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Isla Mujeres, entre cacicazgos, traiciones y aspirantes por montones.

Por Joaquín Quiroz

Y bueno, sigue sonando el tic tac del reloj político, y la efervescencia por conocer quiénes estarán ocupando las coordinaciones municipales para la Defensa de la Transformación y, posteriormente, las candidaturas a las presidencias municipales, es lo que se fragua, se cocina y comienza a levantar temperatura en los 11 municipios de Quintana Roo.

Sin duda, la principal incógnita era saber quién haría lo propio en el ámbito estatal, rumbo a la gubernatura, asunto que desde hace poco más de mes y medio está amarrado y firme con el senador con licencia Eugenio Segura Vázquez.

En los 11 municipios hay distintos cuadros, historias, necesidades, intereses y realidades políticas, tampoco hay que perder de vista que los próximos comicios municipales tendrán dos interesantes peculiaridades: la primera es que quienes resulten electos el 6 de junio de 2027 para encabezar los ayuntamientos, con las modificaciones existentes, ya no podrán ir por una reelección consecutiva; ganaron y se acabó, tres años y bye.

La segunda, igualmente importante, es que el candidato perdedor ya no tendrá el premio de consolación de convertirse en regidor, sí que se acabó aquello de buscar una candidatura para perder cómodamente y terminar cobrando en el cabildo, es decir perdedor ya no será regidor.

Con las reglas modificadas, el escenario se torna todavía más interesante. Hay quienes tienen cómo y con qué, cuentan con trayectoria, estructura, conocimiento y oficio político; sin embargo, también aparecen algunas y algunos extraviados que no saben ni a lo que van ni en lo que se están metiendo.

Personajes que confunden una aspiración con una ocurrencia, que creen que registrarse es suficiente para convertirse en opción política y que todavía no entienden que una cosa es aparecer en una fotografía y otra muy distinta tener presencia, respaldo y capacidad para enfrentarse al electorado.

Interesante el sabor que le están poniendo a esta interna de MORENA en Isla Mujeres, una demarcación quintanarroense donde desde hace cinco años mantiene el poder una familia caciquil, híbrido de panistas y marinistas, a la que desde esta columna hemos cuestionado por sus prácticas políticas, sus traiciones y su manera de entender el ejercicio del poder.

Un grupo que pareciera dispuesto a todo con tal de conservar el control municipal, aunque para ello tenga que recurrir a alguno de sus empleados y presentarlo como una alternativa ciudadana, cuando en realidad lo que estaría en juego sería la continuidad del mismo grupo, con distinto rostro y exactamente los mismos intereses.

Y bueno, en Isla Mujeres también se les da mucho el sentido del humor, porque entre los registros aparecen cada vacilada, como el siempre perdedor Indio Blanco, o personajes a quienes, en términos políticos, ni en su propia cuadra conocen.

Hay más tiradores por esta demarcación que incluso por Cancún, lo cual convierte la contienda interna en un auténtico desfile de aspiraciones, algunas con antecedentes políticos y otras que parecen sacadas de la imaginación de quienes confunden sus deseos personales con las necesidades de un municipio.

En medio de este escenario aparece, partiendo plaza y poniendo las cosas claras, llamándolas por su nombre, un experimentado político que ya gobernó Isla Mujeres: Juan Carrillo Soberanis, actual diputado federal.

Un hombre cuya trayectoria electoral incluye dos triunfos por la presidencia municipal isleña, una victoria para diputado local y dos elecciones consecutivas ganadas para diputado federal.

Es decir, no estamos hablando de alguien que apenas pretende conocer el terreno, ni de un personaje al que haya que explicarle cómo se construye una estructura política, cómo se busca el voto o cuáles son las entrañas de la política isleña.

Carrillo Soberanis entró con la espada desenvainada, diciendo las cosas como son y cómo van, sin disfraces ni anestesia. Su discurso pone sobre la mesa el enfrentamiento con quienes han ejercido el control municipal durante los últimos cinco años.

No se presenta como un improvisado ni como alguien que apenas busca su primera oportunidad en la administración pública, sino como un político que conoce el municipio, sus comunidades, sus problemas y, particularmente, a quienes han tomado las principales decisiones durante el último lustro.

La propuesta política de Juan Carrillo plantea una transformación de Isla Mujeres y una revisión de lo ocurrido durante los cinco años de la actual etapa de gobierno municipal.

Sobre la mesa quedan los cuestionamientos a la administración, el manejo de los recursos públicos y las responsabilidades que, en su caso, debieran esclarecerse.

No se trata de experimentar con el gobierno ni de descubrir sobre la marcha cómo funciona un ayuntamiento. Carrillo es un hombre de decisiones, identificado políticamente con la gobernadora Mara Lezama Espinosa y con el coordinador estatal de la Transformación, Eugenio Gino Segura Vázquez, y su posicionamiento apunta hacia una confrontación política abierta con el grupo que actualmente gobierna la isla.

También se registró Edgar Gasca Arceo, exdiputado local, exsubsecretario de Gobierno, exregidor y exfuncionario municipal en Isla Mujeres. Un morenista que conoce a sus paisanos y que ha formado parte de la construcción política del movimiento en Quintana Roo. Su trayectoria tampoco es la de un recién llegado, y de él cabe esperar un posicionamiento respecto de quienes han concentrado el poder municipal, así como de las prácticas que, desde distintas expresiones del propio morenismo, se cuestionan por el daño que pueden ocasionar a la imagen de la Cuarta Transformación.

Gasca Arceo conoce el terreno político isleño y ha vivido en carne propia los enfrentamientos con quienes actualmente tienen el control municipal. Su nombre forma parte de la historia política reciente de Isla Mujeres, con victorias, derrotas, confrontaciones y episodios que explican su presencia en esta nueva disputa interna.

Para Edgar, esta contienda representa otra oportunidad de buscar el respaldo ciudadano, después de experiencias electorales adversas, y de demostrar que su conocimiento del municipio puede traducirse en un proyecto político con identidad propia. Es un cuadro que no puede borrarse de un plumazo de la vida política isleña.

Otro de los personajes que aparece en este escenario es José Aguilar, quien se desempeñaba como síndico en la actual administración municipal y cuya llegada al ayuntamiento ha sido motivo de fuertes cuestionamientos políticos.

Particularmente, está el tema de la acción afirmativa LGBTQ mediante la cual accedió a la sindicatura, asunto que merece una explicación pública puntual, porque las acciones afirmativas no fueron creadas para convertirse en instrumentos de conveniencia política ni para ser utilizadas por grupos de poder como mecanismos de acomodo electoral.

José Aguilar, quien públicamente ha presumido a su esposa y familia, fue postulado mediante una acción afirmativa correspondiente a la diversidad sexual, circunstancia sobre la que esta columna plantea cuestionamientos respecto de su aplicación y de las decisiones partidistas que permitieron su registro.

El asunto de fondo no es la vida privada de nadie, sino la obligación política de garantizar que los espacios destinados a grupos históricamente discriminados cumplan verdaderamente su finalidad y no terminen convertidos en instrumentos de negociación de quienes controlan las candidaturas. Ahí está un tema que el grupo gobernante de Isla Mujeres tiene pendiente de explicar.

En la relación de aspirantes también figura Suemy González Sánchez, cercana a la administración municipal y parte de la estructura política y laboral del grupo que actualmente gobierna Isla Mujeres. Su aspiración está marcada por esa cercanía con quienes han concentrado el poder durante los últimos cinco años, una relación que inevitablemente abre la discusión sobre dónde termina el proyecto personal y dónde comienza el interés de garantizar la permanencia del mismo grupo político.

La presencia de Suemy González obliga también a observar el papel de las estructuras municipales en los procesos internos partidistas, particularmente cuando quienes aspiran mantienen vínculos laborales y políticos con la administración en funciones.

Una cosa es construir un proyecto ciudadano, con trabajo, presencia y respaldo propios, y otra muy distinta pretender que la cercanía con el gobierno municipal sea suficiente para obtener una candidatura. Ahí estará uno de los puntos que deberán explicarse con claridad en esta interna.

Y bueno, de último se inscribió Flavio Carlos Rosado, hoy exsecretario de Salud, un personaje del que nos refieren que no cuenta con el arraigo ni con el origen isleño que otros participantes presumen. Flavio llega a su primera aventura política electoral después de una trayectoria como funcionario público, pero una cosa es ocupar cargos administrativos y otra muy diferente conocer las entrañas de una comunidad, tener pulso político, construir consensos y saber interpretar las necesidades y sentimientos de los habitantes de Isla Mujeres.

Flavio parece entrar en esa categoría de funcionarios que descubren de pronto sus aspiraciones políticas y consideran que su trayectoria dentro de la burocracia es suficiente carta de presentación para buscar una posición de elección popular.

Habrá que ver cómo explica su proyecto y su vinculación con Isla Mujeres, particularmente cuando su presencia en la vida política local no ha sido precisamente su principal característica.

También resulta interesante su manera de relacionarse con los distintos grupos políticos. De esas personas que parecen creer que hacer política consiste en quedar bien con melón y con sandía, que lo mismo hacen caravanas y reverencias a quienes actualmente gobiernan la isla que a quienes tienen responsabilidades en el gobierno estatal.

Una forma de conducirse que puede resultar cómoda dentro de la administración pública, pero que en una disputa política abierta termina por colocar sobre la mesa la congruencia, las lealtades y las definiciones que cada aspirante está dispuesto a asumir, y más cuando ese grupo que hoy gobierna ha sido artifice de ofensas y guerras en contra de quien encabeza la administración estatal, de donde salió Flavio, a ver si en esta contienda les dice sus verdades, o le temblará la actitud.

Por cierto, con la salida de Flavio Carlos Rosado de la Secretaría de Salud, nos comentan que hubo trabajadores de SESA que recibieron con alivio el relevo, particularmente por los cuestionamientos internos relacionados con el estilo de conducción, las exigencias administrativas y el liderazgo del ahora aspirante.

Son señalamientos que forman parte de las versiones recogidas en el entorno de esa dependencia y que también acompañarán su incursión en una contienda política en la que tendrá que demostrar que sabe desenvolverse fuera de los nombramientos y las oficinas gubernamentales.

Así que con este coctel de aspirantes estará aderezada la encuesta interna de MORENA en Isla Mujeres. Juan Carrillo Soberanis, Edgar Gasca Arceo, José Aguilar, Suemy González Sánchez y Flavio Carlos Rosado representan trayectorias, antecedentes, intereses y vínculos políticos distintos.

La contienda permitirá observar cuánto pesan el trabajo territorial, los antecedentes electorales, las estructuras partidistas y las relaciones con quienes actualmente ejercen el poder.

Y en medio de todo aparece otro ingrediente que no debe perderse de vista: el futuro político de quienes forman parte del grupo gobernante y su relación con la aspiración a una diputación federal de la actual presidenta municipal.

En los corrillos políticos ya se habla de la posibilidad de que algunos integrantes de ese grupo busquen acomodo en Movimiento Ciudadano o incluso en el PAN, escenario que, de concretarse, volvería a poner sobre la mesa el tema de las lealtades, los cambios de camiseta y la facilidad con la que algunos personajes entienden las siglas partidistas como simples vehículos para conservar sus espacios de poder.

Porque en política hay quienes tienen principios, hay quienes tienen proyectos y hay quienes solamente tienen intereses. Y cuando estos últimos descubren que la puerta por la que pretendían entrar puede cerrarse, no tardan en buscar otra, aunque para ello tengan que tragarse sus discursos, sus juramentos de lealtad y hasta sus supuestas convicciones ideológicas.

Isla Mujeres se convierte así en uno de los escenarios que más ingredientes aporta a la interna morenista de Quintana Roo, con políticos de trayectoria, funcionarios que buscan dar el salto electoral, personajes vinculados al poder municipal y una administración que estará inevitablemente en el centro del debate.

El tic tac sigue sonando, las encuestas se aproximan y la política isleña se calienta. Por lo pronto, entre registros, aspiraciones, viejos agravios y nuevas conveniencias, queda una pregunta que no es menor: ¿se busca construir una alternativa para Isla Mujeres o solamente cambiar de nombre a quienes pretenden seguir administrando el poder?

Porque una cosa es querer gobernar Isla Mujeres y otra, muy distinta, creer que Isla Mujeres es propiedad de alguien.

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