Por Joaquín Quiroz Cervantes.
Sin duda, Rafael Marín Mollinedo es de esa camada de políticos en la que pareciera que el 90 por ciento de lealtad y apenas el 10 por ciento de capacidad fueron suficientes para ganarse la confianza de su mentor, Andrés Manuel López Obrador. Porque si algo ha dejado en evidencia el tabasqueño es que una cosa es moverse en las alturas del poder federal y otra muy distinta saber hacer política, construir liderazgos y ganar el respaldo ciudadano.
Y ahí está el ejemplo más reciente: después de quedar en tercer lugar en la contienda por la candidatura a la gubernatura, disfrazada de Coordinación de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Quintana Roo, ahora resulta que anda buscando chamba, aunque sea de político municipal, inscribiéndose para competir por la presidencia de Benito Juárez, nuevamente bajo la figura de una coordinación de la Cuarta Transformación.
Y es que el septuagenario ex titular de la Agencia Nacional de Aduanas de México, quien reconoció públicamente que quedó en tercer lugar en las encuestas estatales, parece no haber entendido el mensaje que le dejaron aquellos resultados.
Porque si en el ámbito estatal sus aspiraciones terminaron más frías que trasero de esquimal en un iglú en pleno invierno, ahora pretende encontrar en Cancún el calor político que no consiguió en el resto de Quintana Roo, acompañado, eso sí, por sus incondicionales, sus focas aplaudidoras y ese séquito que confunde la adulación con la operación política.
Vaya manera de entender la política. Primero dijo que estaba cansado, que una campaña representaba demasiado esfuerzo y que mejor regresaría a administrar sus negocios; después reconoció su tercer lugar y aseguró respetar los resultados.
Pero bastaron unas cuantas semanas para que se le olvidara el cansancio, los negocios y hasta sus propias declaraciones, porque nuevamente apareció buscando una candidatura, como si la política fuera una tómbola donde se pudiera intentar una y otra vez hasta conseguir premio.
Y ahora resulta que quiere gobernar Cancún, una ciudad de la que sus críticos cuestionan cuánto conoce fuera del aeropuerto, del lujoso fraccionamiento Puerto Cancún y de la exclusiva Shark Tower, donde tiene un departamento, según se señala en los círculos políticos.
Porque una cosa es vivir entre las comodidades de una zona privilegiada y otra muy distinta conocer las regiones populares, sus colonias, sus problemas de seguridad, drenaje, pavimentación, movilidad, servicios públicos y las necesidades de miles de familias que todos los días salen a trabajar para sacar adelante a los suyos.
Pero el tabasqueño se avienta como el Borras, convencido de que basta con levantar la mano, reunir a sus operadores y presumir relaciones con personajes importantes para convertirse en una opción política.
Y ahí es donde comienzan los problemas, porque una cosa es tener padrinos de peso y otra contar con el arraigo, el trabajo territorial y el respaldo ciudadano que exige una contienda municipal.
Fue de penita ajena ver el registro del llamado TACUN, tabasqueño-cancunense, acompañado por su séquito de operadores y personajes que le hacen comparsa, con el pequeño detalle de que varios de sus acompañantes ni siquiera pertenecen políticamente a Benito Juárez. Y aunque puedan acudir a echarle porras, tomarse fotografías y presumir respaldo, eso no significa que tengan influencia entre los habitantes del municipio ni que puedan ser considerados dentro de una encuesta levantada exclusivamente entre la población cancunense.
Porque ahí está precisamente una de las grandes confusiones de Rafael Marín y sus operadores: creer que llenar una fotografía con personajes políticos equivale a construir una estructura municipal, cuando la verdadera operación se hace en las colonias, en las regiones, en el contacto permanente con la gente y no únicamente
La aspiración del tabasqueño se presenta en un escenario donde MORENA cuenta con otros nombres que también buscan espacios dentro de la coordinación municipal de la transformación. Ahí están Jorge Sanén, Pablo Bustamante y Pablo Gutiérrez, personajes que participan en la vida pública de Benito Juárez y que forman parte de la discusión sobre quién habrá de encabezar el proyecto municipal del movimiento.
Y aquí existe otro elemento que Rafael Marín parece pasar por alto: el género, porque Benito Juárez, por su peso electoral y su condición de municipio de alta competitividad, estará sujeto a las reglas de paridad y a los criterios que determinen la asignación de candidaturas, lo que abre también la posibilidad de que corresponda postular a una mujer.
En ese escenario aparecen nombres como Verónica Lezama Espinosa e incluso Ana Paty Peralta de la Peña, actual presidenta municipal, quien llegó inicialmente a la alcaldía como suplente de Mara Lezama Espinosa y posteriormente obtuvo el triunfo electoral como candidata propietaria. Sobre una eventual nueva postulación existe un tema jurídico que deberá analizarse a la luz de las disposiciones constitucionales y los criterios jurisprudenciales aplicables, porque las condiciones en las que se ejerció inicialmente el cargo y aquellas bajo las cuales fue electa son elementos relevantes para esa discusión.
Así que antes de repartir candidaturas, celebrar triunfos anticipados o sentirse dueño de una coordinación municipal, habrá que revisar las reglas, las encuestas, la competitividad, la paridad y, sobre todo, el respaldo real que cada aspirante tenga entre los cancunenses.
Pero el asunto central es Rafael Marín Mollinedo, quien pareciera empeñado en demostrar que las ganas de ser candidato pueden mantenerse intactas incluso después de un resultado adverso.
Porque querer no es poder, y mucho menos cuando la competencia exige conocer el territorio, contar con estructura, demostrar resultados y convencer a una ciudadanía que tiene problemas bastante más importantes que atender que las aspiraciones personales de un exfuncionario federal.
Y de poco servirán los llamados padrinos mágicos del tabasqueño, esos nombres que aparecen una y otra vez cuando se habla de sus relaciones políticas: Andrés Manuel López Obrador, Adán Augusto López Hernández y Andrés Manuel López Beltrán, Andy. Porque podrán existir afinidades, respaldos y vínculos construidos durante años, pero ninguno sustituye el resultado de una encuesta ni convierte automáticamente a un aspirante en representante de los habitantes de Cancún.
Porque en política nadie tiene prohibido aspirar, pero tampoco existe obligación alguna de concederle la razón a quien simplemente levanta la mano, mucho menos cuando ya tuvo oportunidad de medirse y los resultados no correspondieron con las expectativas que había generado.
Curva peligrosa…
Y siguen los registros; en las próximas horas estaremos viendo que se inscribirán por las coordinaciones municipales de la 4T, por Playa del Carmen personajes como María José Osorio Rosas, por Othón P. Blanco David Hernández Solís, Juan Carrillo Soberanis por Isla Mujeres, Rivelino Valdivia por Bacalar, Renán Sánchez y José Luis Chacón por Cozumel, por Benito Juárez, Jorge Sanén, Pablo Bustamante, Pablo Gutiérrez, Vicente Franco por Puerto Morelos, personajes que sin duda se están apuntando para ganar.
En tanto, hay otros que nomás lo hacen para dar lástima, tales como Orlando Muñoz, Lenín Amaro en Playa del Carmen, en Isla Mujeres, José Aguilar, Fernando Bacelis y Suemi González, en Bacalar, Laureano Coronado.
Así que se está viendo muy claro los que se están anotando para ganar y los que lo hacen para dar lástima.




