Por Joaquín Quiroz
El tiempo pasa, los calendarios políticos avanzan y aquello que hace algunos meses parecía todavía lejano empieza a tomar forma en Quintana Roo. La sucesión gubernamental está ahí, presente en conversaciones, mediciones, recorridos, encuentros y movimientos, aunque los tiempos formales todavía tengan su propia ruta.
Y dentro de ese escenario hay un nombre que, si la definición de género para encabezar la candidatura de la Cuarta Transformación en Quintana Roo correspondiera a una mujer, tendría que estar necesariamente en la persona de: Ana Paty Peralta de la Peña.
Porque una cosa es aspirar y otra muy distinta tener con qué.
En política abundan quienes quieren ser, pero son bastante menos quienes pueden acreditar resultados, votos, experiencia, disciplina y, sobre todo, capacidad para salir a territorio sin sentirse incómodos fuera de una oficina.
Ana Paty pertenece a esta segunda categoría.
La presidenta municipal de Benito Juárez ha demostrado algo que parece sencillo, pero que no todos los políticos poseen: disfruta la política de calle. Se le ve cómoda entre la gente, caminando colonias, saludando, escuchando, dialogando y entrando en contacto directo con los ciudadanos.
No parece cumplir una obligación cuando está en territorio; se nota que ahí encuentra buena parte de su hábitat político.
Y eso no se aprende en un curso de marketing político ni puede fabricarse desde una oficina de comunicación social.
Ana Paty Peralta no apareció ayer en la política quintanarroense ni surgió producto de una coyuntura sucesoria.
Ha construido una carrera paso a paso.
Fue regidora del Ayuntamiento de Benito Juárez, diputada local, diputada federal y posteriormente asumió la Presidencia Municipal de Benito Juárez, en un interinato con suplente primero, y despúes por segunda ocasión como ganadora en las urnas como candidata titular.
Cada encomienda le ha permitido sumar experiencia, tablas y conocimiento de la administración pública, pero también algo fundamental: contacto directo con la gente.
Y ahí hay una diferencia importante.
Porque gobernar Cancún no es administrar cualquier municipio.
Benito Juárez concentra una enorme población, una actividad económica gigantesca, una dinámica turística internacional y problemas metropolitanos que obligan a tomar decisiones todos los días.
Es una extraordinaria escuela política, pero también una trituradora para quien no tenga capacidad, Ana Paty llegó primero a concluir una administración municipal y posteriormente salió a pedir directamente el respaldo ciudadano.
El resultado fue contundente.
Fue la edil más votada en los pasados comicios, y eso representa un activo político que no puede minimizarse.
Porque en política los votos pesan bastante más que las encuestas de escritorio, los elogios de ocasión o las campañas artificiales en redes sociales.
Hay otra característica de Ana Paty Peralta que tampoco debería pasar inadvertida en la sucesión quintanarroense: es una política acostumbrada a los procesos electorales y a ganar.
Desde que fue regidora, después diputada local, diputada federal y posteriormente presidenta municipal, ha ido acumulando triunfos y experiencia.
Cada nueva responsabilidad le ha dado algo distinto.
El Cabildo le dio conocimiento municipal; el Congreso estatal, tablas políticas; la Cámara de Diputados, visión nacional; y gobernar Benito Juárez le ha dado algo mucho más complejo: capacidad ejecutiva.
Pero además ha desarrollado experiencia electoral, sabe lo que significa caminar una campaña, mantener disciplina, respetar estructuras, construir equipos, y fundamentalmente, sabe conectar con la gente.
Hay políticos que cuando entran en campaña se transforman porque tienen que aprender a sonreír, abrazar, escuchar o caminar mercados.
En Ana Paty ocurre al revés, se relaja y se divierte, la campaña parece resultarle natural.
Ese atributo puede parecer menor para quienes observan la política solamente desde los escritorios, pero quienes hemos recorrido campañas durante muchos años sabemos que constituye una ventaja enorme.
La gente detecta rápidamente cuándo alguien está ahí porque quiere estar y cuándo solamente está porque alguien le dijo que tenía que hacerlo.
Los años al frente del Ayuntamiento de Benito Juárez han terminado por moldear a una Ana Paty distinta a aquella joven política que inició como regidora.
Hay mayor temple, oficio, conocimiento de gobierno, y también la experiencia que inevitablemente proporcionan los problemas.
Porque gobernar significa acertar, pero también equivocarse, corregir, enfrentar crisis, administrar presupuestos, tomar decisiones y aprender que cada determinación tiene consecuencias.
Todo ello suma, Ana Paty ha ido construyendo así una personalidad política propia.
Disciplinada, institucional, cercana y con una característica particularmente valiosa dentro de cualquier proyecto político: es una mujer de una sola pieza.
No es estridentem, no necesita pelearse diariamente con alguien para hacerse notar, no construye su presencia política desde el escándalo.
Ha optado por otra fórmula: trabajar, recorrer territorio y acumular capital político.
Y ahí están sus resultados electorales como carta de presentación.
La sucesión de Quintana Roo todavía tendrá capítulos, acomodos, decisiones nacionales y variables que nadie sensato puede dar por resueltas anticipadamente.
Morena tendrá que ponderar género, competitividad, encuestas, acuerdos internos, posicionamiento y el proyecto nacional.
Pero si la decisión finalmente favoreciera a una mujer, Ana Paty Peralta tendría argumentos muy sólidos para estar en esa definición.
Porque no bastará con ser mujer, habrá que poder ganar, tener conocimiento territorial, contar con estructura, soportar una campaña estatal, y después, lo verdaderamente importante: habrá que saber gobernar.
En esas variables Ana Paty tiene mucho que mostrar.
Y quizá una de sus mayores fortalezas sea precisamente que mientras otros pueden estar demasiado ocupados pensando cómo convertirse en candidatos, ella continúa haciendo aquello que más capital político le ha producido: trabajar y estar cerca de la gente.
La política tiene muchas reglas no escritas, pero una permanece vigente generación tras generación: quien pretende gobernar primero debe aprender a conocer a quienes quiere gobernar.
Ana Paty lleva años haciéndolo, por eso, si llegado el momento la candidatura de la 4T en Quintana Roo tiene nombre de mujer, nadie debería sorprenderse de que Ana Paty Peralta esté ahí, competitiva, fortalecida y levantando la mano con algo que no se compra ni se improvisa: trayectoria, territorio y votos.
Porque candidaturas puede haber muchas, mujeres con experiencia, resultados, oficio político y capacidad probada para ganar elecciones, no tantas.




