Por Joaquín Quiroz Cervantes.
Hay liderazgos que se miden en discursos y otros que se confirman con datos. El arranque de 2026 coloca a Mara Lezama Espinosa en la segunda categoría: la de los hechos verificables.
No es retórica ni propaganda; es medición dura. El Economista, en su primera plana del 26 de enero de 2026, la ubica como la gobernadora con mayor aprobación del país. Ese encabezado no se regala: se gana.
El dato tiene contexto y escenario. Desde Madrid, en una de las vitrinas internacionales más exigentes para México, Mara Lezama se llevó el aplauso. No por la pose diplomática, sino por el contenido de un modelo que hoy se reconoce fuera y se siente dentro.
La gobernadora que escucha, que camina territorio y que gobierna con cercanía no es un eslogan; es una práctica que, cuando se sostiene, termina reflejada en encuestas serias y en titulares relevantes.
El reconocimiento no surge en el vacío. Quintana Roo dejó de ser solo potencia turística para convertirse en referencia de gobernanza con enfoque social, donde la prosperidad se comparte y la política pública tiene rostro humano.
Ese giro explica por qué la mandataria mantiene —y amplía— la confianza ciudadana. No es casualidad que el aplauso internacional coincida con la validación doméstica: coherencia entre lo que se dice afuera y lo que se hace adentro.
Hay otro factor que conviene subrayar con precisión: el respaldo político nacional.
La cercanía y sintonía con Claudia Sheinbaum Pardo no es ornamental; es estratégica.
Alineación en prioridades, disciplina institucional y claridad de rumbo. Cuando un gobierno estatal avanza con respaldo federal, pero sin perder identidad ni autonomía de gestión, los resultados tienden a acelerarse. Eso está ocurriendo en Quintana Roo.
La crítica honesta exige separar popularidad de desempeño. Aquí coinciden. La aprobación no se explica por campañas de imagen, sino por políticas públicas medibles: inversión social focalizada, seguridad con enfoque preventivo, turismo responsable, y una narrativa que no se impone desde el poder, sino que se construye con la gente.
Gobernar escuchando no es una consigna; es un método que reduce errores y mejora decisiones.
Madrid fue testigo de algo más que una gira: fue la confirmación de una gobernadora que crece porque avanza. Avanza en legitimidad, en resultados y en posicionamiento. Y crece porque entiende que el liderazgo contemporáneo se sostiene con datos, no con estridencias.
Por eso el reconocimiento duele a quien apuesta al ruido y fortalece a quien apuesta al trabajo.
Arrancar el año en primer lugar nacional no garantiza el cierre, pero marca el estándar. Mantenerlo exige constancia, autocrítica y ejecución. Si algo ha mostrado Mara Lezama es capacidad para sostener el ritmo sin perder la brújula. En política, eso es excepcional.
Así, con cifras en la mano y aplausos que no se compran, Mara Lezama inicia 2026 como la gobernadora mejor evaluada de México. Lo demás —el ruido, la envidia, la negación— es accesorio. Los datos mandan. Y hoy, los datos hablan claro.
Curva peligrosa..
La próxima llegada del gas natural a Quintana Roo constituye un paso estratégico para fortalecer la competitividad y la seguridad energética del estado. Permitirá reducir la dependencia de combustibles más costosos y contaminantes, mejorar la estabilidad del suministro eléctrico y disminuir los costos operativos para sectores clave como el turismo, los servicios y la industria.
Además, el gas natural ofrece una alternativa de transición más limpia frente al diésel y el combustóleo, con menores emisiones y mayor eficiencia, lo que se traduce en beneficios ambientales y en una mejor calidad del aire. Bien planificada, esta infraestructura puede detonar inversión, modernizar la matriz energética y acompañar el crecimiento económico de Quintana Roo, siempre que se complemente con una visión de largo plazo que integre energías renovables y criterios de sostenibilidad.




