Por Joaquín Quiroz Cervantes
En política no hay espacio para improvisados. Gobernar una ciudad como Cancún exige estructura, disciplina y, sobre todo, conducción política. En ese tablero, la presidenta municipal de Benito Juárez, Ana Patricia Peralta de la Peña, ha decidido jugar con una línea clara: continuidad absoluta al proyecto que encabeza su jefa política y mentora, Mara Lezama.
Cancún no es un municipio menor. Es el motor económico de Quintana Roo y el destino turístico más importante de América Latina. Administrarlo implica equilibrio entre crecimiento urbano, servicios públicos, seguridad y promoción internacional.
En ese contexto, Ana Paty ha entendido que su fortaleza no radica en reinventar el modelo, sino en profundizarlo. La coordinación con la gobernadora no es retórica; es operativa. Es presupuestal. Es territorial.
El llamado “marismo” no es un eslogan: es una metodología de trabajo 24/7, de presencia constante en colonias, de ejecución de obra pública con enfoque social. Bajo esa lógica, Cancún avanza en pavimentaciones, recuperación de espacios públicos, modernización de servicios y fortalecimiento institucional.
No se trata únicamente de mantener la marca turística, sino de consolidar a Cancún como la capital mundial de las vacaciones, sin descuidar la justicia social en las supermanzanas y regiones populares.
Ana Paty Peralta no llega improvisada. Su trayectoria —regidora, diputada local, diputada federal y hoy en su segunda etapa como presidenta municipal— le otorga una curva de aprendizaje que hoy se traduce en gobernanza más técnica y menos experimental.
Es, sin duda, la alcaldesa con mayor experiencia política en funciones en el estado.
Pero hay un dato político central: su liderazgo no compite con el de Mara Lezama; lo complementa. Esa disciplina vertical dentro del proyecto de transformación evita fracturas y envía un mensaje de estabilidad.
En tiempos donde otros apuestan por protagonismos aislados, Cancún muestra alineación estratégica con el gobierno estatal y con la agenda nacional.
La lectura es clara: Ana Paty es un activo sólido del proyecto transformador porque entiende la jerarquía política y la respeta. En la capital económica de Quintana Roo, la camiseta del marismo no solo se porta, se ejerce.
Movilidad con visión de Estado.
Cuando un gobierno entiende que la movilidad no es concesión sino derecho, empieza a gobernar en serio. La gobernadora Mara Lezama vuelve a colocar a Chetumal en el centro de la agenda pública al anunciar la nueva ruta piloto “4 de Marzo” y la ampliación de la ruta Calzada Veracruz hasta la Universidad Autónoma de Quintana Roo.
No es un anuncio menor. Después de más de 15 años sin transporte urbano formal eficiente, la capital del estado empieza a reconstruir su sistema de movilidad con lógica social. La integración de la UQROO al esquema formal corrige una deuda histórica con estudiantes y docentes; no se puede hablar de acceso a la educación si el traslado es un obstáculo diario.
La ruta “4 de Marzo” impactará directamente a más de 26 mil personas en 42 colonias. Eso es planeación con datos, no ocurrencias. Además, el modelo piloto, previo a la llegada de unidades eléctricas, muestra gradualidad técnica y visión sustentable.
En política pública, los detalles cuentan. Aquí hay ruta, horario, cobertura y gratuidad dominical. Hay dirección. Y cuando hay dirección clara, hay gobierno.
Curva peligrosa..
La llegada del gas natural a Quintana Roo no es un anuncio más; es un parteaguas estructural. Significa energía más limpia, costos operativos más bajos para hoteles, industrias y comercios, y mayor competitividad para un estado cuya economía depende del turismo y los servicios.
En términos técnicos, el gas natural reduce emisiones frente al combustóleo y al diésel, estabiliza el suministro eléctrico y fortalece la seguridad energética regional. En términos económicos, abre la puerta a nuevas inversiones, abarata procesos productivos y genera condiciones para un crecimiento más ordenado.
Hay júbilo, sí, pero con fundamento: cuando la infraestructura energética se moderniza, el desarrollo deja de ser discurso y se convierte en plataforma real de crecimiento. Quintana Roo da un paso hacia una economía más eficiente, sustentable y preparada para el futuro.




