Por Joaquín Quiroz
Y bueno, si hay alguien que parece vivir con la realidad bastante alterada es la todavía presidenta municipal de Isla Mujeres, Atenea Gómez Ricalde. Mientras su administración carga cuestionamientos públicos por asuntos delicados —desde el caso de la muerte de tortugas hasta señalamientos sobre inseguridad y acusaciones de presuntas extorsiones atribuidas a funcionarios municipales—, desde el círculo político de la edil prefieren vender otra historia: la de una gobernante prácticamente de excelencia.
El problema es que una cosa es la propaganda y otra, muy distinta, la estadística.
Ahora resulta y resalta que Atenea Gómez es presentada como “la presidenta municipal mejor calificada de Quintana Roo”, gracias al denominado Ranking de Alcaldes de Quintana Roo elaborado por Statistical Research Corporation (SRC).
¡Caray! Si de repartir medallas se trata, que preparen también la banda presidencial.
Porque cuando uno deja de mirar el numerote de 62.1% y empieza a revisar cómo está construido el estudio, el supuesto campeonato de Atenea comienza a desinflarse.
El primer truco consiste en vender posiciones absolutas donde estadísticamente puede no haberlas. La propia medición reconoce un margen de error de ±3.8 puntos porcentuales.
Eso significa que el 62.1% atribuido a Atenea no debe interpretarse como una verdad matemática exacta. Su resultado podría fluctuar aproximadamente entre 58.3% y 65.9%.
Ana Paty Peralta aparece con 58.6%, cuyo intervalo aproximado sería de 54.8% a 62.4%.
¿Ya apareció el detalle incómodo?
Los intervalos se cruzan.
Por tanto, con la información publicada, presentar categóricamente a Atenea como una campeona indiscutible frente al resto resulta mucho más útil para elaborar un bonito post de redes sociales que para sostener una conclusión estadística contundente.
Y el problema se repite hacia abajo.
Ana Paty Peralta tiene 58.6% y Estefanía Mercado 57.7%. Son apenas nueve décimas de diferencia con un margen declarado de ±3.8 puntos.
Mary Hernández registra 54.3% y Blanca Merari Tziu 54.2%.
¡Una décima!
Presentarlas solemnemente como cuarto y quinto lugar es como utilizar una regla graduada en centímetros para presumir que se midieron diferencias de milímetros.
Pero viene algo todavía mejor.
El documento se promociona como “Ranking de Alcaldes Quintana Roo”, aunque solamente aparecen ocho presidencias municipales.
Quintana Roo tiene once municipios.
¿Y los otros tres?
No aparecen José María Morelos, Lázaro Cárdenas ni Bacalar.
Entonces no estamos ante un ranking completo de los alcaldes de Quintana Roo. Estamos ante una comparación parcial de ocho gobiernos municipales seleccionados bajo criterios que, por lo difundido, tampoco quedan suficientemente explicados.
Así cualquiera puede fabricar un podio.
Y aquí empieza verdaderamente el mundo de caramelo estadístico que tan conveniente resulta para la propaganda de Atenea.
SRC señala haber utilizado “muestreo aleatorio simple”, pero simultáneamente informa que las entrevistas fueron realizadas mediante llamadas telefónicas automatizadas a personas con una línea activa.
Eso exige muchas explicaciones antes de presumir representatividad.
¿Quiénes contestaron? ¿Cuántos colgaron? ¿Cuántas llamadas fueron necesarias para conseguir las entrevistas efectivas? ¿Cuál fue la tasa de rechazo? ¿Cómo verificaron que quien contestó realmente viviera en Isla Mujeres? ¿Cómo corrigieron las diferencias de edad, sexo y distribución territorial?
Nada de eso es un tecnicismo menor. Eso es precisamente lo que permite evaluar la calidad de una encuesta.
Todavía resulta más interesante la referencia a un marco muestral derivado de la Lista Nominal del INE.
La Lista Nominal no es un directorio público de teléfonos celulares de ciudadanos.
Por ello SRC tendría que explicar detalladamente cómo construyó ese marco telefónico, cómo relacionó los números marcados con ciudadanos del municipio, cómo trató números reasignados y cómo evitó duplicidades derivadas de personas con varias líneas.
Porque poner las siglas INE junto a una metodología no convierte mágicamente una llamada automatizada en ciencia infalible.
Tampoco estar registrado ante el Instituto Nacional Electoral significa que el INE avale los resultados, certifique su precisión o entregue patente de infalibilidad estadística.
El registro es una cosa, la calidad metodológica es otra y vender ambas como si fueran equivalentes constituye, cuando menos, una forma bastante conveniente de legitimación publicitaria.
Hay además una pregunta elemental: si verdaderamente fueron mil entrevistas bajo un muestreo aleatorio simple convencional, ¿por qué se reporta un margen de error de ±3.8%?
Bajo condiciones ideales, una muestra aleatoria simple de mil observaciones produce un margen máximo cercano a ±3.1 puntos para una proporción alrededor de 50%, con 95% de confianza.
¿De dónde salen entonces los 3.8 puntos?
La estadística seria no consiste en pedirle al lector un acto de fe.
Y todavía faltan datos fundamentales: número total de llamadas, tasa de respuesta, entrevistas abandonadas, fechas exactas del levantamiento, distribución demográfica de la muestra, procedimiento de verificación municipal, factores de ponderación, porcentaje de “no sabe/no contestó”, cuestionario íntegro y quién financió específicamente este ejercicio.
Porque decir genéricamente que los estudios son “autofinanciados, salvo que se indique lo contrario” no equivale a transparentar inequívocamente quién pagó una medición determinada.
También resulta pintoresco denominarlo “tracking en vivo” cuando se presentan dos cortes mensuales, Junio, Julio.
Eso no es precisamente seguir el pulso ciudadano minuto a minuto.
Y una variación de dos puntos entre ambos levantamientos, cuando el propio margen declarado es de ±3.8, perfectamente podría obedecer a fluctuación muestral. Convertirla automáticamente en crecimiento o desplome político sería abusar de los números.
Pero nada de esto parece preocupar demasiado en el maravilloso universo propagandístico de Atenea Gómez.
Ahí basta colocar su fotografía, escribir “la mejor evaluada de Quintana Roo”, poner un 62.1% gigantesco y repartir la publicación entre afines y subordinados para intentar convertir una encuesta cuestionable en verdad revelada.
Qué maravilla, lo verdaderamente interesante será conocer la opinión ciudadana cuando termine la administración y la propaganda deje de pagarse con reflectores institucionales.
Porque Atenea Gómez sabe que enfrenta una sucesión política complicada. Ha buscado proyectar cercanía con Eugenio Segura y Ana Paty Peralta, mientras en el ambiente político quintanarroense existen versiones que la colocan a ella y a su grupo familiar mucho más próximos al proyecto de Rafael Marín Mollinedo.
Así que ese supuesto “atenismo” convertido repentinamente en fervor morenista también merece memoria.
Porque en política los disfraces duran lo que dura la temporada.
Y algunos terminan pareciendo, precisamente, más falsos que aquel panismo convenientemente escondido debajo de una camiseta guinda.
El cuestionamiento serio es otro y resulta mucho más demoledor:
con la metodología públicamente difundida tampoco existen elementos suficientes para vender esos números con la contundencia propagandística con la que Atenea y sus operadores pretenden hacerlo.
No puede afirmarse sin matices que existe una diferencia estadísticamente concluyente entre varios de los lugares presentados; no puede hablarse seriamente de un ranking integral de Quintana Roo cuando faltan tres municipios; y tampoco puede proclamarse una radiografía exacta de la opinión ciudadana sin transparentar variables metodológicas fundamentales.
Así que antes de mandar hacer otra tarjeta celebrando el “primer lugar”, quizá en Palacio Municipal de Isla Mujeres deberían leer completa la ficha técnica y no solamente el porcentaje que les conviene.
Porque gobernar bien es bastante más complicado que aparecer arriba en una gráfica.
Los problemas de Isla Mujeres no desaparecen colocando un 62.1% sobre la fotografía de Atenea Gómez.
Las acusaciones no se responden con rankings, la inseguridad no se combate con diseños de Canva, los cuestionamientos ambientales no desaparecen compartiendo encuestas.
Y la percepción ciudadana tampoco puede reducirse a una tabla confeccionada con diferencias que caben holgadamente dentro del propio margen de error.
Atenea podrá seguir construyendo sus mundos de caramelo, repartiendo calificaciones de excelencia y creyéndose la alumna de diez de Quintana Roo.
Pero fuera de la burbuja propagandística existe otra evaluación.
La que no necesita encuestadora, post patrocinado ni porcentaje gigante.
La de los ciudadanos.
Y esa, llegado el momento, no tendrá margen de error, ¿O será que alguien engañó a Atenea y le hizo creer una mentira, interesante saberlo?




