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“La gira del desempleo político: los del ‘ya merito’ vuelven a la carga”

Por Joaquín Quiroz Cervantes.

Si en su haber presume un currículum de experto en perder campañas; si cada aspiración política termina a medio camino; si su pasatiempo favorito es criticar a la 4T con el entusiasmo de quien alguna vez quiso estar dentro y no pudo; si partido al que llega, partido que se achica, desaparece o corre el riesgo de perder hasta las sillas… felicidades: su oportunidad ha llegado.

Porque en Quintana Roo acaba de arrancar una nueva temporada de esa entrañable producción política que podríamos bautizar como “La gira del desempleo político”.

En una colección sui géneris de cascajo electoral, varios personajes que llevan años queriendo, intentando, suspirando y volviendo a intentar decidieron juntar sus respectivas miserias políticas para tomarse la fotografía del recuerdo.

Supuestamente, la imagen pretende mandar un mensaje de fuerza. En realidad, parece más una reunión de exalumnos de la Universidad del “Ya Merito”.

Ahí están los especialistas del “para la otra”; los del “esta vez sí”; los que invirtieron tiempo, dinero y saliva sin conseguir el resultado esperado; los que cambiaron de proyecto, camiseta, aliado o discurso esperando que en algún momento la tómbola política finalmente les favorezca.

Sin partido político claramente definido, sin una estructura electoral que hoy pueda presumirse competitiva y sin que por ahora exista quién públicamente quiera apostar por semejante escudería, decidieron recurrir a esa maravillosa herramienta de supervivencia política llamada autoconvencimiento colectivo.

Encabezados por Gregorio Sánchez Martínez y Gustavo Miranda García, aparecen también personajes como Juan Carlos González Hernández, José Luis “Chanito” Toledo Medina y Eugenio Barbachano, entre otros.

La fotografía, por supuesto, pretende proyectar solemnidad, liderazgo, preocupación por Quintana Roo y quizá hasta el nacimiento de una nueva fuerza política.

Pero una foto no gana elecciones.

Y juntar derrotas tampoco produce automáticamente una victoria.

Porque una cosa es sumar liderazgos y otra muy distinta amontonar aspiraciones frustradas creyendo que, por misterios de la aritmética electoral, diez ceros juntos terminarán convirtiéndose en un número ganador.

Caso curioso es el de Eugenio Barbachano, actual regidor en Tulum, cuya presencia electoral difícilmente puede presumirse como consecuencia de una poderosa movilización ciudadana alrededor de su figura. Pero ahí está, posando como integrante de esta especie de Liga de la Justicia Electoral donde prácticamente todos quieren salvar Quintana Roo, aunque varios siguen intentando primero salvar su propia carrera política.

La iniciativa encabezada por Gustavo Miranda reunió, según sus promotores, a empresarios, exfuncionarios y personajes políticos de distintos municipios y corrientes para firmar una denominada “Declaración de Libertad”, documento desde el cual cuestionan la inseguridad y la situación económica de Quintana Roo y llaman a pasar, palabras más, palabras menos, “de la queja a la acción”.

Hasta ahí, legítimo.

En democracia cualquiera puede organizarse, criticar al gobierno, formar movimientos, construir oposiciones y aspirar al poder.

El problema comienza cuando quienes anuncian la regeneración de la política son exactamente varios de los mismos personajes que llevan años circulando dentro de ella.

Porque aquello de presentarse como “algo nuevo” funciona mejor cuando la fotografía no parece tomada de los archivos históricos de distintas derrotas electorales.

Entre los convocados aparecen personajes que alguna vez estuvieron cerca de posiciones importantes, otros que gobernaron municipios, algunos que fueron diputados, regidores o candidatos y varios que todavía no consiguen superar aquella terrible enfermedad de la política mexicana llamada “yo también pude haber sido”.

Y mientras Morena conserva una maquinaria electoral dominante en Quintana Roo, este grupo pretende hacer creer que la 4T debe comenzar a temblar ante semejante alineación.

Así que cuidado, Morena.

Cuidado, Cuarta Transformación.

Cierren puertas, refuercen ventanas y escondan las urnas porque han vuelto los vengadores electorales.

Los mismos del “ya merito”.

Los del “ahora sí”.

Los del “la próxima es nuestra”.

Los que no encontraron acomodo en Morena, algunos a quienes ya ni el PRI o el PAN parecen disputar con demasiado entusiasmo y otros que siguen convencidos de que el problema nunca fueron ellos, sino siempre el partido, el candidato, la elección, las circunstancias, Mercurio retrógrado o cualquier explicación disponible.

La gran pregunta será si esta llamada Declaración de Libertad logra convertirse en una fuerza ciudadana real o termina siendo otra fotografía para Facebook acompañada de discursos grandilocuentes y aspiraciones recicladas.

Porque para construir una oposición seria en Quintana Roo se requiere muchísimo más que resentimientos acumulados, fotografías, cafés políticos y reuniones de quienes sienten que la historia les debe una candidatura.

Se necesitan estructura, territorio, propuesta, credibilidad y, sobre todo, votos.

Y precisamente ahí es donde varios integrantes de esta fotografía tienen pendiente una materia desde hace muchos años.

Mientras tanto, ya comenzó la gira.

La gira del desempleo político.

Próximamente, quizá, en un municipio cerca de usted.

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