Por Joaquín Quiroz
Durante días, calculando perversamente el timing del Cuarto Informe de Gobierno, diversos grupúsculos plenamente identificados emprendieron una campaña de desprestigio contra la gobernadora Mara Lezama Espinosa. Apostaron por debilitarla, instalar artificialmente una percepción de ruptura y vender la absurda narrativa de que había perdido liderazgo o capacidad de operación política. Sin embargo, terminaron con un palmo de narices y ahora, derrotados por la realidad, pretenden presentarse como víctimas de una persecución inexistente.
La respuesta de Mara Lezama no llegó mediante confrontaciones estériles ni pleitos de lavadero, sino con resultados, convocatoria y músculo político. A ras de piso, en el emblemático bulevar Bahía de Chetumal, con el mar como testigo y la significativa Fuente del Pescador como escenario, la mandataria dirigió un mensaje de altura, puntual como siempre, ante miles de quintanarroenses que abarrotaron el lugar.
La presencia de la secretaria de Turismo federal, Josefina Rodríguez Zamora, quien acudió con la representación de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y cuyo nombre comienza a sonar con fuerza rumbo a la gubernatura de Tlaxcala, no fue un detalle menor. Representó el respaldo del Gobierno de México a Mara Lezama, una gobernadora cuyo trabajo ha sido reconocido en reiteradas ocasiones por la propia presidenta de la República.
Mara enumeró los avances alcanzados durante cuatro años de gobierno y recordó, sin necesidad de estridencias, el cochinero administrativo heredado por el adancista Carlos Joaquín González, actualmente embajador de México en Canadá y considerado por amplios sectores como el peor gobernador que ha tenido Quintana Roo. Junto con su inepta secretaria de Finanzas, Carlos Joaquín dejó un estado quebrado, endeudado, dividido y con infraestructura pública abandonada. Mientras Quintana Roo acumulaba carencias, el llamado chespirato se caracterizaba por la opacidad, los privilegios y el manejo discrecional de los recursos públicos.
Desde el primer día, Mara Lezama hizo lo que mejor sabe: trabajar sin descanso, poner orden, gestionar recursos y reconstruir la unidad que Carlos Joaquín destruyó debido a sus frustraciones, venganzas y mezquindades políticas. Mara no solamente recibió un gobierno desfondado; recibió un Quintana Roo lastimado y enfrentado. Su mérito fue entender que la reconstrucción debía ser financiera, social y, sobre todo, política.
La gobernadora abrió espacios, escuchó voces distintas y permitió la participación de grupos que durante años permanecieron marginados. Incluso concedió deferencias y oportunidades a personajes y familias que después mostraron ingratitud, deslealtad y una memoria demasiado corta, como los Ricalde, los Aldana, las Anahís González, los Velasco, los Batún, entre otros beneficiarios del marismo que ahora pretenden desconocer el origen de sus posiciones.
Elegante, firme y con un lenguaje impecable, Mara Lezama presentó los avances diarios de Quintana Roo y dejó claro que las calumnias y las campañas orquestadas por mezquinos oportunistas no tienen cabida frente a una administración dedicada al trabajo, la transformación y la recuperación de la confianza que el neoliberalismo le robó a la gente junto con los recursos públicos.
En primera fila estuvieron quienes verdaderamente entienden la dimensión del proyecto y cuentan con posibilidades reales de darle continuidad: Eugenio “Gino” Segura Vázquez y Ana Paty Peralta de la Peña. Dos jóvenes políticos de formación marista que pueden construir el segundo piso de la transformación quintanarroense, porque los cimientos y el primer piso llevan el sello político, social y administrativo de Mara Lezama.
Gino Segura y Ana Paty Peralta no acudieron únicamente para aparecer en la fotografía. Su presencia expresó disciplina, respaldo y pertenencia a un proyecto político que rebasa intereses personales. Ambos saben que dentro de un año uno de ellos puede convertirse en el relevo de Mara y asumir la gubernatura de Quintana Roo. La sucesión no se resolverá con berrinches, campañas negras ni encuestas fabricadas, sino con territorio, estructura, lealtad, resultados y cercanía con la gente.
También hablaron las ausencias. No estuvieron el tabasqueño Rafael Marín Mollinedo ni la diputada federal con licencia Marybel Villegas Canché. En política, llegar comunica, pero faltar también. Mientras Gino y Ana Paty aparecieron respaldando públicamente al marismo, otros decidieron marcar distancia o simplemente confirmaron que transitan por una ruta distinta.
El Cuarto Informe consolidó a Mara Lezama como la gran operadora y jefa política de Quintana Roo. La vara queda demasiado alta, porque su dinamismo, capacidad de gestión, cercanía popular y nivel de organización difícilmente serán igualados. Dentro del movimiento solamente Gino Segura y Ana Paty Peralta parecen tener las condiciones para disputar y garantizar una continuidad seria, cohesionada y competitiva.
El bulevar Bahía lució lleno. Al concluir el mensaje, largas filas de personas buscaron acercarse a Mara, tomarse una fotografía y expresarle personalmente su reconocimiento. Esa imagen destruyó cualquier campaña artificial de desprestigio: la gobernadora rodeada por la gente, sin barreras y sin esconderse detrás de un templete.
En cuatro años, Mara Lezama ha hecho y gestionado mucho más que varios mamarrachos que ocuparon la gubernatura durante seis años y no consiguieron otra cosa que profundizar el abandono, dividir al estado y protagonizar un insultante enriquecimiento.
Los adversarios quisieron convertir el informe en el principio del debilitamiento de Mara y terminaron presenciando exactamente lo contrario: la confirmación de su liderazgo, la demostración de su fuerza política y el arranque visible de una sucesión que tendrá como protagonistas a quienes comprendan que el poder no se hereda ni se arrebata con calumnias; se construye trabajando, dando resultados y caminando junto al pueblo.
Mara Lezama no solamente rindió cuentas. Dejó claro quién gobierna Quintana Roo, quién conduce políticamente a la entidad y quién tendrá la última palabra en la construcción del relevo.
La glosa, los aliados de Mara y el circo de los diputados
La secretaria de Gobierno, Cristina Torres Gómez, acudió al Congreso del Estado para presentar la glosa del Cuarto Informe de Gobierno de Mara Lezama Espinosa. La ceremonia debía servir para analizar resultados, contrastar cifras y revisar el rumbo de Quintana Roo, pero terminó revelando algo mucho más interesante: dónde están los afectos y los aliados verdaderos de la gobernadora, quiénes respaldan su proyecto y quiénes solamente utilizan la tribuna para disfrazar de oposición sus frustraciones, traiciones y ambiciones personales.
También sirvió para confirmar el lamentable nivel de buena parte de los integrantes de la XVIII Legislatura. Salvo contadas excepciones, el Congreso está convertido en un aparador de mediocridad política. Resulta un desperdicio de curules mantener a tantos ineptos como representantes populares, personajes incapaces de investigar, construir argumentos o formular una crítica seria. Muchos ni siquiera pueden leer correctamente lo que sus asesores les escriben, pero cobran puntualmente y presumen una representación ciudadana que jamás ejercen en territorio.
El primero en exhibirse fue el traidor mayor, el joaquinista y eterno saltimbanqui Filiberto Martínez Méndez, quien subió a tribuna creyendo que había descubierto el hilo negro. Su pretendido discurso terminó pareciéndose más a un barato espectáculo de stand up que a una postura legislativa. El hombre que se ostenta como gran comunicador y estratega político, pero que ha sobrevivido mediante la traición sistemática, quiso hablar del Estado y la gobernanza y Turismo, sin tocar un solo asunto trascendente.
Filiberto Martínez se presentó como remedo de opositor, aunque su historial le resta cualquier autoridad política y moral para impartir lecciones. Al verlo se entiende por qué el PRI prácticamente se extinguió en Quintana Roo: sus sobrevivientes no representan experiencia ni oficio, sino las peores mañas de una clase política que cambia de camiseta, discurso y lealtad según la conveniencia del momento. Filiberto no confrontó al poder; protagonizó una comedia involuntaria.
Después correspondió el turno al panista Ángel Álvarez Cervera, cuyo discurso fue exactamente igual que su desempeño como diputado: soso, insípido, sin ritmo, ni fondo y carente de sustancia. Mal leyendo una intervención incapaz de despertar interés, ofreció una auténtica oda al aburrimiento. Si la intención era fiscalizar al gobierno, fracasó; si pretendía posicionar al PAN como una oposición seria, terminó confirmando su irrelevancia.
Llegó entonces el turno del perínclito legislador del Partido del Trabajo, Hugo Alday Nieto, quien hizo honor al Congreso mediante una pieza oratoria rebuscada que llevó a la concurrencia hasta la antigua Roma, con Bruto, César y las traiciones como protagonistas. Alday siempre procura dejar constancia de que lee y estudia, aunque en términos prácticos y tangibles sus conocimientos difícilmente se convierten en resultados para la ciudadanía.
Entre sus convicciones, sus ideas evolutivas y las críticas que en privado suele formular contra la Cuarta Transformación, Hugo Alday construyó una narrativa sobre quienes traicionaron a la persona y al proyecto que les dieron todo. El problema es que cuando alguien habla tanto de Bruto y César puede terminar describiendo su propio entorno político. Por cierto, entre los asistentes se encontraba el exgobernador Joaquín Hendricks Díaz, testigo presencial de aquella peculiar excursión legislativa por la historia romana.
La participación de Renán Sánchez Tajonar fue distinta. El legislador del Partido Verde pronunció un discurso fuerte, fino y con copia directa para los oportunistas, especialmente para Rafael Marín Mollinedo, aunque no necesitó mencionarlo. El destinatario resultó evidente, igual que sus operadores y diputados: Ricardo Velasco, Andrea González, Alberto Batún y Gabriela Mora.
Renán Sánchez cuestionó a quienes pretenden atacar a la gobernadora sin conocer verdaderamente Quintana Roo, sin recorrer sus comunidades y sin acreditar trabajo territorial. Personajes ensimismados en apoderarse políticamente de la entidad, aunque algunos difícilmente podrían explicar las necesidades de una colonia o señalar en el mapa las comunidades que aseguran representar.
El dirigente verde dejó clara su posición y la de su partido: respaldo firme a Mara Lezama y rechazo a quienes quieren utilizar el Congreso para erosionar un proyecto exitoso mientras preparan el terreno para sus propias ambiciones. Su mensaje tuvo dirección política, destinatarios identificables y una defensa abierta del gobierno. No necesitó gritar ni extraviarse en metáforas históricas para hacerse entender.
Posteriormente intervino el también marinista José Luis Pech Várguez, quien fue abucheado por una parte considerable de la concurrencia. Pech quiso pronunciarse contra la mentira, el robo y la traición, además de condenar el saqueo y los vicios de la política del pasado. El problema fue su profunda falta de memoria.
Pareciera que olvidó sus largos años dentro del sistema que ahora pretende cuestionar. José Luis Pech fue secretario priista de Hacienda y Finanzas, rector de la Universidad de Quintana Roo y secretario de Educación. No observó aquel régimen desde la banqueta: formó parte de él y ocupó posiciones privilegiadas. Tampoco puede borrarse que uno de sus hijos fue públicamente relacionado con irregularidades vinculadas al entramado conocido como la Estafa Maestra, un antecedente que vuelve especialmente temeraria cualquier lección suya sobre honestidad.
Cuando Pech habló de no traicionar se mordió la lengua. Pocos políticos quintanarroenses han saltado entre proyectos con la facilidad del todavía naranja. Visiblemente molesto, haciendo corajes y cargando además con los señalamientos que provocaron su salida de la dirigencia de Movimiento Ciudadano, donde fue acusado de prácticas deshonestas y nepotismo, pretendió colocarse como autoridad moral. No lo consiguió. Quien ha sido parte del problema durante décadas no puede presentarse de pronto como la solución solamente porque cambió de partido y de discurso.
Finalmente participó el presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso, Jorge Sanén Cervantes, quien incluso se permitió responder con ironía al rabioso Pech. Como marista de hueso guinda, Sanén habló de la labor, la trascendencia y los resultados de Mara Lezama al frente del Gobierno del Estado. Su intervención dejó todavía más expuesto a José Luis Pech, a quien tantos años de estudio, cargos y experiencia parecen haberle servido únicamente para acumular contradicciones y protagonizar nuevas penas políticas.
Jorge Sanén fue claro al expresar el respaldo de Morena a la jefa política de Quintana Roo. No simuló neutralidades ni se escondió detrás de discursos ambiguos: reconoció la conducción de Mara Lezama y refrendó la unidad del movimiento en torno a su liderazgo.
El cierre correspondió a Cristina Torres Gómez, quien con el oficio, la experiencia y la estatura política que la caracterizan dio respuesta a los posicionamientos legislativos. No se limitó a enumerar acciones, programas y resultados del gobierno de Mara Lezama. También arremetió contra quienes recurren a la calumnia como herramienta política y recordó una verdad elemental: una mentira, aunque se repita mil veces, seguirá siendo mentira.
La segunda de a bordo en el gobierno marista demostró por qué ocupa la Secretaría de Gobierno. Respondió con firmeza, defendió resultados, puso cada señalamiento en su sitio y estableció una diferencia evidente entre quienes poseen oficio político y aquellos que solamente hacen ruido desde una curul.
Cristina Torres fue ovacionada por buena parte del respetable que acudió al Congreso. No fue una reacción gratuita. Mientras algunos diputados desperdiciaron su turno leyendo ocurrencias, recitando referencias romanas o fingiendo una autoridad moral que no poseen, la secretaria de Gobierno respondió con datos, experiencia y claridad política.
La glosa del Cuarto Informe terminó siendo una radiografía perfecta. De un lado quedaron quienes reconocen el liderazgo de Mara Lezama y entienden que Quintana Roo necesita continuidad, unidad y resultados. Del otro aparecieron los resentidos, los saltimbanquis, los falsos opositores y aquellos que recibieron cargos, oportunidades y privilegios, pero ahora pretenden construir su futuro atacando a quien les abrió las puertas.
En el Congreso no solamente se revisó un informe. También quedaron identificadas las lealtades, las traiciones y la pobreza política de una Legislatura en la que sobran improvisados y faltan auténticos representantes populares.
Cristina Torres llegó con la glosa bajo el brazo y salió con el reconocimiento político de la concurrencia. Los diputados tuvieron la tribuna y, salvo honrosas excepciones, volvieron a desperdiciarla. Porque una curul puede otorgar fuero, salario y reflectores, pero jamás concede inteligencia, congruencia ni estatura política.
Curva peligrosa…
Y si algo quedó claro en el Cuarto Informe de Gobierno de Mara Lezama es que la magia no apareció por generación espontánea. Detrás de un evento impecable, con fuerza política, convocatoria, organización y un mensaje perfectamente cuidado, existió una maquinaria integrada por mujeres y hombres que trabajaron durante días, sin horarios y lejos de los reflectores.
Mención especial merece la coordinadora general de Comunicación, Laura Aguilar Loredo, quien nuevamente demostró oficio para cuidar el mensaje, la imagen y la proyección de la gobernadora. También resultó fundamental la operación del secretario particular, Ángel Rivero Palomo, hombre cercano, leal y eficiente; del oficial mayor, Adrián Díaz Villanueva, quien garantizó que cada detalle logístico funcionara; de la directora de Relaciones Públicas de Zona Norte, Erika Camacho Escalante, responsable de una atención ordenada y a la altura del acontecimiento; así como del secretario técnico, Julio Durán, cuya coordinación permitió mantener alineadas las distintas áreas.
Parte importante del éxito correspondió también a Alma García, directora del Sistema Quintanarroense de Comunicación Social, y a todas y todos decenas de almas responsables de logística, comunicación, protocolo, seguridad y producción que hicieron posible un informe de primer nivel.
En política, los grandes resultados jamás son producto de una sola persona, pero sí requieren liderazgo para coordinar voluntades. Mara Lezama cuenta con un equipo que sabe responder, cerrar filas y dejar hasta la última gota de esfuerzo cuando el proyecto lo exige, enhorabuena.




