Por Joaquín Quiroz
Arranca la última semana de junio y, aunque legalmente no hay campañas, en Quintana Roo el ambiente político ya huele a sucesión.
Son las campañas sin ser campaña, de aspirantes que oficialmente no son candidatos, pero que desde hace semanas recorren el territorio, miden fuerzas, construyen estructuras, envían mensajes y buscan posicionarse rumbo a la gran decisión de 2027.
El viernes pasado quedó retratada con claridad la fotografía política. Cinco personajes salieron al territorio, cada uno con su estilo, sus posibilidades y su techo político.
Sin embargo, más allá de la propaganda, las redes sociales y los discursos, las métricas, el conocimiento del estado, la capacidad de operación y los resultados colocan únicamente a dos perfiles en la conversación verdaderamente competitiva: el senador Eugenio “Gino” Segura y la presidenta municipal de Benito Juárez, Ana Paty Peralta de la Peña.
Ambos representan una nueva generación política con experiencia real en la administración pública, conocimiento territorial y capacidad de construir acuerdos.
De Chetumal hasta Isla Mujeres, los dos comienzan un recorrido que les permitirá escuchar, generar propuestas y consolidar una plataforma que seguramente será la base de una eventual campaña constitucional en 2027.
Hoy privilegian la cercanía, el contacto con la gente y la construcción de políticas públicas por encima de la confrontación.
En el caso de Gino Segura, el crecimiento continúa siendo ascendente. Su capacidad para conectar con distintos sectores sociales ha convertido la llamada “Ginomanía” en un fenómeno que ya rebasa las redes sociales y comienza a reflejarse en las giras, reuniones y encuentros ciudadanos.
Su estilo sencillo, el don de gente y una presencia constante en prácticamente toda la geografía estatal fortalecen una marca política que sigue expandiéndose.
Ana Paty Peralta, por su parte, desarrolla una estrategia distinta pero igualmente efectiva. Con amplia experiencia en campañas y operación territorial, apuesta por la cercanía, el diálogo directo y el trabajo de resultados.
Después de consolidarse políticamente en Cancún, ahora sale al encuentro de la militancia y de los ciudadanos de los demás municipios para presentar su trabajo de gobierno y construir confianza más allá del municipio que gobierna. Su experiencia electoral y administrativa le permiten recorrer el estado con credenciales sólidas.
En el extremo opuesto aparece Marybel Villegas Canché, quien mantiene la misma fórmula que ha caracterizado buena parte de su trayectoria política: la confrontación permanente con el gobierno estatal y la apuesta por la descalificación como principal herramienta de posicionamiento.
Sus apariciones continúan siendo más visibles en las redes sociales que en territorio. En el Distrito 02, donde ostenta una diputación federal, su presencia política resulta limitada y carece de una estructura territorial que respalde una aspiración de mayor alcance. La ausencia del respaldo político que durante años representó Ricardo Monreal también modifica considerablemente su margen de maniobra.
Caso aparte representa Rafael Marín Mollinedo. El exfuncionario federal continúa intentando construir una candidatura apoyado prácticamente por el mismo grupo que lo acompaña en cada recorrido.
Convoys de camionetas de lujo blindadas, escoltas, reuniones con los mismos operadores y un discurso repetitivo alrededor de su cercanía con el expresidente Andrés Manuel López Obrador y con Andy López Beltrán no han logrado traducirse en un crecimiento político perceptible.
A sus casi 70 años enfrenta, quizá por primera vez, una verdadera campaña territorial para buscar un cargo de elección popular, una dinámica completamente distinta a la que desarrolló como funcionario. El desgaste físico, la limitada conexión con la militancia y una evidente dificultad para generar empatía siguen siendo factores que pesan en su proyecto.
Mientras tanto, ese “respaldo” de Marín por parte del Partido del Trabajo el panorama permanece difuso. Más allá de la actividad pública de su dirigente Gerardo Rodríguez, habrá que observar si los marinistas que militan en ese instituto político deciden asumir públicamente esa causa.
Ahí aparecen nombres como el diputado Hugo Alday, la regidora Susana Dzib, el diputado Rubén Carrillo, el presidente municipal Nivardo Mena e incluso la alcaldesa de Isla Mujeres, Atenea Gómez Ricalde, cuya definición política será observada con atención conforme avance el proceso interno, ya que son algunos de los mencionados Marinistas “de closet” habrá que ver si dan su respaldo de viva voz, sin ocultarse.
En ese mismo escenario de campañas sin ser campañas, figura también Alexa Munguía, quien parece estar construyendo más una plataforma de aprendizaje y posicionamiento para el futuro que una competencia inmediata.
Sus recorridos le permiten adquirir experiencia estatal, ampliar relaciones políticas y comenzar a formar un expediente que podría resultar valioso en los próximos años si decide consolidar una carrera de largo plazo.
El tablero comienza a definirse. Dos perfiles llegan con estructura, resultados, conocimiento del territorio y posibilidades reales de encabezar la continuidad del proyecto político de Morena en Quintana Roo.
Un aspirante intenta romper la barrera del desconocimiento sin que hasta ahora existan señales claras de crecimiento; otra apuesta nuevamente por la confrontación como mecanismo de negociación política; y una joven política comienza a construir experiencia pensando en el mediano plazo.
La carrera apenas comienza. Oficialmente no hay campaña, tampoco candidatos. Pero en política las formas suelen llegar después de que la realidad ya empezó a caminar. Y en Quintana Roo, esa realidad hace tiempo que dejó de esperar el calendario electoral.




