Por Joaquín Quiroz.
Mientras la euforia mundialista se extinguía casi por completo tras la eliminación del equipo mexicano, también se fue diluyendo buena parte del interés por un torneo que, para muchos aficionados, terminó perdiendo emoción desde hace varias jornadas.
Las constantes polémicas arbitrales, las decisiones del VAR y la percepción de un trato preferencial hacia la selección de Argentina han provocado que el desenlace ya no despierte el mismo entusiasmo que generó al inicio.
En Quintana Roo, sin embargo, el campeonato apenas comienza.
Los cinco aspirantes registrados para convertirse en quien coordine los trabajos de la Defensa de la Cuarta Transformación y la Soberanía en Quintana Roo ya están formalmente en competencia.
El nombre del cargo podrá ser uno, pero todos saben perfectamente que el verdadero premio es convertirse en el candidato o candidata de Morena a la gubernatura y rendir protesta el próximo 25 de septiembre de 2027.
Y basta observar el territorio para entender que no todos están jugando el mismo partido.
Los únicos que verdaderamente han asumido con seriedad esta primera etapa son Eugenio “Gino” Segura y Ana Paty Peralta. Ambos mantienen agenda permanente, recorren municipios, sostienen encuentros, aparecen incluso en actividades conjuntas y proyectan disciplina política.
No improvisan. Se les observa trabajando bajo una ruta claramente diseñada para superar el primer filtro: las encuestas internas, el resto, por ahora, parece correr otra carrera.
El caso de Rafael Marín Mollinedo resulta particularmente ilustrativo. Al exdirector de Aduanas pareciera habérsele terminado el combustible político, o lo huachicolearon con todo y energía. Sus redes sociales recurren cada vez con mayor frecuencia a fotografías de archivo, eventos pasados y las mismas caras de siempre. Como dicen coloquialmente, son “los mismos gatos, pero revolcados”.
Mientras tanto, los Heraldos de Xlalibre refieren que la mayor parte de la operación cotidiana de los marinistas se desarrolla desde un coworking ubicado en el exclusivo fraccionamiento Puerto Cancún, rodeado de lujo, oficinas cómodas y un ambiente que dista mucho del territorio popular que pretende conquistar, la imagen contrasta inevitablemente con el discurso de cercanía al pueblo.
Pero el problema de Marín no termina ahí, las investigaciones y señalamientos relacionados con las redes de La Barredora y el llamado huachicol fiscal continúan proyectando sombras sobre quien fuera el principal alfil del denominado Grupo Tabasco, en política, las percepciones pesan tanto como las resoluciones judiciales, y esas sombras hoy forman parte de su equipaje.
Consciente de que las encuestas no le favorecen, entre su círculo cercano comienza a difundirse una narrativa distinta: la negociación, según esa versión, Rafael Marín buscaría obtener posiciones políticas para su grupo a cambio de respaldar al eventual ganador.
En la lista aparecen la presidencia municipal de Benito Juárez para él o para su cercana aliada, la senadora Anahí González, además de otras dos alcaldías, cuatro diputaciones locales y tres federales destinadas a personajes como Mildred Ávila, Humberto Aldana y Alberto Batún, quienes irónicamente Mara Lezama les impulsó en sus incipientes carreras políticas, pero su corta memoria y deslealtad salió a la luz, lo cual es tema de otra columna.
La pregunta es inevitable, ¿Con qué capacidad de presión llega realmente Rafael Marín a una mesa de negociación? Porque una vez perdidas las encuestas, la amenaza de abandonar Morena difícilmente representa un problema para el partido.
El tabasqueño no posee una estructura propia consolidada, tampoco cuadros territoriales suficientes ni una fuerza electoral independiente que pueda modificar el resultado.
En política, negociar implica tener con qué hacerlo, hoy esa parece ser precisamente su mayor debilidad de Rafael Marín.
Quizá, si las circunstancias terminan por cerrarle el paso, sea momento de pensar en un retiro tranquilo, disfrutar del pochitoque, practicar taichí, jugar dominó o compartir un café con pan junto a su hermano y viejo amigo Andrés Manuel López Obrador, o contemplar el mar de cancún desde su onerosa vivienda en la torre tiburón.
Aunque, si los escenarios legales se complicaran para algunos integrantes del antiguo grupo político, quizá las reuniones tendrían que celebrarse más al norte del continente… eso sí, con pocas posibilidades de visitar a Mickey Mouse.
Por su parte, Marybel Villegas Canché también parece haber reducido considerablemente el ritmo. Sus redes muestran principalmente videos de archivo, recorridos con los mismos acompañantes de siempre y una estrategia que no termina por despegar. La diputada federal con licencia mantiene presencia de stock, sí, pero difícilmente genera la percepción de crecimiento político.
En cuanto a Alexa Murguía, su participación luce todavía más limitada. Su presencia pública se concentra prácticamente en asistir a eventos organizados por el Partido Verde Ecologista de México, aparecer en las fotografías oficiales y acompañar a la dirigencia. Poco territorio propio y escasa construcción política independiente.
Así las cosas, el tablero comienza a despejarse, el próximo lunes inicia formalmente la etapa de las encuestas que definirán quién encabezará la candidatura de Morena rumbo a 2027, algo que tentativamente se deberá saber antes de finales de septiembre por mucho.
Sin embargo, más allá de lo que digan los estudios demoscópicos, el comportamiento político observado hasta ahora permite advertir una tendencia clara: solamente dos aspirantes están actuando como si realmente creyeran que pueden ganar, Gino y Ana Paty.
Los demás parecen haberse instalado, desde ahora, en la lógica de administrar una derrota o negociar el precio de su adhesión.
Y en política, quien entra pensando en negociar difícilmente termina gobernando.




