya comenzó: Gino, Ana Paty y el ocaso del grupo Tabasco

Por Joaquín Quiroz Cervantes.

En política hay algo peor que perder una elección: llegar tarde a la realidad. Y en Quintana Roo muchos todavía analizan el 2027 con el mapa político de hace veinte años, como si el sur siguiera definiendo solo el rumbo estatal y como si el viejo peso del “dedazo central” bastara para fabricar candidaturas competitivas.

No. El estado cambió.

Hoy la elección se gana en el norte. Benito Juárez, Playa del Carmen y el corredor de mayor crecimiento poblacional concentran el músculo electoral, económico y mediático de Quintana Roo.

Ahí está el voto duro, la realidad pública y la capacidad  total de movilización. Quien no entienda eso está leyendo un estado que ya no existe.

Por eso la sucesión morenista empieza a perfilar dos rutas claras: Eugenio “Gino” Segura y Ana Paty Peralta.

Dos perfiles distintos, pero con algo en común: ambos sí han construido presencia territorial real, exposición pública constante y conexión política contemporánea. No son figuras importadas de laboratorio federal ni nombres sostenidos únicamente por relaciones cupulares.

Gino llega con ventaja en algo fundamental dentro de Morena: el momentum interno. Tiene estructura estatal, disciplina política, narrativa generacional y crecimiento sostenido. Sus números no son casualidad. Detrás hay operación, territorio y una estrategia muy clara de posicionamiento.

Además, ha entendido perfectamente el lenguaje político del morenismo moderno: cercanía, agenda social, turismo, innovación, vivienda y continuidad sin confrontación. Mientras otros viven atrapados en las intrigas palaciegas, él lleva meses caminando el estado.

Y hay otro detalle que muchos minimizan: sí sabe hacer política de tierra. Porque una cosa es administrar oficinas federales desde Ciudad de México y otra muy distinta sudar territorio, recorrer colonias, cargar desgaste y sostener presencia permanente.

Del otro lado aparece Ana Paty Peralta, que quizá posee hoy la plataforma de gobierno más poderosa del estado: Cancún.

Gobernar Benito Juárez es administrar prácticamente el corazón económico de Quintana Roo. Y aunque eso genera desgaste diario, también otorga algo invaluable: visibilidad total.

Ana Paty tiene comunicación efectiva, presencia mediática, imagen competitiva y una narrativa emocional que conecta con amplios sectores populares. Además, ya ganó elecciones ejecutivas contundentes. No es una apuesta teórica; es una figura probada electoralmente.

Su desafío será romper la percepción de ser únicamente continuidad del grupo gobernante y convertirse en liderazgo estatal autónomo.

Y luego está Rafael Marín Mollinedo.

Aquí es donde la conversación se vuelve incómoda para ciertos sectores.

Porque sí: tiene relaciones nacionales, cercanía histórica con el obradorismo original y gracias al compadrazgo ha ostentado posiciones importantes dentro del aparato federal. Pero también carga enormes debilidades políticas que ya no pueden maquillarse.

Nunca ha competido en una elección.

Nunca ha enfrentado una campaña constitucional real.

Nunca ha sido sometido al desgaste brutal del territorio quintanarroense.

Y en política eso importa más de lo que creen los operadores de escritorio.

A ello se suma otro problema: el llamado “grupo Tabasco” ya no vive su mejor momento político. Lo que antes era símbolo de cercanía con el poder presidencial, hoy también arrastra señalamientos, desgaste y resistencia interna.

Además, Quintana Roo no suele enamorarse de estructuras importadas. Aquí el electorado es pragmático: premia cercanía, presencia y capacidad de conexión local.

Por eso hoy la verdadera disputa parece moverse entre la continuidad territorial de Ana Paty y el crecimiento estatal de Gino.

Uno representa la fuerza institucional de Cancún.

El otro, la expansión territorial del relevo generacional.

Y mientras algunos siguen confiando en relaciones de élite y nostalgias del obradorismo fundacional, el tablero político quintanarroense parece avanzar hacia otra dirección: la de quienes sí entendieron que el 2027 ya empezó hace mucho tiempo.

Curva peligrosa..

El gas natural está dejando de ser una promesa para convertirse en una realidad estratégica para Quintana Roo. Su llegada representa un paso importante hacia la modernización energética del estado, con beneficios directos para hogares, comercios, hoteles e industria.

Para destinos turísticos como Cancún, Playa del Carmen y la zona sur del estado, el gas natural puede significar reducción de costos operativos, mayor competitividad y una alternativa más eficiente y menos contaminante frente a otros combustibles tradicionales.

La instalación de esta infraestructura no sólo impulsa inversión y desarrollo económico; también coloca a Quintana Roo en la ruta de un crecimiento más sustentable, con mayor certeza energética para los próximos años.

El reto ahora será que el proyecto avance con planeación, transparencia y visión de largo plazo, para que sus beneficios realmente lleguen a la población y no se queden únicamente en el discurso político.

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