Por Joaquín Quiroz Cervantes.
En la antesala de una contienda que ya se juega con lógica de mundial, el tablero político de Quintana Roo se parece cada vez más a una cancha donde no todos corren igual, no todos traen condición y, sobre todo, no todos conectan con la afición. Aquí no basta con portar el uniforme: hay que saber jugarlo.
En ese terreno, el equipo guinda alinea a dos piezas que, guste o no, están en ritmo de competencia real. Por un lado, Eugenio “Gino” Segura, que ha construido un perfil de delantero moderno: movilidad, presencia territorial y lectura de juego. No es casualidad que haya sido el más votado; eso en política equivale a liderar la tabla de goleo.
Su paso por distintos niveles de gobierno no es decorativo, es acumulación de minutos efectivos. Hoy, desde la comisión de Turismo, juega una posición estratégica: maneja agenda, marca ritmo y proyecta resultados en una entidad donde el turismo no es tema, es columna vertebral.
A su lado, Ana Paty Peralta de la Peña aparece como esa delantera que no necesita presentación. Tiene algo que en política pesa más que cualquier discurso: repetición de victorias. Regidora, diputada local, diputada federal y dos veces al frente del municipio más importante del estado. No es narrativa, es estadística. Y en política, como en el fútbol, los números terminan imponiéndose sobre las opiniones.
Ahora bien, del otro lado del campo el contraste es evidente. Rafael Marín Mollinedo entra al partido sin haber hecho la pretemporada en la cancha local. Su problema no es de capacidad técnica, es de arraigo.
En política territorial, no haber sudado la camiseta en campaña es como debutar en una final sin haber jugado el torneo. A eso se suman cuestionamientos que, aunque no siempre acreditados judicialmente, sí pesan en la narrativa pública. Y en este juego, la percepción también mete goles.
Lo de Marybel Villegas Canché es distinto, pero igual de problemático: es la jugadora que ha cambiado de camiseta tantas veces que ya no genera identidad con ninguna tribuna. Su trayectoria no carece de cargos, pero sí de consistencia.
En política, la volatilidad ideológica se traduce en desconfianza, y eso es equivalente a perder el respaldo de la grada en pleno partido.
El punto crítico es este: mientras unos están en ritmo competitivo, con estructura, narrativa y respaldo territorial, otros parecen jugar a destiempo, sin sistema y con desgaste acumulado. No es un tema de edad biológica, es desgaste político. Hay trayectorias que suman y otras que ya no resisten el análisis comparado.
Quintana Roo, como estadio, ya no es ingenuo. La afición —léase ciudadanía— distingue entre quien corre la cancha y quien sólo aparece en la foto. Y en ese contexto, la contienda rumbo a 2027 no se perfila como un juego cerrado, sino como uno donde la diferencia puede ser táctica, pero también emocional.
Porque al final, como en el fútbol de alto nivel, no gana el que más promete, sino el que mejor ejecuta. Y hoy, en esa cancha, hay dos que están jugando a primera división… y otros que claramente ya no están para noventa minutos.
En política, como en el fútbol, hay equipos que entrenan en serio… y otros que se juntan para la foto pensando que con eso ya están listos para jugar la final. Lo de los marinistas en Cozumel entra, sin rodeos, en la segunda categoría.
La brújula no sólo está torcida, está girando sin control. El operador central, Rafael Marín Mollinedo, decidió que era buena idea cambiar el clásico “cafecito en Soriana con la tropa” de pasillo por una especie de gira de reconocimiento en territorio ajeno, como si Cozumel fuera cancha neutral y no un terreno donde el arraigo pesa más que cualquier nombramiento. El resultado: un evento frío, desangelado y, peor aún, sin peso específico.
Porque aquí hay que decirlo claro: en política local no basta con llenar un espacio, hay que llenar de contenido ese espacio. Y lo que se vio en Cozumel fue una alineación de tercer nivel, sin liderazgo real, sin estructura visible y sin capacidad de convocatoria.
Entre los nombres que medio suenan —porque tampoco es que retumben— aparecen figuras como Margarita Vázquez, Alex Mattar o Manuel Gurigutia, más por sus aspiraciones personales que por su capacidad de arrastre. Es decir, más preocupados por ver si les toca candidatura que por construir un proyecto sólido.
El problema de fondo no es la asistencia, es el mensaje. Cuando en tu propio evento no logras convocar a actores de peso, lo que proyectas no es humildad política, es debilidad estructural. Y eso, en el contexto actual de Quintana Roo, es prácticamente firmar una derrota anticipada.
Mientras tanto, del otro lado del campo, las cosas se están jugando con otra lógica. El grupo que encabezan perfiles como Eugenio “Gino” Segura no sólo tiene presencia, tiene control territorial y narrativa política. Y en Cozumel, el nombre de Renán Sánchez empieza a sonar como opción natural, lo que deja a los marinistas en una posición incómoda: jugar un partido donde ya no deciden la alineación.
Y ahí viene lo irónico. Quienes se presentaron como alternativa terminan dependiendo de figuras sin cohesión, con sospechas de doble juego y sin una línea política clara. Porque cuando alguien está en todos lados, en realidad no está en ninguno. Y esa ambigüedad, lejos de sumar, resta credibilidad.
El caso de los operadores locales es todavía más revelador: vínculos familiares, posiciones administrativas menores y coordinaciones sin músculo político. Es decir, una estructura que parece más una reunión de conocidos que un equipo competitivo. Y así, difícilmente se gana algo más que la anécdota.
Lo de Cozumel no fue un tropiezo aislado, fue un síntoma. Un grupo que apuesta a improvisados, que no entiende el terreno que pisa y que confunde presencia con influencia está condenado a perder, no por conspiración, sino por simple lógica política.
Porque en este juego, como en el fútbol, no basta con salir a la cancha. Hay que saber jugar… y, sobre todo, hay que tener equipo. Y hoy, los marinistas, más que equipo, parecen una cascarita mal organizada que ni siquiera sabe en qué portería está tirando.




