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GINO O ANA PATY: EL MARISMO FRENTE A LA ÚLTIMA BATALLA DEL OBRADORATO

Por Joaquín Quiroz

El tic tac del reloj político sigue avanzando y cada movimiento de sus manecillas acerca a Quintana Roo al momento decisivo: la definición de quien encabezará la candidatura de Morena y sus aliados a la gubernatura en 2027.

Aunque alrededor de la sucesión se agitan nombres, se fabrican aspiraciones y se venden supuestas posibilidades, la realidad política es mucho más concreta. Desde el inicio, la competencia verdadera se encuentra concentrada en dos figuras cancunenses: el senador Eugenio “Gino” Segura Vázquez y la presidenta municipal de Benito Juárez, Ana Paty Peralta de la Peña.

Son ellos quienes tienen presencia, estructura, resultados, cercanía con la gobernadora Mara Lezama Espinosa y un lugar reconocible dentro del proyecto político que gobierna Quintana Roo. Los demás, hasta ahora, parecen acompañamiento, ruido ambiental o aspiraciones personales sin suficiente respaldo electoral.

En ese segundo plano aparece Rafael Marín Mollinedo, exfuncionario federal y personaje cercano al expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien pretende convertir esa relación en su principal carta de presentación. También figura la diputada Marybel Villegas Canché, eterna aspirante a la gubernatura, a la presidencia municipal de Benito Juárez o a cualquier espacio desde el cual pueda continuar vigente.

Más atrás se encuentran la presidenta municipal de Felipe Carrillo Puerto, María Hernández Solís, y la alcaldesa de Isla Mujeres, Atenea Gómez Ricalde, quien llegó a Morena después de una trayectoria construida originalmente en el PAN. Ninguna de las dos aparece, hasta ahora, en mediciones públicas suficientemente consistentes para hablar de una competencia real por la candidatura estatal.

Estefanía Mercado Asencio parece más concentrada en consolidar su administración en Playa del Carmen y valorar una eventual reelección. Diego Castañón Trejo, por su parte, deberá revisar cuidadosamente los vericuetos jurídicos y electorales para determinar si puede competir nuevamente por la presidencia municipal de Tulum, luego de haber llegado al cargo para suplir al fallecido Marciano Dzul Caamal y posteriormente ganar una elección constitucional.

Todos tienen derecho a aspirar. Sin embargo, aspirar no significa competir; aparecer en fotografías no equivale a construir territorio, y declararse listo no convierte a nadie en opción electoral.

EL PROYECTO DE MARA

La sucesión de 2027 no puede entenderse sin colocar en el centro a Mara Lezama.

La gobernadora no solamente encabeza la administración estatal. Es la figura política con mayor capacidad de articulación dentro del morenismo quintanarroense y la responsable de preservar la unidad de la 4T en la entidad.

Por ello, la candidatura no se resolverá exclusivamente con popularidad, propaganda o cercanía con algún personaje del pasado. Se decidirá considerando competitividad, gobernabilidad, lealtad al proyecto, capacidad para mantener unida la coalición y garantías de continuidad para el gobierno de Mara Lezama.

En ese terreno, Gino Segura y Ana Paty Peralta llevan ventaja.

Ambos han sido maristas, institucionales y disciplinados. Ninguno ha construido su crecimiento confrontando a la gobernadora ni apostando por la fractura del movimiento. Por el contrario, han entendido que el camino hacia 2027 pasa por acompañar, fortalecer y proyectar el legado político de Mara Lezama.

También han comprendido que en México existe una nueva jefa política nacional: la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. La candidatura de Quintana Roo deberá ser compatible tanto con el proyecto estatal como con la estrategia nacional de la mandataria.

No bastará con exhibir una antigua cercanía con López Obrador. El poder presidencial tiene hoy nombre, conducción y proyecto propios.

GINO, EL POLÍTICO QUE NO HA DEJADO DE CAMINAR

Eugenio Segura Vázquez ha seguido una estrategia clara: trabajo legislativo, presencia territorial y construcción política sin estridencias.

Desde la presidencia de la Comisión de Turismo del Senado ha colocado en el debate nacional los temas vinculados con la principal actividad económica de Quintana Roo. No se trata de una comisión menor para una entidad que vive del turismo, genera divisas para el país y enfrenta retos permanentes en conectividad, infraestructura, promoción, seguridad y sustentabilidad.

Gino entendió que presidir esa comisión podía ser una plataforma institucional y no solamente un cargo decorativo. Desde ahí ha impulsado planteamientos relacionados con la industria turística y ha mantenido interlocución con sectores empresariales, autoridades y actores vinculados con la llamada industria sin chimeneas.

Paralelamente, no ha abandonado Quintana Roo.

Ha recorrido los once municipios, instalado espacios de atención ciudadana, sostenido reuniones con distintos sectores y mantenido presencia en colonias, comunidades y cabeceras municipales. Su apuesta es evidente: combinar trabajo nacional con territorio local.

Ese equilibrio es fundamental. Quien aspire a gobernar Quintana Roo no puede limitarse a Cancún, Chetumal o Playa del Carmen. Debe conocer las necesidades de José María Morelos, Felipe Carrillo Puerto, Bacalar, Lázaro Cárdenas, Puerto Morelos, Isla Mujeres, Cozumel, Tulum y Othón P. Blanco.

Gino ha construido una imagen de disciplina, capacidad técnica y lealtad política. No necesita gritar para ser visto ni provocar conflictos para aparecer en la conversación. Su crecimiento ha sido constante y su principal fortaleza consiste en que puede representar continuidad sin inmovilidad, juventud sin improvisación y cercanía con Mara Lezama sin depender únicamente de esa relación.

No es una figura inventada para la sucesión. Es un político formado dentro del proyecto marista y uno de sus activos más importantes.

ANA PATY, RESULTADOS DESDE EL MUNICIPIO MÁS IMPORTANTE

Ana Paty Peralta ha hecho lo propio desde Benito Juárez, el municipio más poblado, económicamente dinámico y políticamente complejo de Quintana Roo.

Gobernar Cancún no es tarea sencilla. Es administrar una ciudad con crecimiento acelerado, presión urbana, movilidad complicada, demandas permanentes de servicios públicos, problemas de seguridad, desigualdad social y una exposición mediática muy superior a la de cualquier otro municipio del estado.

En ese escenario, Ana Paty ha construido una administración de presencia territorial, atención ciudadana, obra pública y coordinación permanente con Mara Lezama. Ha buscado proyectarse como una mujer de hechos, trabajo y resultados, evitando que el municipio se convierta en un espacio de confrontación con el gobierno estatal.

Su cercanía con distintos sectores sociales y políticos tampoco es menor. Ana Paty ha desarrollado capacidad de convocatoria y una narrativa centrada en la unidad, la atención directa y el sentido comunitario.

Además, posee un elemento político relevante: representa la posibilidad de que Morena postule nuevamente a una mujer para la gubernatura, dando continuidad al liderazgo femenino construido por Mara Lezama.

Si no fuera elegida como candidata a gobernadora, su futuro político no se agotaría. Debido a las circunstancias en las que inicialmente asumió la presidencia municipal y a su posterior elección constitucional, podría abrirse una discusión jurídica y política respecto de una eventual nueva postulación municipal. Esa, sin embargo, sería otra historia.

En la sucesión estatal, Ana Paty está dentro de la competencia verdadera. No necesita inventarse como aspirante porque gobierna la principal plaza electoral de Quintana Roo.

RAFAEL MARÍN Y EL PESO DE UNA HERENCIA POLÍTICA

El caso de Rafael Marín es distinto.

Su principal fortaleza es conocida: la cercanía personal y política con el expresidente López Obrador. Nadie puede negar esa relación ni la confianza que durante años recibió del anterior mandatario.

El problema es que 2027 no será una elección organizada para validar el poder de López Obrador. Será una elección desarrollada durante el gobierno de Claudia Sheinbaum y tendrá implicaciones directas para la consolidación de su liderazgo nacional.

Quien no entienda esa transición está leyendo la política con el calendario equivocado.

Marín ha ocupado responsabilidades relevantes en el gobierno federal, entre ellas el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec y la dirección de la Agencia Nacional de Aduanas de México. Su trayectoria administrativa existe y sería absurdo negarla. Pero también carga con controversias derivadas de esas responsabilidades y con el desgaste político que provoca haber encabezado áreas sometidas a cuestionamientos públicos.

No es jurídicamente válido responsabilizarlo, sin resoluciones de autoridad, por cada irregularidad atribuida al sistema aduanero o por los incidentes registrados en proyectos federales. Pero políticamente tampoco puede fingirse que esas controversias no existen. Una candidatura se evalúa no solamente por aquello que está probado en tribunales, sino también por los riesgos de gobernabilidad, reputación y comunicación que puede generar.

Después de dejar Aduanas fue enviado a una representación federal en Yucatán. Posteriormente abandonó ese encargo para buscar abiertamente la candidatura de Quintana Roo. El movimiento confirmó que su prioridad era electoral.

Sin embargo, el problema de fondo permanece: Marín no ha logrado demostrar una estructura territorial propia equivalente a la de los principales aspirantes, tampoco una relación orgánica con todos los componentes de la coalición ni una trayectoria electoral exitosa en Quintana Roo.

Su participación como representante de Morena en los años iniciales del partido en la entidad no produjo, por sí sola, una hegemonía electoral. En aquella etapa, Morena postuló a José Luis Pech Várguez, quien años después abandonó el movimiento y terminó incorporándose a Movimiento Ciudadano.

Ese antecedente demuestra que haber estado cerca de la fundación o haber representado al partido en determinado momento no otorga propiedad perpetua sobre Morena ni garantiza capacidad para gobernar el estado.

LA EQUIVOCACIÓN DE CONFRONTAR AL VERDE

Uno de los errores más notorios del proyecto de Rafael Marín fue coquetear con un discurso de ruptura frente al Partido Verde.

Durante meses, algunos de sus promotores pretendieron posicionar la idea de que Morena debía desprenderse del Verde para competir en solitario. El planteamiento podía resultar atractivo para los sectores más puristas, pero ignoraba la realidad electoral de Quintana Roo.

El Verde no es un acompañante ornamental. Tiene estructuras, gobiernos municipales, legisladores, cuadros políticos y capacidad de movilización. Es, además, parte fundamental del equilibrio que ha sostenido al proyecto de Mara Lezama.

Pretender eliminarlo de la ecuación implicaba dinamitar la coalición desde dentro, fragmentar el voto oficialista y poner en riesgo la continuidad del gobierno.

La conducción nacional terminó imponiendo pragmatismo. Morena, PVEM y PT avanzan hacia un método coordinado para definir candidaturas y competir unidos en 2027. Citlalli Hernández y las figuras encargadas de la operación política nacional han entendido que la prioridad no es satisfacer agravios personales, sino evitar rupturas y conservar los gobiernos estatales.

Ante esa realidad, quienes apostaban por expulsar al Verde tuvieron que moderar su discurso.

Rafael Marín quedó atrapado en su propia contradicción. Primero quiso presentarse como el aspirante dispuesto a combatir al aliado estratégico de Morena; después, al comprobar que la alianza sería necesaria, comenzó a reconocer su importancia.

En política se puede cambiar de estrategia, pero cada cambio tiene un costo. Y cuando se pretende gobernar un estado, la congruencia no es un lujo: es una condición de confianza.

CLAUDIA SHEINBAUM NO GOBIERNA CON PODER PRESTADO

La mayor equivocación de algunos grupos consiste en suponer que Claudia Sheinbaum administrará indefinidamente una estructura política heredada.

La presidenta ha construido gradualmente su propia conducción. No necesita romper públicamente con López Obrador para ejercer autoridad ni declarar una guerra contra el llamado obradorismo para tomar decisiones propias.

Los relevos, reacomodos y desplazamientos dentro del oficialismo forman parte de un proceso natural de consolidación presidencial. Algunos personajes vinculados con el sexenio anterior han perdido centralidad; otros han tenido que sujetarse a las nuevas reglas y varios más deberán demostrar que pueden contribuir al proyecto sin convertirse en una fuente permanente de conflictos.

No es serio afirmar, sin pruebas, que todos los movimientos responden a una purga. Pero tampoco es sensato negar que Sheinbaum necesita cuadros leales a su administración, con viabilidad electoral y sin cargas capaces de comprometer su gobernabilidad.

La elección de 2027 será fundamental para ella. Estarán en disputa gubernaturas, la Cámara de Diputados y buena parte del poder territorial del país. Las candidaturas serán seleccionadas pensando en el futuro de su gobierno, no en el pago de deudas personales del pasado.

Por lo que una candidatura asociada principalmente con López Obrador, enfrentada con aliados locales y acompañada por controversias administrativas tendría que ofrecer ventajas extraordinarias para compensar sus riesgos.

Hasta ahora, Rafael Marín no las ha demostrado.

Por eso, pese al ruido, los nombres verdaderamente competitivos continúan siendo los mismos: Eugenio “Gino” Segura y Ana Paty Peralta.

Uno representa la construcción legislativa, la presencia estatal, el conocimiento financiero y turístico, y una carrera vinculada directamente con el marismo.

La otra representa el gobierno territorial, la administración de Cancún, la fuerza política femenina y la continuidad de un modelo de cercanía impulsado por Mara Lezama.

Ambos tienen fortalezas y ambos deberán superar pruebas. Gino tendrá que demostrar que su presencia territorial puede convertirse en una estructura electoral sólida. Ana Paty deberá convencer de que los resultados obtenidos en Benito Juárez pueden proyectarse a todo Quintana Roo.

La decisión final dependerá de encuestas, acuerdos nacionales, criterios de paridad, evaluación política y capacidad para preservar la alianza.

Sin embargo, el punto central es otro: cualquiera de los dos garantiza una sucesión dentro del proyecto construido por Mara Lezama, no una ruptura contra él.

Ese será el verdadero dilema de 2027: continuidad con gobernabilidad o aventura con confrontación.

Mara Lezama tendrá mucho que decir. Claudia Sheinbaum tendrá la última palabra política. Morena realizará sus mediciones y los aliados defenderán sus espacios. Pero el electorado también observará quién trabajó, quién construyó y quién solamente apareció cuando comenzó a escucharse el reloj sucesorio.

El obradorismo fue el origen de una etapa histórica, pero no puede convertirse en un instrumento para desconocer la autoridad política de la presidenta en funciones.

López Obrador ya gobernó. Claudia Sheinbaum gobierna.

Rafael Marín puede tener afectos, relaciones y respaldos heredados, pero Quintana Roo no se entrega por recomendación personal. Se gobierna con legitimidad, estructura, resultados y capacidad para unir.

Y en este momento, por más nombres que se inventen y por más aspiraciones que se inflen, la sucesión sigue teniendo dos rutas reales.

Es Gino.

O es Ana Paty.

Y detrás de cualquiera de los dos está la continuidad política de Mara Lezama.

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