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MARYBEL: EL CHANTAJE COMO ESTRATEGIA Y LA VIGENCIA COMO OBSESIÓN

Por Joaquín Quiroz Cervantes

En política hay dos formas de sobrevivir: construyendo capital real o simulando que se tiene. Marybel Villegas Canché eligió la segunda. Y no es nuevo, es un patrón.

Un modus operandi que se activa con precisión quirúrgica cada vez que se acerca el ciclo electoral y el reloj empieza a asfixiar.

La fórmula es burda, pero constante: se obtiene un cargo, se administra con bajo perfil —por no decir con irrelevancia—, y cuando la curva descendente de visibilidad se vuelve inevitable, aparece el teatro.

Se acelera la narrativa, se inventa persecución, se sobreactúa la victimización y se lanza una ofensiva mediática para presionar, chantajear y negociar.

No es percepción, es conducta reiterada.

En el Congreso, su paso ha sido, en términos prácticos, intrascendente. Sin agenda sólida, sin presencia territorial consistente —particularmente en el sur del estado— y sin construcción política de base.

Lo que sí hay es activismo de coyuntura disfrazado de gestión: reparto de periódicos, apariciones calculadas y alineamientos oportunistas, como su súbita cercanía con proyectos que le permitan subirse a una narrativa que no construyó.

Cuando el calendario le recuerda que el cargo tiene fecha de caducidad, activa el siguiente movimiento: confrontar instituciones. Ahora el blanco es el Instituto Electoral de Quintana Roo.

Se dice perseguida, difamada, atacada. El libreto es predecible. Lo que omite, convenientemente, es que ha sido beneficiaria directa del mismo entramado institucional que ahora descalifica, colocando incluso perfiles afines en posiciones clave. Criticar hoy lo que ayer le sirvió no es congruencia, es oportunismo.

El problema de fondo no es el discurso, es la credibilidad. Y esa está erosionada. Porque la memoria política existe, y pesa. Transitar del PRI al PAN, del PRD a Morena, defender causas según la conveniencia del momento, respaldar decisiones controvertidas como la concesión de Aguakan y luego intentar reescribir la narrativa como si el pasado no existiera, tiene un costo. Y ese costo es la desconfianza.

A esto se suma otro factor más delicado: la ruptura con sus propias estructuras.

Quienes en algún momento caminaron con ella han ido entendiendo que el proyecto no es colectivo, sino personal. Que las negociaciones no son para fortalecer equipos, sino para asegurar posiciones individuales. Y en política, cuando te quedas solo, no es casualidad, es consecuencia.

Lo que estamos viendo no es una estrategia de crecimiento, es una estrategia de supervivencia.

Una apuesta desesperada por mantenerse vigente en un escenario donde su capital político real se ha reducido drásticamente.

El 2027 no es una oportunidad para todos. Para algunos es una prueba de realidad.

Y en ese tenor, el chantaje deja de ser herramienta y se convierte en síntoma: el de una carrera que, sin narrativa creíble ni base sólida, depende cada vez más del ruido que de los resultados.

Curva peligrosa…

El gas natural dejó de ser una promesa lejana para convertirse en un factor estratégico de desarrollo para Quintana Roo. Su llegada no es un tema menor: implica reducción de costos energéticos, mayor competitividad para el sector turístico e industrial y una alternativa más limpia frente a otros combustibles.

En términos reales, el impacto será directo. Hoteles, comercios e industrias podrán operar con mayor eficiencia, mientras que nuevas inversiones encontrarán condiciones más atractivas para instalarse en la región. Cancún, Playa del Carmen y Puerto Morelos están en la antesala de una transformación energética que llevaba años postergada.

Aquí no hay espacio para la simulación: la infraestructura de gas natural es desarrollo tangible, medible y con efectos inmediatos en la economía. Quien no entienda eso, simplemente no está leyendo el futuro

CURVA PELIGROSA …

Para Quintana Roo, el gas natural es una decisión estratégica, no una opción secundaria. Durante años, el estado ha operado con una desventaja estructural: energía cara, dependiente de combustibles como el diésel y el combustóleo, lo que eleva costos en todos los sectores productivos.

Su incorporación permite corregir ese rezago. Reduce costos de generación eléctrica, estabiliza tarifas y mejora la eficiencia operativa de hoteles, comercios y servicios, que son la base económica del estado. En un destino turístico, donde cada gasto impacta en la competitividad, contar con energía más barata y confiable marca una diferencia real frente a otros mercados internacionales.

Además, el gas natural abre la puerta a la diversificación económica. Sin esta infraestructura, Quintana Roo queda limitado casi exclusivamente al turismo. Con ella, se vuelve viable atraer industria ligera, logística y nuevos desarrollos que generen empleos mejor remunerados y reduzcan la dependencia de una sola actividad económica.

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