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¿De Sesa a Isla Mujeres? soberbia, grilla, malas compañías y el derrumbe de Flavio Carlos.

Por Joaquín Quiroz Cervantes

En Quintana Roo hay funcionarios que llegan para construir, otros para administrar crisis y unos más simplemente para sobrevivir políticamente. Y luego está Flavio Carlos Rosado, un secretario de Salud que llegó como experimento burocrático y terminó convertido en un monumento a la soberbia administrativa, la grilla barata y el extravío político.

Desde su arribo a la Secretaría Estatal de Salud existían dudas legítimas. No por ilegalidad, porque la ley no exige que el titular sea médico, sino porque SESA no es una oficina menor ni un club social: es una de las estructuras más complejas y sensibles del estado. Manejar hospitales, personal médico, abasto, crisis sanitarias y operación territorial requiere algo más que relaciones públicas y habilidad para tomarse fotos.

Sus antecedentes administrativos en el IMSS y su paso por el DIF de Benito Juárez parecían darle cierta viabilidad al experimento. Parecía. Porque una cosa es administrar y otra muy distinta liderar un sistema de salud fracturado, golpeado y absorbido parcialmente por la reingeniería federal del IMSS Bienestar.

La llegada del IMSS Bienestar dejó a la otrora poderosa SESA reducida, acotada y prácticamente subordinada a una nueva lógica federal. Muchos entendieron el cambio institucional.

Flavio Carlos no. Nunca soportó que Moisés Alejandro Toledo Pensamiento, quien fuera subsecretario en SESA, terminara convertido en su par institucional desde el IMSS Bienestar. Lo que antes veía como subordinación terminó convertido en una competencia silenciosa que evidenció inseguridad, celos políticos y falta de visión.

Mientras el sistema cambiaba, Flavio Carlos se quedó atrapado en la vieja cultura del jefe que cree que desvelarse en oficina viendo el teléfono equivale a gobernar.

El problema es que en SESA ya nadie compra ese discurso del “gran sacrificio”. Tener personal agotado, equipos sin vida propia y jornadas eternas no es liderazgo; es incapacidad para organizar.

Y mientras la salud pública exige estrategia, territorio y resultados, el secretario decidió entrarle al peor negocio posible: creerse político.

Quién sabe quién le vendió la fantasía de que Isla Mujeres lo espera como redentor. De pronto, el funcionario que ni siquiera es originario de la tan localista isla,  comenzó a asumirse más isleño que el tiburón ballena. Y peor aún: abrazado políticamente a los grupos marinistas-ricaldistas, que en el contexto actual equivalen más a un ancla que a una plataforma.

El resultado es grotesco: una Secretaría de Salud operando con brújula electoral y no sanitaria.

Dentro de SESA ya es comentario abierto que prácticamente todo termina orientado a Isla Mujeres. Programas, apoyos, logística, atención y hasta ocurrencias personales del secretario giran alrededor de su obsesión política. En municipios grandes, donde realmente están los retos sanitarios y poblacionales más complejos, sienten que solo los usan para resolverle problemas operativos mientras el consentimiento político se concentra en la isla.

El personal no lo sigue, no lo respeta y muchos ni siquiera esconden la apatía.  Heraldos de Xlalibre nos comentan que la colecta “voluntariamente a fuerzas” para juguetes del Día del Niño fue el mejor termómetro del nivel de rechazo que existe contra el secretario.

Lo que intentó vender como sensibilidad terminó exhibiendo exactamente lo contrario: desconexión total con su propia estructura. Y para rematar, lo poco recaudado terminó nuevamente canalizado a Isla Mujeres, reforzando la percepción de favoritismo enfermizo.

Flavio Carlos parece no entender algo básico: un secretario estatal no puede gobernar desde el capricho regional ni desde la frustración personal de haber perdido poder y presupuesto con el IMSS Bienestar.

Hoy en SESA muchos cuentan los días para su salida. Porque cuando un titular pierde liderazgo, pierde operación. Y cuando pierde operación, comienza a estorbar.

Lo más grave no es que quiera ser presidente municipal de Isla Mujeres. Lo verdaderamente preocupante es que parece ser el único ser humano convencido de que puede lograrlo.

En política hay funcionarios que terminan su ciclo y otros que terminan sepultados por su propio ego. Flavio Carlos va camino a lo segundo: atrapado entre la soberbia, la improvisación y una fantasía electoral que podría terminar mandándolo no a la presidencia municipal, sino al desempleo político y al olvido administrativo.

Curva peligrosa…

La llegada del gas natural a Cancún, Playa del Carmen y Puerto Morelos comienza a perfilarse como uno de los movimientos de infraestructura energética más importantes para el norte de Quintana Roo en décadas. Más allá del discurso, el avance de esta red representa competitividad, modernización y la posibilidad de reducir costos para sectores estratégicos como el hotelero, restaurantero, comercial e industrial.

En una región donde el crecimiento urbano y turístico no se detiene, la infraestructura de gas natural abre la puerta a un modelo energético más eficiente y estable, capaz de acompañar el ritmo de expansión de estos municipios. Cancún y Playa del Carmen, motores económicos del Caribe Mexicano, requieren servicios e infraestructura acordes a su dimensión internacional, y el gas natural se convierte en una pieza clave para ello.

Puerto Morelos, por su ubicación estratégica entre ambos polos turísticos, también comienza a integrarse a esta visión de conectividad y desarrollo energético, consolidándose como parte de un corredor de crecimiento que transformará la dinámica económica de la zona norte del estado.

El avance de este proyecto no solo implica ductos o inversión técnica; representa una señal clara de que Quintana Roo continúa evolucionando hacia una infraestructura más moderna, más competitiva y preparada para el futuro.

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