Por Joaquín Quiroz
En política hay una diferencia enorme entre estar presente y hacerse presente. Lo primero consiste simplemente en ocupar un espacio; lo segundo, en tener peso específico, interlocución, resultados y una agenda que trascienda la grilla aldeana.
Mara Lezama pertenece, cada vez con mayor claridad, a la segunda categoría.
Mientras algunos personajes de la política quintanarroense parecen condenados a vivir entre aclaraciones, deslindes, explicaciones, amigos incómodos y batallas para defender lo indefendible, la gobernadora de Quintana Roo sigue jugando en otra cancha: la de los resultados y la presencia política.
Y ahí está la diferencia. La reciente agenda internacional de Quintana Roo ofrece una fotografía bastante clara. En Orlando se promovió al estado frente a inversionistas estadounidenses y se presentó el Distrito Financiero y Tecnológico de Cancún, un proyecto que plantea una inversión estimada de mil 300 millones de dólares, con una proyección de 11 mil empleos directos y más de 22 mil indirectos.
No es menor. Tampoco lo es el Memorándum de Entendimiento con Mayan Healthcare Design para un proyecto médico especializado en Cancún, con una inversión estimada de 270 millones de dólares, orientado incluso al mercado de pacientes estadounidenses y al desarrollo de investigación, tecnología e inteligencia artificial.
Eso se llama agenda. Y mientras Mara habla de inversiones, empleos, hospitales, infraestructura, turismo, conectividad y diversificación económica, otros siguen atorados explicando su pasado, defendiendo colaboradores o tratando de convencer a propios y extraños de que todo señalamiento en su contra forma parte de una conspiración.
El contraste resulta brutal. Rafael Marín Mollinedo ha querido convertirse en protagonista adelantado de la sucesión de 2027. Está en su derecho de aspirar. Lo que no puede pretender es que su trayectoria reciente desaparezca por decreto.
Su paso por la Agencia Nacional de Aduanas terminó rodeado de controversias relacionadas con el huachicol fiscal y cuestionamientos políticos; además, investigaciones periodísticas de diversos medios de difusión nacional quienes pusieron bajo la lupa tanto su estrategia anticipada de posicionamiento en Quintana Roo como aspectos de su patrimonio.
Marín ha rechazado los señalamientos y ha sostenido que existe una guerra política en su contra, en una entrevista con el destacado periodista Salvador García Soto, Marín Mollinedo visiblemente molesto, con una delgada piel, que no pareciera es un septuagenario, pero es entendible que es su primera incursión en territorio en busca de alguna candidatura.
Su molestia por estar en el ojo del huracán por tener junto a él a colaboradores incluso en su momento en la nómina que él firmaba como titular de Aduanas, a gente con antecedentes de vínculos con delincuentes de alto calibre, y no sólo eso, que hoy en su suspiración por ser candidato al gobierno de Quintana Roo, estos colaboradores posan junto a él y presumen impunidad de estar junto al autonombrado hermano del expresidente López.
Incluso en materia electoral ya no estamos hablando solamente de columnas o rumores de café. En julio, el Tribunal Electoral de Quintana Roo confirmó medidas cautelares relacionadas con actos atribuidos a Marín y a la asociación “Amigos de Rafa Marín”, dejando claro, eso sí, que se trataba de una valoración preliminar y no de una resolución de fondo. Pero al delicado septuagenario le lastima la piel sensible cuando se le señala por algo que hace que no está bien, demostrando que sus canas y años no se traducen en experiencia y formación, sino en inmadurez y novatez política, o tal vez ya esté senil.
Porque una cosa es señalar y otra sentenciar. Y precisamente por eso resulta políticamente torpe desperdiciar tiempo tratando de explicar cada cuestionamiento, defender cada amistad incómoda o descalificar cada investigación periodística. Cuando un político pasa más tiempo aclarando que proponiendo, algo está haciendo mal.
La política tiene una regla despiadada: quien explica demasiado deja de imponer la agenda.
Mara Lezama, en cambio, está imponiendo la suya. Quintana Roo alcanzó, niveles históricos en sus calificaciones financieras; además, la administración coloca sobre la mesa inversiones en salud, educación, seguridad, infraestructura y programas sociales.
Y ahí está también el enorme paquete hospitalario: Cancún, Chetumal, Felipe Carrillo Puerto, José María Morelos y Cozumel aparecen dentro de una agenda de ampliación y construcción de infraestructura médica que difícilmente puede reducirse a propaganda cuando existen obras, inversiones y capacidades hospitalarias concretas detrás.
Mara sabe algo elemental que otros todavía no comprenden: el poder no se presume, se ejerce; y el liderazgo no se pinta en bardas, o con amigos incómodos se acredita con resultados.
Claro que gobernar Quintana Roo implica problemas enormes. Seguridad, desigualdad, crecimiento urbano, movilidad, sargazo y servicios públicos siguen siendo desafíos que ningún discurso puede borrar.
Pero precisamente por eso adquiere relevancia una gobernadora capaz de sentarse con empresarios internacionales, gestionar con la Federación, mantener interlocución con la presidenta Claudia Sheinbaum y regresar al estado con proyectos concretos bajo el brazo.
Ahí está la dimensión política de Mara Lezama. Mientras unos quieren gobernar Quintana Roo y llevan meses explicándonos por qué merecen hacerlo, Mara Lezama ya lo gobierna.
Mientras unos coleccionan aclaraciones, ella acumula gestión. Mientras unos defienden personajes que políticamente pesan como piedras, ella habla de inversiones multimillonarias.
Mientras unos están preocupados por aparecer en la fotografía de 2027, Mara parece entender que todavía hay muchísimo 2026 por gobernar. Y esa diferencia, aunque algunos no quieran verla, es gigantesca.
Porque al final los quintanarroenses no comen aclaraciones, no viven de deslindes ni pagan la despensa con guerras sucias. Necesitan empleos, hospitales, infraestructura, seguridad, inversión y oportunidades.
En política, como en la vida, llega un momento en que cada quien decide qué carga quiere llevar. Mara Lezama decidió cargar con Quintana Roo y llevarlo a buen puerto.
Otros cono Rafael Marín, parecen empeñados en cargar con sus amigos.
Y no, no pesa lo mismo.




