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Mara construyó el relevo: Gino Segura, perdieron los agravios y el cascajo político.

Por Joaquín Quiroz Cervantes.C

Ciudad de México. Sin jugar al adivino, sin bola de cristal y sin recurrir a artes ocultas, sino simplemente utilizando la lógica, observando las señales y, sobre todo, leyendo la realidad política de Quintana Roo, se cumplió lo que desde hace meses señalamos insistentemente en estas líneas: la mejor opción para relevar en la gubernatura a Mara Lezama era el senador con licencia Eugenio “Gino” Segura.

No hubo sorpresas ni sorprendidos. Lo que sí hubo fueron muchas y muchos adelantados que confundieron deseos con posibilidades, ruido con estructura y fotografías con operación política.

Hoy varios de ellos se quedaron con un palmo de narices y, como suele suceder cuando la realidad no coincide con las aspiraciones personales, respiran por la herida.

Por principio de cuentas, hay un dato político que merece observarse. En la historia reciente de Quintana Roo son contados los gobernadores que han tenido la capacidad política de impulsar exitosamente a quien pretenden que continúe su proyecto. Félix González Canto lo consiguió con Roberto Borge Angulo y ahora Mara Lezama construyó las condiciones políticas para que Eugenio “Gino” Segura aparezca como el relevo de su proyecto.

Y esto no ocurrió de un día para otro, Gino Segura es un político cancunense joven, disciplinado, con importante formación académica, experiencia en el servicio público y resultados electorales que están a la vista.

Su campaña al Senado de la República fue exitosa; obtuvo una votación contundente y logró conectar con distintos sectores sociales. A eso debe agregarse un elemento fundamental en política: nunca escondió su pertenencia al proyecto de Mara Lezama. Por el contrario, ha sido uno de sus cuadros más leales y consistentes.

Todo eso terminó por cristalizar una candidatura que durante meses algunos pretendieron hacer pasar como imposible.

Segura trabajó sin pausas. Legislador joven, hombre de familia, alejado de escándalos públicos y con vínculos políticos relevantes a nivel nacional, entre ellos con personajes de enorme peso como Omar García Harfuch, fue construyendo paso a paso su posicionamiento. Mientras otros estaban concentrados en descalificar, dividir o revivir viejas facturas políticas, Gino estaba haciendo territorio, y ahí estuvo buena parte de la diferencia.

Desde el principio apareció entre los mejor posicionados en las mediciones. Sin bajar la guardia, realizó un trabajo territorial permanente, recorrió municipios, sostuvo encuentros, encabezó asambleas y mantuvo un discurso prácticamente monotemático: unidad, continuidad del proyecto y trabajo conjunto por Quintana Roo.

Mientras tanto, Ana Paty Peralta entendió perfectamente la circunstancia política,  lejos de confrontarse con Eugenio Segura, hizo equipo con él. Ambos provienen del mismo grupo político: el construido alrededor de Mara Lezama, hicieron match político.

Compartieron municipios, escenarios y asambleas informativas; caminaron en una misma dirección y coincidieron incluso en buena parte de sus simpatizantes. Dos jóvenes cancunenses, con trayectoria pública, preparación académica y años dentro del mismo proyecto político. No hubo improvisación ni necesidad de fabricar artificialmente una alianza de último minuto.

Del otro lado estuvo Rafael Marín Mollinedo.

Marín construyó buena parte de su narrativa alrededor de su cercanía con el expresidente Andrés Manuel López Obrador y con personajes del obradorismo. También se le vinculó políticamente con Adán Augusto López Hernández y con el círculo más cercano del anterior gobierno federal. Ésas fueron durante meses algunas de sus principales cartas de presentación frente a quienes aseguraban que su cercanía con el viejo centro del poder terminaría imponiéndose sobre la política local.

El tema que todos sus amigos una bola de impresentables, sino estan sin visa son requeridos en Estados Unidos, o están vincluados a temas como huachicol fiscal, uno de sus mas cercanos colaboradores resultó tremendo pájaro de cuentas que fue exhibido y otro más tambien se difundió su gusto por los relojes.

Y alrededor de Rafael Marín comenzó a concentrarse un auténtico mosaico de personajes que habían quedado desplazados, enfrentados o sin espacio dentro del proyecto dominante en Quintana Roo.

Ahí aparecieron apellidos y nombres conocidos: integrantes de los Ricalde, Ricardo Velasco, Humberto Aldana, Alberto Batún, Manuel Aguilar, Mario Villanueva Madrid, Carlos Villanueva Tenorio, Lenín Amaro, Mildred Ávila, José Luis Pech y otros personajes provenientes de distintas historias, grupos y agravios políticos.

Incluso alrededor de ese bloque se mencionó la influencia de figuras relacionadas con el exgobernador Carlos Joaquín González y con Adán Augusto López.

Más que un proyecto homogéneo, aquello terminó pareciendo un frente de inconformes unidos principalmente por un adversario común.

Y ése fue uno de los grandes errores.

Porque juntar resentimientos no necesariamente suma votos.

Rafael Marín tampoco tenía detrás una historia reciente de competencia electoral propia en Quintana Roo. Sus responsabilidades públicas más importantes llegaron mediante designaciones federales. Estuvo al frente de la Agencia Nacional de Aduanas de México y posteriormente fue enviado como delegado de los programas del Bienestar a Yucatán.

Después decidió regresar a la disputa política quintanarroense.

Fue entonces cuando comenzó una operación territorial que para muchos llegó demasiado tarde. Quien durante años había permanecido fundamentalmente en responsabilidades administrativas federales pretendió competir contra estructuras que llevaban mucho más tiempo caminando colonias, municipios y comunidades.

Y las urnas internas, las mediciones y la realidad política terminaron colocando a cada quien en su dimensión.

Marín acabó rezagado frente al proyecto que encabezó Eugenio Segura. Y aquí aparece otra regla elemental de la política: quien termina tercero difícilmente puede pretender negociar como si hubiera quedado primero.

Se ha dicho que Rafael Marín negociará posiciones. Puede intentarlo, porque política es política, pero su margen evidentemente ya no es el mismo. Morena tiene además mecanismos internos y equilibrios nacionales que hacen mucho más complejo aquello de “te entrego mis votos a cambio de posiciones”, particularmente cuando esos votos no alcanzaron para ganar.

El propio Marín ha hablado de su edad y de las dificultades que implicaría emprender una campaña de esta naturaleza. Si decide regresar a sus actividades empresariales, tendrá perfectamente dónde hacerlo. Es un hombre con negocios y patrimonio, y puede dedicarse nuevamente a administrar lo suyo.

Lo verdaderamente interesante será observar qué ocurrirá con quienes apostaron absolutamente todo a su proyecto.

Porque mientras Rafael Marín puede regresar tranquilamente a sus empresas, muchos de sus corifeos apostaron ahí su última ficha política. Personajes que imaginaron que un triunfo de Marín significaría su regreso automático al presupuesto, a las posiciones y a los espacios de poder.

Y hoy las cuentas simplemente no les salen.

Gino Segura hizo exactamente lo contrario: evitó convertir su proyecto en un refugio de agravios. Construyó hacia adelante, permaneció disciplinado, caminó junto al grupo político gobernante, mantuvo comunicación nacional, hizo territorio y entendió algo básico que algunos veteranos olvidaron: en política no basta haber sido importante alguna vez; hay que ser competitivo en el presente.

Ahí está quizá la principal explicación de lo ocurrido.

No ganó solamente un nombre. Ganó una generación política. Ganó la continuidad del proyecto de Mara Lezama y perdió la idea de que desde el pasado podía imponerse una candidatura mediante viejas relaciones, apellidos, padrinazgos o la suma de inconformes.

Por eso no hubo sorpresa, las señales estuvieron ahí durante meses. Las encuestas estaban ahí. El territorio estaba ahí. La cercanía política estaba ahí. La coordinación entre Gino Segura y Ana Paty Peralta estaba ahí. El respaldo del grupo gobernante estaba ahí. Sólo había que querer verlo.

Algunos prefirieron fabricar otra realidad. Hoy esa realidad imaginaria se terminó.

Eugenio “Gino” Segura construyó su candidatura paso a paso, sin estridencias innecesarias, sin romper con quienes debía construir y entendiendo perfectamente los tiempos del poder.

Los demás tendrán que decidir ahora qué hacen con sus frustraciones.

Porque en política, como en la cocina, llega un momento en el que ya no sirve seguir moviéndole a la olla.

Este arroz ya se coció. Y lo coció Gino Segura.

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