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Tanto tiempo de marqués y  “El chepe” Contreras no aprendió a menear el abanico.

Por Joaquín Quiroz

Dice el refrán que “tanto tiempo de marqués y no sabe menear el abanico”, y la expresión le queda como traje a la medida al todavía presidente municipal de Bacalar, José Alfredo Contreras Méndez, “Chepe”, quien tiene el singular récord de haber encabezado tres veces ese Ayuntamiento y, sin embargo, parece no haber entendido todavía algo tan elemental como que gobernar también significa rendir cuentas, transparentar recursos y explicar con absoluta claridad qué se hace con el dinero del pueblo.

Tres periodos tendrían que ser suficientes para conocer la ley, profesionalizar al personal, establecer controles internos y garantizar que cualquier ciudadano pueda saber cómo se recauda, contrata y gasta cada peso público, pero en Bacalar ocurre exactamente lo contrario, porque tantos años en el poder no le han dado a Chepe mejores prácticas administrativas ni mayor vocación de transparencia, sino que su gobierno carga con cuestionamientos sobre la forma en que maneja los recursos, adjudica contratos, integra la nómina y responde —cuando responde— las solicitudes ciudadanas de información.

Para gastar parecen tener mucha prisa, para informar jamás encuentran tiempo, y a estas alturas Chepe ya no puede alegar desconocimiento, inexperiencia o errores propios de quien apenas empieza, porque no llegó ayer al Ayuntamiento ni está aprendiendo a gobernar; ha tenido tres oportunidades y suficientes años para construir una administración ejemplar, de modo que si después de tanto tiempo siguen existiendo dudas elementales sobre transparencia, contrataciones, proveedores y nómina, el problema ya no puede presentarse como simple desorden administrativo.

Y si Chepe es la cabeza política de esta administración, en el corazón financiero aparece Paul Romero Gómez, tesorero municipal, hombre de absoluta confianza del alcalde y pieza fundamental del grupo que controla actualmente Bacalar, un personaje que tampoco puede hacerse el desentendido ni esconderse detrás de su jefe, porque no es un funcionario menor ni un empleado perdido entre escritorios, sino el responsable de una de las áreas más sensibles de cualquier gobierno: el dinero.

Por eso cada peso que entra, cada peso que sale, cada pago, proveedor, contrato, transferencia, adjudicación y movimiento presupuestal que pase por la Tesorería tiene que ser revisado con lupa, sobre todo cuando alrededor de la administración existen señalamientos y dudas que no han sido suficientemente aclaradas.

Si Paul Romero quiere seguir creciendo políticamente, si pretende convertirse en heredero del grupo de Chepe y si realmente busca ser presentado como opción para gobernar Bacalar, tendría que comenzar por hacer algo bastante sencillo: abrir completamente las cuentas de la Tesorería y explicar hasta el último peso, porque quien administra dinero público no puede pedir confianza a ciegas, tiene que demostrar, documentar y transparentar.

Si durante su gestión existen cuestionamientos sobre proveedores, adjudicaciones, contrataciones, nómina, compras o movimientos administrativos, lo mínimo que corresponde es que las autoridades fiscalizadoras revisen absolutamente todo, no solamente carpetas bonitas o informes acomodados para salir del paso.

La Auditoría Superior del Estado y las instancias anticorrupción deberían meterse hasta la cocina en Bacalar, cruzar información fiscal, identificar beneficiarios reales de empresas, revisar sociedades, domicilios, representantes legales, vínculos familiares, relaciones políticas, contratos repetidos, adjudicaciones directas y cualquier posible concentración de gasto en proveedores recurrentes, porque cuando una Tesorería opera durante años bajo el mismo grupo político y además su titular aparece como posible sucesor del presidente municipal, existe una razón adicional para exigir máxima transparencia.

No porque aspirar sea delito, sino porque el poder no puede convertirse en mecanismo de autoprotección. Hay que revisar quién cobró, por qué cobró, qué entregó, cuándo lo entregó, quién autorizó, quién supervisó y quién se benefició.

Si no existe ninguna irregularidad, perfecto, que lo demuestren; si las licitaciones fueron limpias, que publiquen los expedientes completos; si las compras se realizaron correctamente, que exhiban facturas, contratos, actas de recepción e inventarios; si los proveedores son independientes, que se conozca quiénes son sus propietarios, y si no existen vínculos familiares o políticos, que la documentación lo confirme.

Lo mismo con la nómina municipal, que se publique completa, con nombres, cargos, funciones, perfiles, lugares de adscripción y parentescos con funcionarios, porque el mejor antídoto contra cualquier señalamiento de nepotismo o favoritismo es la transparencia absoluta.

Lo que verdaderamente llama la atención es que después de tres periodos Chepe Contreras siga cargando con este tipo de cuestionamientos, porque gobernar muchas veces no significa gobernar bien y permanecer años en el poder tampoco convierte a nadie en buen administrador.

Por el contrario, cuando después de tanto tiempo siguen apareciendo dudas sobre contratos, proveedores, nómina, compras y ejercicio del gasto, entonces el desgaste deja de ser únicamente político y empieza a convertirse en un problema serio de credibilidad. Y Paul Romero tampoco puede pretender brincar tranquilamente de la Tesorería a la Presidencia Municipal como si nada hubiera pasado, porque si ha sido el encargado de cuidar las finanzas, entonces tiene responsabilidad política y administrativa sobre aquello que estuvo bajo su control, y antes de pedir el voto tendría que explicar con detalle qué hizo con el dinero público.

Primero las cuentas y después las aspiraciones, ese debería ser el orden, pero en Bacalar parece que la prioridad es garantizar la continuidad del grupo.

Chepe sabe que su ciclo político municipal se acerca al final y por eso necesita alguien que cuide su estructura, sus decisiones y su influencia, y ahí aparece Paul Romero como el hombre ideal, cercano, leal, formado dentro del mismo grupo y conocedor de la administración.

La pregunta es si Bacalar necesita un nuevo presidente municipal o simplemente un encargado de continuar el mismo proyecto de poder, porque una cosa es continuidad administrativa y otra muy distinta convertir el Ayuntamiento en una sucesión entre amigos.

Primero Chepe, después Paul y luego quién sabe quién, y así empiezan esos grupos que terminan creyendo que el municipio les pertenece. Mientras tanto Chepe sigue jugando a varias bandas en la política estatal, manda señales hacia Gino Segura, mantiene puentes con Rafael Marín y procura no quedar mal con nadie, un pie aquí, otro allá y el cuerpo colocado exactamente donde convenga cuando llegue el momento de las definiciones.

Eso no es ideología, es cálculo político, y en eso Chepe sí ha demostrado ser bastante hábil, porque podrá tener problemas para transparentar, pero para sobrevivir políticamente pocas lecciones necesita.

El problema no es a quién apoyen Chepe o Paul, están en todo su derecho de respaldar al personaje que quieran; el problema comienza cuando la estructura municipal puede convertirse en instrumento para garantizar continuidad, protección y futuro político a quienes llevan años controlando el presupuesto.

Por eso las autoridades deben entrar y entrar de verdad, no con revisiones de escritorio ni auditorías de trámite, sino revisando el origen y destino de cada peso importante, los contratos relevantes, los proveedores recurrentes, las adjudicaciones directas, el crecimiento de la nómina, los eventuales vínculos familiares y cualquier posible conflicto de interés.

Si Chepe Contreras y Paul Romero no tienen nada que esconder, que abran todo, que publiquen todo y permitan revisar todo; si están limpios, serán los primeros beneficiados, pero si de una revisión seria surgen irregularidades, entonces que se determinen responsabilidades y que nadie venga después con el argumento barato de la persecución política.

Preguntar no es difamar, fiscalizar no es perseguir, revisar a un tesorero no es atacarlo y exigir cuentas a un presidente municipal no es hacerle guerra, es simplemente exigir lo mínimo a quienes administran dinero público.

Chepe pasará a la historia como el político que gobernó tres veces Bacalar y Paul Romero podrá tener las aspiraciones que quiera, pero antes de hablar de candidaturas, sucesiones o continuidad ambos tienen algo mucho más urgente que explicar: cómo administraron el dinero del pueblo, porque después de tantos años en el poder Chepe tendría que haber aprendido que el Ayuntamiento no es propiedad personal, la Tesorería no es una caja privada, Paul no puede asumirse como heredero natural y Bacalar no es una franquicia política. Tanto tiempo de marqués y todavía no aprende a menear el abanico.

Curva peligrosa…

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