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La política se ordena: dos cartas reales y un espejismo

Por Joaquín Quiroz Cervantes

Conforme avanza marzo y el calendario político comienza a acomodar las piezas del tablero rumbo al 2027, la política quintanarroense empieza a regresar a un terreno que siempre termina imponiéndose: el de la realidad.

Porque en política, como en la vida pública, tarde o temprano el sentido común termina por aplastar las fantasías, los rumores y los escenarios imaginarios que algunos intentan construir desde la comodidad del resentimiento o la nostalgia de un poder que nunca tuvieron.

Al hacer un corte serio del momento político que vive Quintana Roo, el panorama dentro de Morena comienza a delinearse con claridad.

Más allá del ruido artificial que ciertos grupos intentan provocar, en los hechos únicamente hay dos figuras que reúnen los elementos básicos que exige una candidatura competitiva a la gubernatura: legitimidad electoral, presencia territorial, capital político real y cercanía con el proyecto que gobierna la entidad.

Esos nombres son claros: Eugenio “Gino” Segura y Ana Paty Peralta de la Peña.

Ambos representan una generación política distinta. No son improvisados ni herederos de viejas estructuras que durante décadas confundieron el servicio público con patrimonio personal.

Son jóvenes formados, con preparación académica, trayectoria institucional y, sobre todo, con algo que en política pesa más que cualquier discurso: victorias electorales y trabajo en territorio.

En una entidad donde durante muchos años la política fue dominada por figuras importadas o por intereses externos, tanto Gino como Ana Paty representan algo que el electorado quintanarroense valora cada vez más: arraigo real en la tierra que gobiernan. Son cancunenses, han construido su vida en el estado, han formado familia aquí y su carrera pública está ligada al desarrollo de Quintana Roo.

Pero hay otro elemento que no puede ignorarse en este análisis: la conducción política de Mara Lezama.

La gobernadora no sólo ganó una elección histórica; también ha construido una corriente política propia dentro de Morena en la entidad. Un liderazgo que se ha consolidado no sólo por su popularidad, sino por su capacidad de formar cuadros políticos que acompañen su proyecto de transformación.

En ese esquema, tanto Ana Paty como Gino son piezas centrales.

Ana Paty asumió el gobierno de Benito Juárez —el municipio más importante del estado— y ha logrado consolidarse como una alcaldesa con resultados medibles, siguiendo el legado de Mara Lezama.

Su gestión ha apostado por fortalecer la seguridad, ampliar los programas sociales y sostener el ritmo de crecimiento de una ciudad que concentra buena parte de la economía turística del país.

Gino Segura, por su parte, ha transitado con habilidad del ámbito estatal al nacional.

Desde el Senado se ha convertido en una voz activa dentro de la agenda legislativa, mientras en territorio mantiene un contacto permanente con la ciudadanía a través de sus casas de gestión y recorridos constantes por los municipios del estado.

Su presencia en el Consejo Nacional de Morena y su interlocución con actores del gobierno federal muestran a un político en crecimiento.

Mientras estas dos figuras consolidan su presencia, en la otra esquina del tablero el panorama es muy distinto.

El llamado grupo Tabasco ha intentado posicionar a su carta en Quintana Roo, pero la realidad es terca: la política no se construye con espectaculares ni con visitas esporádicas. Se construye caminando el territorio, escuchando a la gente y generando vínculos reales con la sociedad.

En ese terreno, el todavía titular de Aduanas, Rafael Marín, enfrenta una dificultad evidente: su presencia política en el estado sigue siendo limitada. Incluso él mismo ha reconocido que sus visitas a Quintana Roo son esporádicas, lo que inevitablemente genera una distancia con el electorado local.

A eso se suma el desgaste que provocan ciertos episodios y cuestionamientos que han comenzado a circular en el debate público nacional, lo cual complica aún más la construcción de una candidatura sólida.

Por eso, cuando se separa el ruido del análisis serio, la conclusión es clara.

Mientras Gino Segura y Ana Paty Peralta continúan fortaleciendo su presencia política y administrativa, consolidándose como perfiles competitivos rumbo al futuro, en el otro frente el proyecto que intenta impulsarse desde fuera del estado parece caminar cuesta arriba.

La política, al final, siempre termina acomodándose donde debe.

Y en Quintana Roo, el tablero empieza a mostrar con nitidez quiénes realmente están jugando la partida… y quiénes apenas siguen intentando entrar a la mesa.

Cuando la política se desnuda: la fallida ley mordaza y el ridículo legislativo

En política hay momentos que, sin proponérselo, retratan con absoluta claridad de qué está hecho cada actor público.

Y lo ocurrido con la fallida iniciativa conocida ya en el debate público como la “ley mordaza” en el Congreso de Quintana Roo es uno de esos episodios que exhiben no sólo la torpeza legislativa, sino también el carácter —o la ausencia de él— de quienes pretendieron empujarla.

Porque lo que comenzó como un intento de iniciativa terminó convertida en un espectáculo de ineptitud política.

Los todavía diputados Ricardo Velazco, del PT, y Hugo Alday, de Morena, pretendieron vestir de legalidad lo que en el fondo era un despropósito: una iniciativa que buscaba limitar y controlar la crítica en redes sociales y medios digitales, en un país donde precisamente la modernidad tecnológica ha permitido que la ciudadanía evidencie abusos de poder, corrupción y excesos de quienes ejercen cargos públicos.

No es un secreto que, desde la llegada de los teléfonos inteligentes y las plataformas digitales, muchos de los episodios más vergonzosos de la clase política han salido a la luz precisamente gracias a la libre circulación de información. Videos, fotografías y testimonios que antes quedaban enterrados en los cajones del poder, ahora recorren el país en cuestión de minutos.

Pretender legislar contra esa realidad no sólo es ingenuo: es profundamente autoritario.

Pero el problema no fue únicamente la mala idea. El problema fue la forma en que estos dos legisladores evidenciaron su falta de responsabilidad política cuando el intento les explotó en las manos.

Luego del rechazo público, del ridículo mediático y del evidente malestar de periodistas y comunicadores, la iniciativa se convirtió en un fiasco monumental. Y fue entonces cuando ocurrió lo verdaderamente revelador: quienes impulsaron el proyecto desaparecieron del escenario.

La diputada María José Osorio Rosas, a quien habían involucrado en la propuesta, terminó siendo la única que mostró algo que en política se reconoce y agradece: valor para dar la cara. Convocó a los medios, escuchó las críticas, dialogó con el gremio periodístico y reconoció que la iniciativa era un error.

No es poca cosa en tiempos donde muchos políticos prefieren esconderse detrás del silencio o de comunicados ambiguos.

Pero mientras ella asumía públicamente la responsabilidad y acudía incluso a presentar el documento para retirar la iniciativa, Velazco y Alday simplemente desaparecieron.

Ni para retirar su propuesta aparecieron.

Tiraron la piedra y escondieron la mano.

Ese gesto —o más bien la ausencia de él— dice mucho más sobre su carácter político que cualquier discurso que puedan pronunciar en tribuna.

Porque la política también se mide en momentos de crisis, y cuando llegó la hora de asumir consecuencias, quienes se presentaban como autores del proyecto simplemente dejaron sola a la legisladora que había decidido corregir el error.

Y así, en un episodio que duró apenas unos días, quedó retratada la diferencia entre quien tuvo la dignidad de reconocer una equivocación y quienes prefirieron refugiarse en el silencio.

La lección es simple.

En la política contemporánea los errores se pagan caro, pero la cobardía se paga aún más.

Y después de este episodio, muchos dentro y fuera del Congreso empiezan a preguntarse si las ya de por sí discretas carreras políticas de algunos de estos personajes no acaban de recibir el golpe que difícilmente podrán remontar.

Porque hay iniciativas que nacen mal.

Y hay carreras políticas que, con actos como este, terminan firmando su propio certificado de defunción.

Curva peligrosa…

La próxima llegada del gas natural a Cancún, Playa del Carmen y Puerto Morelos marcará un momento clave para el desarrollo energético del norte de Quintana Roo. Esta infraestructura permitirá contar con una fuente de energía más eficiente, económica y menos contaminante, lo que beneficiará tanto al sector turístico como a comercios, industria y hogares.

El proyecto contempla estrictos protocolos de seguridad en la instalación y operación de la red, con sistemas de monitoreo permanente, controles técnicos y supervisión especializada para garantizar la protección de la población y del entorno.

Con esta nueva infraestructura energética no sólo se fortalece la estabilidad eléctrica de la región, también se abre la puerta a nuevas inversiones y a un crecimiento más ordenado para Cancún, la Riviera Maya y Puerto Morelos, consolidando al Caribe mexicano como una zona estratégica para el desarrollo económico del país.

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