Por Joaquín Quiroz Cervantes
Y quienes de plano parecen traer el santo de espaldas, la brújula descompuesta y el GPS político mandándolos directo al barranco son los integrantes de Movimiento Ciudadano (MC) en Quintana Roo.
Porque si siguen perdiendo cuadros, acumulando pleitos y administrando derrotas, en 2027, más que preocuparse por ganar alcaldías o diputaciones, deberían empezar a sacar la calculadora para ver si conservan el registro.
De por sí eran pocos, y ahora hasta los pocos se van. Tampoco nos engañemos: no es que esté abandonando MC una selección de “chuchas cuereras” capaces de cambiar por sí solas el mapa político quintanarroense. El problema es otro: cuando un partido pequeño pierde hasta a sus cuadros medianos, deja de ser estructura para convertirse en membrete.
Cuentan los heraldos de Xlalibre que buena parte del desastre naranja tiene nombre y apellido: Lidia Rojas Fabro, dos veces derrotada en su intento por alcanzar la presidencia municipal de Othón P. Blanco y quien, según sus propios detractores internos, terminó comportándose más como propietaria de una franquicia que como constructora de un partido.
La historia viene de lejos.
Rojas Fabro llegó al proyecto naranja de la mano del entonces diputado y posteriormente regidor José Luis Toledo Medina, “Toletito”, cuando este conducía los destinos de MC en Quintana Roo y mantenía cercanía política con Luis Donaldo Colosio Riojas. Pero la luna de miel duró poco.
Lidia terminó enfrentada con Toledo y buscó su propia ruta hacia la cúpula nacional, en esa operación apareció su suegro Carlos Cardín, así como Joaquín González Castro, quien habría servido de puente político para acercarla con el entonces mandamás nacional de Movimiento Ciudadano, Dante Delgado.
Y aquello terminó como suelen terminar muchas historias de la política mexicana: quien llegó como invitada acabó queriéndose quedar con las llaves de la casa.
Desde entonces, la conducción de MC en Chetumal comenzó a girar cada vez más alrededor de Rojas Fabro, incluso existen antiguos señalamientos que merecerían aclararse documentalmente sobre el manejo de recursos del grupo legislativo naranja y presuntos “apoyos sociales” durante aquella etapa.
También fue cuestionado internamente que el inmueble utilizado como sede partidista estuviera vinculado familiarmente con su entorno, si todo fue legal y transparente, nada mejor que abrir contratos, montos y comprobantes. Dicen por ahí que en política, la transparencia se demuestra con papeles, no con discursos, pero aquí no hay ni oficio político, ni menos honestidad y honradez.
Llegó entonces su primera intentona de Lidia por gobernar Othón P. Blanco y perdió, después apareció otro protagonista de esta tragicomedia naranja: José Luis Pech Várguez, y la guerra entre la jovencita oportunista, y el viejo lobo de mar frustrado.
Tras romper con Morena rumbo al proceso electoral de 2022, Pech encontró refugio en Movimiento Ciudadano gracias a su relación política con Dante Delgado.
Fue candidato a gobernador y terminó desplazando a Lidia Rojas del control partidista, la convivencia fue cualquier cosa menos tersa: ambos grupos acabaron enfrentados y hasta trascendió públicamente el conflicto por una denuncia de violencia política.
MC empezó entonces a convertirse en una especie de bodega de damnificados electorales: restos del PRI, desencantados de Morena, seguidores de Pech, operadores de Lidia y personajes buscando candidatura.
Mucha tarjeta de presentación, bastante ego y pocos votos suficientes para disputar realmente el poder.
En ese escenario apareció Paola Cervera, quien como candidata a diputada local en 2022 consiguió una votación relevante dentro de los modestos parámetros naranjas. También fue creciendo políticamente Gustavo Pech, hijo de José Luis Pech, y orgullo de su nepotismo, mientras el grupo del exsenador colocaba piezas y disputaba espacios.
Pero Lidia quería otra vez la candidatura municipal, y volvió.
Y volvió a perder en 2024.
Ahí encontró afinidad política con Jorge Álvarez Máynez. Quizá las derrotas compartidas generan solidaridades que las victorias nunca consiguen. El nuevo grupo nacional terminó alejándose de Pech y MC Quintana Roo entró nuevamente en proceso de reacomodo.
Pero mientras unos movían las sillas, otros empezaban a abandonar el salón, una de las bajas más significativas fue Jorge Portilla Mánica, quien representaba para Movimiento Ciudadano una carta competitiva en Tulum y que decidió abandonar el partido.
Portilla, también derrotado anteriormente en las urnas, tiene hacia 2027 probablemente la mejor oportunidad de su carrera para conquistar por primera vez una elección constitucional. Solo que ya no será bajo las siglas naranjas.
Luego vino la supuesta “renovación”.
¿Y qué hicieron?
Trajeron a Joaquín González Castro, político cuyos mejores momentos electorales pertenecen a otra época y a quien le encomendaron reconstruir un partido que necesitaba juventud, operación territorial y nuevos liderazgos.
El resultado hasta ahora no parece reconstrucción, sino desmantelamiento, porque después se marchó Gustavo Pech. También Paola Cervera. Ambos han expresado inconformidades respecto del espacio político que terminó concentrando nuevamente Lidia Rojas en Othón P. Blanco.
En otras palabras: eran pocos… y todavía se dieron el lujo de hacerse menos.
Pero Lidia, de lengua larga y memoria convenientemente corta, encontró ahora otra causa para mantenerse en la conversación pública.
Arremetió contra trabajadores del gobierno estatal que participaron en la movilización de respaldo a Eugenio “Gino” Segura, uno de los personajes mejor posicionados dentro de Morena rumbo a la sucesión de 2027.
Y aquí conviene separar análisis de profecía: todavía falta proceso político y electoral para determinar candidaturas y, mucho más, quién gobernará Quintana Roo. Pero negar que Gino Segura está jugando en primera línea sería negar lo evidente.
Como su adversaria favorita de Lidia está la presidenta municipal Yensunni Martínez Hernández, no estará en la siguiente contienda por la alcaldía, Lidia necesita nuevos molinos contra los cuales lanzar su lanza. Ya cuestionó a la gobernadora Mara Lezama Espinosa y ahora apunta contra Segura.
Lidia se está convirtiendo en una mezcla política de Carmelita Salinas y Niurka Marcos: opina de todo, critica todo y encuentra micrófono para todo, lo peor es que no sabe de nada y no resuelve.
Según su narrativa, trabajadores gubernamentales habrían sido prácticamente obligados a acudir al evento de Gino Segura.
Si tiene pruebas de coacción laboral, que las presente.
Porque las acusaciones serias requieren pruebas serias, no supuestos.
Pero también habría que preguntarle a Rojas Fabro por aquellos episodios que antiguos adversarios le recuerdan de su paso por la entonces Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), cuando señalan que personal subordinado a su señor padre, habría participado en actividades ajenas a sus funciones para favorecer labores políticas.
En política, la memoria selectiva suele ser prima hermana de la hipocresía, y mientras Lidia pelea con medio mundo, Movimiento Ciudadano sigue adelgazando.
Nos cuentan que algunos dentro del propio círculo naranja ya le encontraron apodo: “el torito mecánico”, porque —dicen— pocos la aguantan cinco minutos, mejor se lanzan al vacío.
Cruel, sí, pero la política quintanarroense nunca ha sido precisamente un convento de ursulinas.
Lo verdaderamente grave para MC no son los apodos, sino los números, las salidas, las derrotas y la ausencia de un liderazgo capaz de integrar. Porque mientras Lidia Rojas Fabro parece empeñada en controlar lo poco que queda y Joaquín González Castro no consigue detener la hemorragia, el partido naranja está perdiendo justamente lo que un partido pequeño no puede darse el lujo de perder: militantes, operadores, candidatos y territorio.
MC corre el riesgo de llegar a 2027 convertido en una franquicia con logotipo bonito, prerrogativas, dirigentes y candidatos… pero sin suficientes ciudadanos detrás.
Y entonces Lidia podría intentar por tercera ocasión lo que no consiguió en las dos anteriores.
La diferencia es que una nueva derrota difícilmente tendría el mismo premio de consolación, porque las regidurías plurinominales no son eternas y hasta la paciencia partidista tiene fecha de caducidad.
Así que si Dante Delgado, Jorge Álvarez Máynez, Joaquín González Castro y la dirigencia nacional de Movimiento Ciudadano no revisan qué demonios está ocurriendo en Quintana Roo, pueden llevarse una desagradable sorpresa en 2027.
Porque entre las guerras de Lidia Rojas, la salida de José Luis Pech, Gustavo Pech, Paola Cervera y Jorge Portilla Mánica, más la falta de una estructura electoral robusta, el Movimiento Ciudadano quintanarroense parece estar haciendo exactamente lo contrario de crecer, y si suman a un cascajo del Verde y la política como Gustavo Miranda, adiós incluso al registro.
MC se está encogiendo y cuidado, porque los partidos no pierden el registro de golpe; primero pierden liderazgos, después pierden militantes, luego pierden votos.
Y al final pierden hasta las siglas; mientras tanto, en MC Quintana Roo parece seguir sonando aquella vieja melodía política:
Nanananananana…
Nada por aquí.
Nada por allá.
Y cada día, menos naranja que exprimir.
Lo verdaderamente divertido será observar qué ocurre cuando comiencen a repartirse las candidaturas de 2027. Porque ahí terminan los abrazos, las fotografías, los discursos sobre “lo nuevo” y las sonrisas de dientes para afuera.
Cuando solamente haya una candidatura y cinco aspirantes creyéndose propietarios de ella, veremos cuánto movimiento queda… y cuánto ciudadano sale corriendo.




