spot_img
HomeColumna X La LibreEl venezolano cae… y el “chespirato” empieza a hablar.

El venezolano cae… y el “chespirato” empieza a hablar.

Por Joaquín Quiroz Cervantes

La detención de Jorge N —conocido en los corrillos del poder como “el venezolano”— no es un hecho aislado ni un accidente judicial. Es, en todo caso, el síntoma más visible de un sistema que durante años operó bajo la lógica del privilegio, el tráfico de influencias y la impunidad institucionalizada.

Porque el Venezolano no era un improvisado. No era un actor marginal. Era, según múltiples versiones coincidentes, uno de los principales operadores financieros del exgobernador Carlos Joaquín González, pieza clave en una estructura que convirtió el poder público en plataforma de negocios privados. Su nombre aparece reiteradamente vinculado a contratos, favores y beneficios que difícilmente se explican sin una red de complicidades bien aceitada.

Hoy, su detención —presuntamente por intento de feminicidio y otros delitos— abre una grieta peligrosa para quienes durante el llamado “chespirato” construyeron un entramado de protección mutua. Porque si algo define a estos personajes no es solo su capacidad de operar en las sombras, sino su cercanía con los centros de decisión.

Y ahí aparece otro nombre incómodo: Rafael Marín Mollinedo. El Venezolano no solo era cercano, era promotor activo de su proyecto político. Un operador que, lejos de esconderse, jugaba en la primera línea impulsando aspiraciones de poder. Eso no es menor. Habla de vínculos, de confianza y de intereses compartidos.

El problema es más profundo. No se trata únicamente de un individuo detenido, sino de una red que, según diversas versiones, también alcanza a figuras como Adán Augusto López Hernández, señalado en distintos análisis como articulador de alianzas políticas que tejieron puentes con el grupo de Carlos Joaquín González. Una red donde política, dinero y poder se mezclaron sin controles reales.

Lo verdaderamente relevante no es la captura en sí, sino lo que puede desatar. Porque cuando cae un operador financiero de este nivel, no cae solo. Arrastra información, relaciones, expedientes y, sobre todo, secretos incómodos.

Durante años, el “chespirato” fue señalado por el manejo discrecional de recursos, por beneficiar a un grupo reducido de empresarios cercanos y por construir una narrativa de orden mientras, por debajo, se gestaba un sistema de favores cruzados. El Venezolano era parte de ese engranaje. Un engrane importante.

Su detención, bajo acusaciones graves, rompe el pacto tácito de silencio. Y cuando eso ocurre, el riesgo para quienes formaron parte de ese ecosistema se multiplica.

Aquí no hay espacio para ingenuidades: esto no es justicia espontánea, es el inicio de un reacomodo. Un ajuste de cuentas dentro del propio sistema.

La pregunta no es si caerán más nombres.

La pregunta es quién será el siguiente en intentar explicar lo inexplicable.

ARTÍCULOS RELACIONADOS
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img