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Campañas sin ser campaña: los punteros caminan, los demás simulan.

Por Joaquín Quiroz

Y bueno, arrancó la primera semana de campañas sin ser campaña rumbo a definir quién será el o la candidata de MORENA a la gubernatura de Quintana Roo para el proceso del 6 de junio de 2027.

En estos tiempos anticipados, apenas a una semana de que se realizaran los registros pertinentes ante MORENA, inició esta competencia que no se llama competencia, pero que en los hechos ya mueve territorio, estructura, narrativa, mediciones y señales políticas.

La meta está clara: llegar a la encuesta y ganarla como primer paso. Este resultado más lo dicho por quienes toman decisiones definirán quién encabezará los trabajos de la defensa de la Cuarta Transformación y de la soberanía en Quintana Roo, con miras a relevar a la gobernadora Mara Lezama el 25 de septiembre del próximo año.

Y aunque algunos quieran disfrazar el momento, la realidad es que la carrera ya empezó, y como siempre sucede en política, no basta con levantar la mano: hay que caminar, convencer, operar y demostrar músculo real.

En ese tablero, así como aparecen como punteros en las encuestas, también lo están siendo en el trabajo territorial Ana Paty Peralta de la Peña y Eugenio “Gino” Segura. Ambos están aplicados a recorrer Quintana Roo, llevar el mensaje de la 4T a todos los rincones de la entidad y encabezar asambleas informativas con ritmo, presencia y estructura.

Fiel a su estilo de ir con todo, a paso veloz y sin bajar intensidad, la edil de Cancún con licencia, Ana Paty Peralta, se dejó ver muy movida por toda la entidad. Esta semana estuvo en Chetumal, Bacalar, Felipe Carrillo Puerto, Tulum, Puerto Morelos y otros puntos, marcando presencia y mandando un mensaje claro: va en serio, va con territorio y va con disciplina política.

Con el ímpetu y la energía que la caracterizan, abordando y trasladándose incluso en el Tren Maya, Ana Paty se ha mostrado afable, amable, cercana y comprometida con su labor.

Sin duda, proyecta una imagen de lo que es, una mujer de trabajo, con ritmo 24/7, de sol a sol, muy al estilo de su jefa política, la gobernadora Mara Lezama. No se trata solo de aparecer en fotografías, sino de sostener una narrativa de cercanía y movimiento permanente.

En tanto, Eugenio “Gino” Segura también ha hecho bastante territorio, particularmente en el principal y más grande municipio de Quintana Roo: Cancún. El senador con licencia, quien ha sido pilar y vanguardia en MORENA, se ha reunido con diversos personajes, avanzando con trato afable, cercano y sin poner pretextos. Su apuesta es clara: resultados, estructura y conexión política.

Eso explica por qué Gino aparece en las encuestas como el personaje mejor calificado para encabezar los trabajos de la defensa de la Cuarta Transformación y la soberanía en Quintana Roo. No es casualidad. En política, las encuestas no se alimentan solo de deseos, sino de presencia, operación, percepción pública y capacidad de conectar con los distintos sectores.

Mientras Ana Paty y Gino caminan, los demás suspirantes parecen dormir el sueño de los justos. Rafael Marín Mollinedo, a bordo de sus lujosas camionetas y con ostentosos e intimidantes dispositivos de seguridad, hace giras de a ratitos, acompañado de los mismos personajes de siempre, esos que lo siguen desde el inicio y que en su mayoría poco o nada suman.

Ahí aparecen cuadros como Humberto Aldana, Ricardo Velasco, Julián Ricalde, Alberto Batún, personajes que transitan en la política como aviadores, sin mayor chiste, mérito o aporte real.

Y de ahí para afuera, el acompañamiento de Marín parece más bien una colección de cascajo y merma política: figuras que desde hace tres sexenios no son incluidas en proyectos relevantes por su inutilidad, falta de compromiso y, en algunos casos, por severas dudas sobre su honestidad y factibilidad política.

Eso es lo que trae Rafael Marín. Una burbuja pesada, cara, aparatosa, pero políticamente poco rentable. Y lo más llamativo es que ni siquiera los raquíticos cuadros políticos del PT se le ven haciendo segunda con fuerza. Hugo Alday, Susana Dzib y Rubén Carrillo no aparecen como una estructura entusiasta o determinante que pueda cargarle el proyecto.

A quien sí se le vio en la Ciudad de México fue a “Lord Relojes”, apodo dado a Alex Tonatiuh Márquez Hernández, exdirector de Investigación Aduanera de la Agencia Nacional de Aduanas de México, la ANAM. Finísimo personaje, conocido por señalamientos de corrupción y tráfico de influencias, quien apareció junto a su protector y guía, Rafael Marín Mollinedo, echándole porras en el World Trade Center de la Ciudad de México.

La escena no es menor. En tiempos donde la 4T presume austeridad, pueblo, territorio y cercanía, aparecer rodeado de personajes con ese tipo de carga política y reputacional no fortalece: contamina. Y en una competencia donde la percepción pesa, ese tipo de compañías dicen más que cualquier discurso.

Por su parte, la diputada federal con licencia Marybel Villegas realiza algunos recorridos, mayormente en Cancún, aunque lo más visible de su operación parecen ser sus fotógrafos y camarógrafos. La estrategia luce más enfocada en simular volumen mediático que en construir una presencia territorial profunda. Mucha cámara, mucho ángulo, mucho encuadre, pero poco impacto real en el ánimo político del estado.

Y finalmente está Alexa Murguía, diputada local con licencia y suspirante del Partido Verde Ecologista, quien ni siquiera parece hacer el intento de simular campaña. Fuera de acudir al registro, no se le ha visto haciendo prácticamente nada. En política, la ausencia también comunica, y en este caso comunica desánimo, falta de estructura o una candidatura que no termina de despegar.

Así que esta primera semana deja una lectura contundente: mientras algunos están haciendo política de verdad, otros apenas administran la ilusión de que compiten. Ana Paty Peralta y Gino Segura salieron a caminar, a saludar, a reunirse, a escuchar y a ocupar territorio.

Los demás, entre camionetas de lujo, camarógrafos, viejos acompañantes, cascajo político y silencios inexplicables, parecen confirmar que una cosa es registrarse y otra muy distinta tener con qué competir.

En Quintana Roo, la sucesión ya se mueve. Y aunque todavía quieran llamarle asambleas, recorridos o trabajos informativos, todos saben que el tablero está abierto. La diferencia es que unos están construyendo futuro, mientras otros apenas cargan pasado.

Dios no los ve y el diablo los aborrece

Dice el viejo refrán que Dios los hace y el diablo los junta, pero en esta escena política de Quintana Roo habría que actualizar el dicho: Dios no los ve y el diablo los aborrece.

Porque vaya postal la que se dejó ver en la Zona Continental de Isla Mujeres, en una celebración del Día del Padre bastante desfasada, poquito fuera de calendario, pero muy metida en la grilla.

Ahí apareció el todavía secretario de Salud, Flavio Carlos Rosado, el isleño al vapor, acompañado de José Alfredo Contreras, “Chepe”, personaje que llegó a su tercera oportunidad como presidente municipal de Bacalar con la expectativa de que ahora sí haría lo que en sus dos periodos anteriores omitió. Pero no. Para muchos, esta tercera vuelta no ha sido la vencida, sino la peor de todas.

Chepe tenía una condición política que no era menor: ser el único quintanarroense que ha encabezado su municipio en tres ocasiones. Eso, bien usado, pudo haber sido experiencia, oficio, corrección de errores y madurez pública. Pero en los hechos, para buena parte de sus gobernados, terminó siendo confirmación de que hay políticos que no aprenden: solo regresan, dijera el refrán Chango viejo no aprende maroma nueva.

Y en esa lógica del absurdo, Chepe se aventó cerca de 400 kilómetros desde Bacalar hasta la Zona Continental de Isla Mujeres para ir a servir una taquiza a los nuevos paisanos de Flavio.

Sí, porque mientras Bacalar tiene pendientes, reclamos, rezagos y una ciudadanía que esperaba algo más de quien presume tanta experiencia, el edil prefirió entrarle al escabeche, la cochinita, la tortilla y la salsa en territorio ajeno.

No está mal servir tacos. Lo criticable es la postal política: un presidente municipal ausente de sus prioridades, operando afectos fuera de su demarcación, mientras su municipio sigue esperando que el tercer periodo sea algo más que una repetición cansada de lo que ya no funcionó.

Y del otro lado estaba Flavio Carlos Rosado, quien cobra como secretario de Salud, aunque por momentos pareciera que su agenda real está más cerca de Isla Mujeres que de los hospitales, centros de salud y necesidades de la SESA. Porque mientras las quejas por falta de servicios, atención deficiente y carencias en el sistema de salud son la constante, el funcionario anda jugando al político en la Zona Continental.

Isla Mujeres ya parece la sede alterna de la Secretaría de Salud. No porque ahí se resuelvan los grandes problemas sanitarios del estado, sino porque ahí pareciera despachar emocional, política y aspiracionalmente Flavio. Cada vez queda más claro que el secretario trae más puesta la mirada en la sucesión municipal que en la salud pública de Quintana Roo.

La escena da pena porque ambos personajes daban para más. Chepe pudo usar su tercera oportunidad para cerrar con dignidad política, para demostrar que el tiempo le dio oficio, visión y compromiso. Flavio pudo concentrarse en ordenar una Secretaría de Salud donde las quejas no son invento ni rumor, sino reclamo cotidiano de ciudadanos que necesitan médicos, medicinas, atención y respuestas.

Pero no. Uno termina convertido en alcalde-taquero itinerante y el otro en secretario-candidato en calentamiento. Y así, entre cochinita pibil, tortillas, saludos forzados y sonrisas de foto, se confirma que algunos políticos están en todo, menos en lo que deben.

Porque, sin discusión, como político Chepe resultó muy buen taquero. Y pareciera que, como secretario de Salud y aspirante a edil de Isla Mujeres, Flavio es un excelente empresario.

El problema es que Quintana Roo no necesita funcionarios de utilería, ni alcaldes de parrilla y lata, ni secretarios que confundan la salud pública con plataforma electoral.

La política tiene memoria, y la gente también. Y cuando los servidores públicos se distraen demasiado en su futuro personal, suelen olvidar que su presente lo paga el pueblo.

Ahí está el verdadero detalle: no se les reclama que convivan, se les reclama que anden muy ocupados en la grilla mientras sus responsabilidades principales parecen seguir esperando turno.

Al final, la imagen fue clara: Chepe lejos de Bacalar, Flavio lejos de la SESA y ambos muy cerca de la simulación. Una postal perfecta de esos personajes que no terminan de entender que el poder no es paseo, no es taquiza, no es promoción anticipada. El poder es responsabilidad. Y cuando se usa para jugar a otra cosa, la ciudadanía lo nota, lo comenta y tarde o temprano lo cobra.

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