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Una vez más El Universal predice el futuro de Marín igual que el de Góngora en el pasado.

Por Joaquín Quiroz

Es de una gran ternura, y hasta digna de admiración, la capacidad de autolavado de cerebro que se dan los seguidores del tabasqueño Rafael Marín Mollinedo, a quienes basta una publicación favorable para hacerles el día y empezar a sentirse a unos cuantos pasos de Palacio de Gobierno, como si una inserción, una encuesta o aparecer favorablemente en las páginas de un medio de circulación nacional fuera suficiente para modificar la realidad política de Quintana Roo.

El gran negocio de diversos medios de difusión con presencia nacional es, entre otras cosas, la venta de publicidad e inserciones pagadas, es decir, espacios en sus páginas electrónicas o impresas para difundir información. Es perfectamente lícito y forma parte de la manera en que se mantienen las empresas periodísticas. Sin embargo, de ahí a asumir que todo aquello que aparece publicado constituye una verdad revelada, hay una enorme distancia.

Y viene a cuento porque los marinistas andan de plácemes con lo publicado por El Universal respecto al crecimiento en conocimiento del aspirante tabasqueño a gobernar Quintana Roo, Rafael Marín. Como si aparecer bien colocado en una medición fuera suficiente para decretar una candidatura y, de una vez, una gubernatura.

Curiosamente, la hemeroteca suele ser bastante menos generosa que la propaganda.

No hay que ir demasiado lejos. En 2016, ese mismo El Universal publicó una encuesta sobre la elección de gobernador de Quintana Roo en la que Mauricio Góngora Escalante, candidato del PRI, PVEM y Nueva Alianza, aparecía con 32.1 por ciento de intención del voto, mientras Carlos Joaquín González, entonces candidato de PAN y PRD, registraba apenas 17.7 por ciento.

Según aquella fotografía demoscópica, Góngora aventajaba a Carlos Joaquín por casi quince puntos porcentuales y era presentado como el favorito para gobernar Quintana Roo.

Ya sabemos cómo terminó aquello.

Mauricio Góngora nunca fue gobernador y Carlos Joaquín ganó la elección. La realidad electoral mandó al carajo aquella enorme ventaja que meses antes parecía contundente en el papel.

Por eso resulta divertido ver cómo algunos vuelven a confundir una encuesta con una bola de cristal y pretenden presentar como fenómeno político irreversible el supuesto crecimiento de Rafael Marín.

Sobre todo porque mientras aquí sus seguidores celebran publicaciones, la realidad alrededor de los padrinos mágicos del tabasqueño es bastante menos cómoda.

Marín no es un personaje surgido espontáneamente de Quintana Roo ni producto de una generación política local. Su carrera en los últimos años está íntimamente ligada al expresidente Andrés Manuel López Obrador y al grupo político tabasqueño que llegó al poder federal con él. López Obrador lo colocó al frente del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec y posteriormente en la Agencia Nacional de Aduanas de México, uno de los puntos más sensibles del gobierno federal.

Y precisamente alrededor de las aduanas mexicanas se ha colocado uno de los temas más delicados de los últimos tiempos: el llamado huachicol fiscal. Durante la salida de Marín de Aduanas hubo publicaciones periodísticas sobre señalamientos a su patrimonio y solicitudes de información relacionadas con investigaciones de la Fiscalía General de la República sobre este fenómeno.

Mientras tanto, algunos de los principales referentes políticos del grupo del que proviene Marín atraviesan también momentos bastante incómodos. Andrés Manuel López Beltrán, Andy, acaba de reconocer públicamente que Estados Unidos le revocó la visa, aunque él sostiene que la decisión tiene motivaciones políticas y no existe hasta ahora información pública que permita conocer con certeza la razón adoptada por las autoridades estadounidenses.

Y es precisamente en medio de ese escenario donde pretenden vendernos en Quintana Roo la historia del Rafael Marín autónomo, espontáneo y convertido súbitamente en fenómeno popular.

Tampoco hay que olvidar otro detalle revelador. Claudia Sheinbaum lo mandó como delegado de Bienestar a Yucatán y Marín prácticamente botó el encargo semanas después para venir a Quintana Roo a hacer aquello que verdaderamente le interesaba: campaña anticipada para gobernador.

Así de profunda resultó su vocación por el servicio público yucateco.

Y mientras el tabasqueño recorre Quintana Roo, heraldos de Xlalibre desde el infierno verde tabasqueño cuentan otra historia: despensas, apoyos, maletas, operadores y toda clase de respaldos que estarían llegando desde aquellas tierras para impulsar a su senecto gallo; además de personajes locales dispuestos a patrocinar eventos, comilonas, reuniones y cuanto acto resulte necesario para intentar fabricar arraigo donde históricamente no lo hubo.

Los nombres de Adán Augusto López, Andy López Beltrán y personajes vinculados al grupo Tabasco como el del mismo exgobernador Carlos Joaquín aparecen recurrentemente alrededor de este proyecto político, precisamente cuando ese grupo enfrenta cuestionamientos cada vez mayores y cuando el caso de La Barredora ha convertido a Tabasco en referencia nacional de una trama política y criminal que todavía tiene mucho por explicar.

Y aquí está la contradicción que los marinistas prefieren ignorar: mientras intentan vender a Rafael Marín como una opción quintanarroense, buena parte de su historia política, sus relaciones, sus padrinos y su estructura de poder apuntan hacia Tabasco.

No se cuestiona dónde nació una persona. Sería absurdo. Lo cuestionable es pretender gobernar Quintana Roo utilizando padrinazgos externos, estructuras importadas y una maquinaria de promoción destinada a convertir en unos cuantos meses a un personaje escasamente conocido en supuesto favorito de una sucesión que todavía tiene mucho camino por recorrer.

Por eso resulta particularmente gracioso el entusiasmo provocado por El Universal.

Porque esta película ya la vimos.

En abril de 2016 Mauricio Góngora tenía, según la encuesta publicada por ese diario, 32.1 por ciento de intención del voto contra 17.7 de Carlos Joaquín.

En el papel parecía resuelto.

En las urnas fue otra historia.

Y quizá algunos deberían recordar aquella lección antes de mandar hacer la guayabera y justan para la toma de protesta de Rafael Marín, porque una cosa es pagar publicidad, otra conseguir que alguien publique una encuesta favorable, otra muy distinta construir una percepción y una completamente diferente conseguir que los ciudadanos voten por uno.

Los seguidores del tabasqueño pueden seguir celebrando cada publicación como campeonato mundial, convencerse mutuamente de que ya alcanzaron a todos y practicar ese maravilloso autolavado de cerebro que tan buenos resultados parece darles para dormir tranquilos.

Pero deberían conservar aquella portada de 2016.

Mauricio Góngora también aparecía adelante.

También tenía números.

También tenía estructura.

También tenía padrinos.

También había quienes juraban que sería gobernador.

Y perdió.

Porque para desgracia de los fabricantes de realidades políticas, las encuestas pueden decir muchas cosas, las inserciones pueden comprarse y las percepciones pueden intentar construirse; lo único que todavía no pueden comprar en una página de periódico es el resultado de una elección.

Aunque viendo el entusiasmo marinista, seguramente ya están preguntando cuánto cuesta.

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