spot_img
HomeColumna X La LibreSe acabó el negocio de Lidia Rojas y compañía de perder para...

Se acabó el negocio de Lidia Rojas y compañía de perder para cobrar

Por Joaquín Quiroz

Durante años, algunos personajes de la política quintanarroense encontraron una fórmula cómoda, rentable y prácticamente infalible: competir por una presidencia municipal, perder en las urnas y, pese al rechazo ciudadano, instalarse durante tres años en una regiduría de representación proporcional.

No necesitaban ganar. Tampoco convencer a la mayoría ni construir una propuesta verdaderamente competitiva. Bastaba encabezar una planilla, administrar la derrota y esperar el premio de consolación pagado con recursos públicos.

Ese negocio político acaba de recibir un golpe contundente.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación validó la reforma al artículo 383 de la Ley de Instituciones y Procedimientos Electorales de Quintana Roo. A partir de este cambio, las regidurías de representación proporcional deberán asignarse a quienes fueron registrados específicamente como candidatos a regidores, respetando el orden de la planilla, y no automáticamente a quien contendió por una presidencia municipal y perdió.

La Corte fue clara: no existe un derecho individual de los candidatos derrotados a convertirse en regidores. La reforma tampoco elimina la representación de las minorías, modifica la fórmula de distribución ni reduce el número de espacios opositores. Simplemente termina con el privilegio personal de convertir una derrota electoral en una posición presupuestal.

Y es ahí donde aparecen dos nombres que representan con precisión este oportunismo naranja: Lidia Rojas Fabro y Jesús Pool Moo.

Ambos parecían prepararse para repetir en 2027 la misma operación: aparecer nuevamente en la boleta, envolverse en el discurso de la “alternativa ciudadana”, perder la elección y regresar tranquilamente al Cabildo para vivir otros tres años del erario, desde donde podrían continuar administrando la queja, el resentimiento y la siguiente candidatura.

Lidia Rojas ya compitió por la presidencia municipal de Othón P. Blanco en 2021 y volvió a hacerlo en 2024. En la última elección estuvo cerca, ciertamente, pero perdió: obtuvo 41 mil 870 votos frente a los 42 mil 468 de Yensunni Martínez, una diferencia de 598 sufragios.

En democracia, perder por uno o por diez mil votos sigue siendo perder.

Sin embargo, gracias al mecanismo que ahora desaparece, la derrota no significaba retirarse, evaluar errores y reconstruir un proyecto. Significaba convertirse en regidora y mantenerse vigente con cargo al presupuesto municipal.

Jesús Pool conoce todavía mejor ese camino. Ha transitado por distintas siglas y alianzas con la facilidad de quien entiende los partidos no como comunidades políticas, sino como vehículos disponibles. Fue diputado federal por la coalición encabezada por Morena; después abandonó esa bancada, pasó al PRD, compitió por la presidencia municipal de Benito Juárez y terminó incorporado a Movimiento Ciudadano.

Ahora, como regidor, ya anticipó que estará nuevamente en las boletas de 2027, aunque todavía no define qué cargo buscará. Es decir, primero está la candidatura y después se averigua para qué. Proyecto, convicción y congruencia pueden esperar; lo indispensable es conservar un lugar en la nómina política.

Rojas y Pool seguramente ya se relamían los bigotes, como gatos frente a un filete, imaginando otra campaña, otra derrota y otros tres años cobrando como supuestos representantes de una oposición que ha confundido fiscalizar con quejarse, proponer con declarar y hacer política con aparecer en redes sociales.

Pero se les acabó el premio de consolación.

La reforma no cancela sus derechos políticos. Pueden competir todas las veces que quieran. Pueden recorrer colonias, tomarse fotografías, grabar videos, repetir discursos y presentarse como la novedad, aunque lleven años viviendo de la política.

Lo único que ya no podrán hacer es exigir una regiduría por el simple hecho de haber encabezado una candidatura derrotada.

Si quieren ser presidentes municipales, deberán ganar.

Si quieren ser regidores, tendrán que registrarse como candidatos a regidores y ocupar el lugar que les corresponda en la planilla.

Así de sencillo. Así de democrático.

Los opositores a la reforma argumentan que con ella se debilita la representación de las minorías. Es falso. Los partidos seguirán obteniendo las regidurías que les correspondan de acuerdo con su votación. Lo que desaparece no es la pluralidad, sino la apropiación personal de esa representación por parte del candidato perdedor.

Una cosa es garantizar que las distintas fuerzas políticas tengan presencia en los ayuntamientos y otra muy diferente convertir los cabildos en refugios laborales para candidatos profesionales de la derrota.

La democracia no tiene por qué indemnizar a quien pierde.

Quien recibe el rechazo de la mayoría debe asumirlo, regresar a su actividad profesional, revisar las causas de su derrota y, si pretende volver a competir, demostrar que aprendió algo. Lo que no resulta sano es brincar de elección en elección, cambiar de partido cuando conviene y utilizar una regiduría como sala de espera para la siguiente candidatura.

La resolución de la Suprema Corte pone orden y devuelve sentido a las urnas. El mensaje es inequívoco: si el pueblo no te elige para gobernar, no puedes entrar por la puerta trasera a ocupar otro cargo que nunca solicitaste directamente en la boleta.

Lidia Rojas, Jesús Pool y otros especialistas en perder con premio tendrán que pensarlo dos veces antes de lanzarse nuevamente en 2027. Ya no habrá regiduría automática, salario garantizado ni refugio presupuestal.

Ahora tendrán que competir para ganar, no para cobrar.

Porque cuando el pueblo dice no, debe ser no.

Y quien pierda, a casa.

Curva peligrosa … Y quien ya habló fuerte y claro fue la presidenta municipal de Playa del Carmen, Estefanía Mercado Asencio: buscará la reelección. La edil tiene voluntad, estructura y, sobre todo, una presencia política que la colocó incluso entre las figuras finalistas para contender por la candidatura de Morena al Gobierno de Quintana Roo. No se trata de una aspiración improvisada ni de un destape construido sobre rumores, sino de la decisión de una mujer que ha conseguido posicionarse dentro y fuera de su municipio.

Estefanía Mercado se reporta lista para competir por un periodo más al frente de Playa del Carmen, con el respaldo ciudadano como principal carta de presentación. Sabe que la reelección no se obtiene mediante declaraciones ni por derecho adquirido: se gana en territorio, con resultados y manteniendo la confianza de la gente. Tiene la voluntad para buscarla y la fuerza política para disputarla; ahora corresponderá a la ciudadanía evaluar su administración. Por lo pronto, la presidenta ya puso sus cartas sobre la mesa y dejó en claro que en 2027 estará preparada para defender en las urnas la continuidad de su proyecto.

ARTÍCULOS RELACIONADOS
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img