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Mara, la carta fuerte del claudismo: del Caribe a SECTUR… y rumbo al 2030

Por Joaquín Quiroz Cervantes

En política, las señales no se leen: se descifran.

Y en la nueva liturgia del poder mexicano, la presidenta Claudia Sheinbaum ha comenzado a mover piezas con una precisión quirúrgica. Lo que hace apenas unos meses parecía una convivencia forzada entre el “claudismo” y los residuos del obradorato, comienza a transformarse en una auténtica operación cicatriz… pero con bisturí.

Porque mientras en Palacio Nacional se consolida el mando, en Palenque se diluye la sombra.

Los movimientos recientes no son casualidad. La eventual salida de Luisa María Alcalde de la dirigencia nacional de MORENA sería la estocada definitiva para desmontar la estructura partidista heredada del obradorismo. Y con ella, inevitablemente, se tambalea también la figura de Andrés López Beltrán, quien operaba bajo el amparo del apellido y no necesariamente del talento político.

Con ello, Sheinbaum terminaría de ponerle sello propio al partido guinda.

Y mientras unos salen por la puerta de atrás, otros son políticamente ejecutados en plaza pública.

El más reciente cadáver político con respiración asistida parece ser Marcelo Ebrard.

Aquel que pataleó, berrinchó y mostró públicamente su indignación cuando Claudia fue ungida como candidata presidencial; aquel que operó con rudeza para descarrilar a Omar García Harfuch e imponer a Clara Brugada en la capital… parece estar pagando la factura.

Su reciente admisión pública de haber tenido a su hijo viviendo seis meses en la embajada de México en Reino Unido, presuntamente con cargo al erario, no es una anécdota: es un misil en la línea de flotación de sus aspiraciones rumbo al 2030.

Ese expediente ya pesa. Y pesa mucho.

Con Ebrard debilitado, con el obradorato en retirada y con MORENA bajo nueva administración, la carrera por el 2027 y el 2030 cambia de dueño.

Y es aquí donde aparece una figura que en el ajedrez nacional comienza a brillar con luz propia: Mara Lezama.

Porque otro de los movimientos que se cocina en la cocina grande del poder es la eventual salida de Josefina Rodríguez Zamora para buscar la gubernatura de Tlaxcala.

Y si Josefina se va… el relevo natural tiene nombre y apellido.

Mara Lezama Espinosa.

No sería improvisación ni cuota.

Sería lógica política.

Sería estrategia.

Y sería premio.

Mara no solo gobierna el principal estado turístico del país; conoce como pocos la industria sin chimeneas. Ha vendido, defendido y posicionado a Quintana Roo en escenarios internacionales como FITUR, ha construido narrativa turística, relaciones institucionales y una marca de gobierno que hoy la coloca —para muchos— como la gobernadora mejor evaluada de México.

Desde la Secretaría de Turismo federal, Mara jugaría en ligas mayores.

Sería pieza del gabinete.

Aliada directa de Sheinbaum.

Y automáticamente entraría al tablero sucesorio del 2030.

Para Quintana Roo, su salida anticipada abriría otra guerra… pero también otra oportunidad.

Jurídicamente, quien asumiría el interinato sería la secretaria de Gobierno, Cristina Torres Gómez.

Y en paralelo, MORENA ya tendría que definir sucesión.

Dos nombres se perfilan con fuerza: el senador Eugenio Segura y la alcaldesa de Benito Juárez, Ana Paty Peralta.

Ambos cartas serias.

Ambos competitivos.

Ambos parte del marismo.

Así que mientras algunos siguen haciendo cuentas alegres rumbo al 2027, la realidad política les está cambiando la fórmula.

Porque el poder ya no se dicta desde la nostalgia.

Se dicta desde Palacio.

Y en ese nuevo mapa, Quintana Roo no solo sigue siendo protagonista.

Podría estar incubando a una futura presidenciable.

Porque si Mara llega a SECTUR…

no solo despega el turismo mexicano.

Despega una candidatura rumbo al 2030.

Y eso, guste o no, ya comenzó a mover el tablero.

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