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Dios no los ve y el diablo los aborrece

Por Joaquín Quiroz

Dice el viejo refrán que Dios los hace y el diablo los junta, pero en esta escena política de Quintana Roo habría que actualizar el dicho: Dios no los ve y el diablo los aborrece.

Porque vaya postal la que se dejó ver en la Zona Continental de Isla Mujeres, en una celebración del Día del Padre bastante desfasada, poquito fuera de calendario, pero muy metida en la grilla.

Ahí apareció el todavía secretario de Salud, Flavio Carlos Rosado, el isleño al vapor, acompañado de José Alfredo Contreras, “Chepe”, personaje que llegó a su tercera oportunidad como presidente municipal de Bacalar con la expectativa de que ahora sí haría lo que en sus dos periodos anteriores omitió. Pero no. Para muchos, esta tercera vuelta no ha sido la vencida, sino la peor de todas.

Chepe tenía una condición política que no era menor: ser el único quintanarroense que ha encabezado su municipio en tres ocasiones. Eso, bien usado, pudo haber sido experiencia, oficio, corrección de errores y madurez pública. Pero en los hechos, para buena parte de sus gobernados, terminó siendo confirmación de que hay políticos que no aprenden: solo regresan, dijera el refrán Chango viejo no aprende maroma nueva.

Y en esa lógica del absurdo, Chepe se aventó cerca de 400 kilómetros desde Bacalar hasta la Zona Continental de Isla Mujeres para ir a servir una taquiza a los nuevos paisanos de Flavio.

Sí, porque mientras Bacalar tiene pendientes, reclamos, rezagos y una ciudadanía que esperaba algo más de quien presume tanta experiencia, el edil prefirió entrarle al escabeche, la cochinita, la tortilla y la salsa en territorio ajeno.

No está mal servir tacos. Lo criticable es la postal política: un presidente municipal ausente de sus prioridades, operando afectos fuera de su demarcación, mientras su municipio sigue esperando que el tercer periodo sea algo más que una repetición cansada de lo que ya no funcionó.

Y del otro lado estaba Flavio Carlos Rosado, quien cobra como secretario de Salud, aunque por momentos pareciera que su agenda real está más cerca de Isla Mujeres que de los hospitales, centros de salud y necesidades de la SESA. Porque mientras las quejas por falta de servicios, atención deficiente y carencias en el sistema de salud son la constante, el funcionario anda jugando al político en la Zona Continental.

Isla Mujeres ya parece la sede alterna de la Secretaría de Salud. No porque ahí se resuelvan los grandes problemas sanitarios del estado, sino porque ahí pareciera despachar emocional, política y aspiracionalmente Flavio. Cada vez queda más claro que el secretario trae más puesta la mirada en la sucesión municipal que en la salud pública de Quintana Roo.

La escena da pena porque ambos personajes daban para más. Chepe pudo usar su tercera oportunidad para cerrar con dignidad política, para demostrar que el tiempo le dio oficio, visión y compromiso. Flavio pudo concentrarse en ordenar una Secretaría de Salud donde las quejas no son invento ni rumor, sino reclamo cotidiano de ciudadanos que necesitan médicos, medicinas, atención y respuestas.

Pero no. Uno termina convertido en alcalde-taquero itinerante y el otro en secretario-candidato en calentamiento. Y así, entre cochinita pibil, tortillas, saludos forzados y sonrisas de foto, se confirma que algunos políticos están en todo, menos en lo que deben.

Porque, sin discusión, como político Chepe resultó muy buen taquero. Y pareciera que, como secretario de Salud y aspirante a edil de Isla Mujeres, Flavio es un excelente empresario.

El problema es que Quintana Roo no necesita funcionarios de utilería, ni alcaldes de parrilla y lata, ni secretarios que confundan la salud pública con plataforma electoral.

La política tiene memoria, y la gente también. Y cuando los servidores públicos se distraen demasiado en su futuro personal, suelen olvidar que su presente lo paga el pueblo.

Ahí está el verdadero detalle: no se les reclama que convivan, se les reclama que anden muy ocupados en la grilla mientras sus responsabilidades principales parecen seguir esperando turno.

Al final, la imagen fue clara: Chepe lejos de Bacalar, Flavio lejos de la SESA y ambos muy cerca de la simulación. Una postal perfecta de esos personajes que no terminan de entender que el poder no es paseo, no es taquiza, no es promoción anticipada. El poder es responsabilidad. Y cuando se usa para jugar a otra cosa, la ciudadanía lo nota, lo comenta y tarde o temprano lo cobra.

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