Por Joaquín Quiroz Cervantes
Continúa avanzando el tic tac del reloj político rumbo al 2027, y en Quintana Roo cada vez queda más claro que la sucesión no será un concurso de ocurrencias, ni una pasarela de improvisados, ni mucho menos el refugio de quienes pretenden subirse a la transformación por la puerta trasera.
El proceso para definir a quien coordine los trabajos de la Defensa de la Transformación en Quintana Roo —ese nombre largo que en términos políticos significa la candidatura a la gubernatura— tiene ya dos perfiles reales, medibles, competitivos y con estructura: Ana Patricia Peralta de la Peña y Eugenio “Gino” Segura Vázquez.
Todo lo demás es ruido. Lo demás son inventos de café, filtraciones interesadas, aspiraciones sin tierra, sin pueblo y sin operación política real.
Ana Paty Peralta llega a esta etapa como la mujer mejor posicionada del movimiento en Quintana Roo. No es casualidad. Su trayectoria la respalda: regidora, diputada local, diputada federal y dos veces presidenta municipal de Benito Juárez, el municipio más importante del estado y una de las plazas políticas más complejas del país. No cualquiera gobierna Cancún, y mucho menos lo hace con estabilidad, presencia territorial y capacidad de respuesta.
Ana Paty no es una ocurrencia. Es una política formada en territorio, con campañas ganadas, estructura real y una marca pública que conecta con la ciudadanía. En ella hay continuidad natural del proyecto que encabeza Mara Lezama: cercanía, sensibilidad social, disciplina política y resultados.
Porque decirlo con claridad no estorba: Mara Lezama es la mejor gobernadora del país. Su gobierno ha logrado darle rostro humano a la transformación, poner orden donde antes había simulación y demostrar que se puede gobernar escuchando, caminando y resolviendo.
Por eso, quien aspire a sucederla no puede ser ajeno al marismo, ni mucho menos contrario a su esencia.
Y ahí está la diferencia: Ana Paty y Gino sí representan el marismo. No lo usan como disfraz. No lo presumen de dientes para afuera. Lo entienden, lo acompañan y lo proyectan.
Gino Segura, por su parte, ha consolidado su perfil desde el Senado con disciplina, operación y presencia. No ha caído en la desesperación de quienes se promueven con rumores ni en la vulgaridad de quienes necesitan atacar para existir.
El senador entiende los tiempos, sabe leer la ruta y camina con claridad dentro del proyecto.
La fórmula marista, entonces, tiene dos nombres: Ana Paty y Gino. Si la decisión se inclina por una mujer, Ana Paty tiene todos los elementos para repetir la ruta histórica de Mara Lezama: salir del municipio más importante del estado hacia la gubernatura. Si la decisión favorece a un hombre, Gino Segura aparece como el perfil competitivo, institucional y alineado con la continuidad del proyecto.
Mientras tanto, los opositores internos a esta fórmula se exhiben solos. El oportunismo de cierto tabasqueño y de una chilanga no se hace esperar. Se inventan encuestas, presumen cercanías, fabrican versiones y quieren vender como fuerza política lo que en realidad es desesperación.
Nada más falso que esas historias de favoritos. Van en picada, sin estructura sólida y sin realidades creíbles.
En el caso del tabasqueño, pesan demasiado los señalamientos públicos, las sombras políticas y los errores de cálculo. Su paso por Yucatán fue, como muchas de sus maniobras, más simulación que construcción.
Y cuando alrededor de un proyecto comienzan a caer excolaboradores, como subordinados suyos en Aduanas que hoy están en la cárcel, sospechas y expedientes políticos, lo prudente no es venderse como futuro; lo lógico es preparar explicaciones.
En el bloque femenino, Ana Paty no tiene competencia real. Las demás aspirantes no alcanzan medición suficiente, cargan historias de chapulineo o simplemente no han construido una trayectoria consistente en Quintana Roo.
Algunas quieren llegar por coyuntura, otras por padrinazgo, y otras por cálculo. Ana Paty, en cambio, llega por trabajo, resultados y territorio.
Por eso resultan ridículas las versiones agoreras que intentan sembrar la idea de que Ana Patricia Peralta pediría licencia de inmediato. Nada más falso. La presidenta municipal de Benito Juárez gobierna, mantiene operación, conserva presencia y no necesita precipitarse. Quien tiene estructura no corre; administra los tiempos.
El 2027 no será para improvisados. Tampoco para quienes creen que Quintana Roo se conquista con posts, fotografías o padrinos de ocasión. La sucesión se decidirá entre quienes realmente representan continuidad, territorio, disciplina y lealtad al proyecto que Mara Lezama ha consolidado.
Y ahí, guste o no guste, la ecuación está cada vez más cerrada: Ana Paty Peralta y Gino Segura son los perfiles reales. Los demás son ruido, ansiedad y propaganda.
El marismo ya tiene ruta. Tiene liderazgo en Mara Lezama, tiene continuidad política y tiene perfiles capaces de defender lo construido.
Si el reloj político sigue su marcha, el mensaje es evidente: este arroz ya se coció, y la transformación en Quintana Roo no se improvisa, se hereda con trabajo, lealtad y resultados.
Paco Carrillo: el oficio silencioso de saber operar
En política hay personajes que necesitan reflectores para existir, y hay otros que entienden que el verdadero poder no siempre camina al frente, sino que se mueve con discreción, lectura fina y sentido estratégico. En ese segundo grupo se ubica Francisco Carrillo, un hombre que ha hecho de la operación política un oficio serio, constante y eficaz.
Paco Carrillo no es improvisado. Su presencia dentro del marismo y de la cuarta transformación en Quintana Roo responde a una trayectoria de trabajo, conocimiento territorial y capacidad para leer escenarios.
Hoy, desde la Subsecretaría de Gobierno en la Zona Norte, cumple una función institucional, pero su peso político rebasa el escritorio. Es, para decirlo con precisión, uno de los operadores más completos del actual proyecto político en el estado.
Su fortaleza no está en el discurso estridente ni en la búsqueda desesperada de protagonismo. Está en algo más escaso: saber construir. Construir acuerdos, estructuras, rutas, entendimientos y equilibrios. En una época donde abundan los políticos de coyuntura, Carrillo representa al operador que conoce el mapa, identifica los tiempos y sabe cuándo avanzar, cuándo contener y cuándo articular.
No es casualidad que sea considerado uno de los activos relevantes del marismo. Su cercanía con la gobernadora Mara Lezama no deriva de la ocurrencia ni de la casualidad, sino de años de confianza, resultados y lealtad política. Paco Carrillo entiende el proyecto, conoce sus entrañas y sabe mover las piezas sin romper el tablero. Esa capacidad lo vuelve indispensable para cualquier ruta futura de MORENA en Quintana Roo.
Además, su nombre tiene una lectura adicional: es suplente del senador Eugenio “Gino” Segura. Y en política los cargos suplentes no siempre son simbólicos; a veces son piezas de previsión estratégica.
Si en el futuro Gino Segura solicita licencia para emprender una ruta mayor hacia Quintana Roo, Francisco Carrillo tendría las cartas credenciales, la experiencia y el conocimiento para desempeñar un papel serio en el Senado de la República.
Paco Carrillo tiene tablas, oficio y presencia. Lo mismo se le ve con capacidad de operación en Cancún, en municipios del interior del estado y con conexiones que alcanzan incluso otras entidades. Es un político de territorio, no de escritorio; de acuerdos, no de ocurrencias; de estructura, no de simulación.
También en el equipo y los afectos de Ana Paty Peralta, presidenta municipal de Benito Juárez, Paco Carrillo aparece como una figura de confianza. Y eso no es menor. En el escenario político rumbo a lo que viene, donde cada movimiento cuenta y cada estructura pesará, tener operadores con memoria, oficio y temple será determinante.
Francisco Carrillo es, en buen castellano político, un garbanzo de a libra. Un conocedor de la política real, de esa que no siempre se presume, pero que define candidaturas, fortalece proyectos y evita fracturas. Su liderazgo no necesita exceso de ruido porque se sostiene en resultados. Su capital no está solo en el cargo que ocupa, sino en la confianza que ha construido.
En tiempos de definiciones, la cuarta transformación y el marismo saben que no basta con tener buenos perfiles visibles. También se requieren estrategas que sepan ordenar la casa, alinear fuerzas y leer el momento. Ahí aparece Paco Carrillo: sigiloso, eficaz, institucional y con una mente política privilegiada.
Porque en Quintana Roo, la política no solo se gana con discursos. Se gana con operación, estructura, lealtad y conocimiento del territorio. Y en ese terreno, Francisco Carrillo juega en ligas mayores.




