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“Cuando el Turismo volvió a tener rostro” El Modelo Mara Lezama

Por Joaquín Quiroz

Madrid España.- Hay momentos en la historia pública de un estado en los que no basta contar cifras ni presumir récords. Hay momentos en los que lo verdaderamente trascendente es reconocer cuándo cambia el sentido de las cosas. El turismo en Quintana Roo vive hoy uno de esos momentos, y tiene nombre propio: Mara Lezama.

Durante años, el turismo fue una maquinaria eficaz pero fría. Funcionaba, sí, pero dejaba demasiados fuera. El paraíso se vendía al mundo mientras las comunidades originarias observaban desde la orilla. El desarrollo avanzaba, pero no abrazaba. La riqueza crecía, pero no se repartía. Así se construyó una historia que parecía normal, hasta que dejó de ser justa.

Por eso el modelo turístico “Mara Lezama” no es una innovación cosmética: es una reconciliación. Reconciliación del turismo con la gente, del crecimiento con la dignidad, del éxito económico con el rostro humano del estado. Democratizar y humanizar el turismo ha significado, por primera vez, mirar a las comunidades rurales no como paisaje, sino como protagonistas. Darles voz, presencia y futuro.

Acompañar por cuarto año consecutivo a la gobernadora a la Feria Internacional de Turismo FITUR, desde la cobertura permanente de Xlalibre Multimedios, permite constatar algo esencial: Quintana Roo ya no solo se promociona, se explica. Se cuenta desde sus raíces, desde sus manos trabajadoras, desde su identidad viva. Cada artesana, cada productor, cada ejidatario que hoy ocupa un espacio en los escaparates internacionales representa una ruptura con el pasado y una promesa hacia el mañana.

Hay un simbolismo poderoso cuando una gobernadora decide portar con orgullo los textiles mayas ante el mundo. No es estética, es mensaje. Es decirle a la industria global que aquí el turismo no se construye sobre el olvido, sino sobre la memoria. Que la cultura no adorna, sostiene. Que el desarrollo no borra, integra.

Este modelo ha logrado algo que parecía imposible: que la prosperidad deje de ser una palabra abstracta y se convierta en experiencia cotidiana. Que el mesero, la camarista, el recepcionista, la guía comunitaria y el pequeño productor se reconozcan como parte esencial del éxito del Caribe Mexicano. Que el turismo rural, comunitario y sustentable deje de ser alternativa para convertirse en política pública.

Quintana Roo sigue siendo un privilegio natural, pero hoy es también un referente ético. En una industria global que exige responsabilidad y conciencia social, el estado no solo compite: inspira. Y esa inspiración nace de una forma distinta de gobernar, profundamente humana, profundamente sensible.

Porque cuando el turismo pone rostro, nombre y dignidad a su gente, deja de ser industria para convertirse en orgullo colectivo. Y ese es, quizá, el mayor legado del modelo turístico “Mara Lezama”.

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