Por Joaquín Quiroz Cervantes
En política no basta con querer: hay que demostrar tener cómo y con qué. Lo demás —los atajos, los amiguismos, los merecimientos por ósmosis— es romanticismo barato que suele terminar en fracaso. Quintana Roo hoy ofrece un contraste nítido entre quienes acreditan resultados y quienes pretenden heredar poder como si fuera un favor personal.
El camino rumbo a 2027 tiene una vara de entrada alta, muy alta. Y no es retórica. Mara Lezama llega a ese punto como la gobernadora mejor evaluada del país, con reconocimientos consistentes de encuestas nacionales y con aval internacional en una materia que aquí define el destino: el turismo.
Diarios y analistas españoles la ubican como una autoridad de primer nivel, no por discurso, sino por conocimiento técnico, gestión y resultados.
Tras el peor sexenio que recuerde el estado —ese gris “Chespirato” que dejó cuentas, confianza y rumbo en ruinas—, Quintana Roo entró con Lezama a una etapa distinta: trabajo, orden y hechos, sin pretextos.
En ese entender las opciones reales no se inventan: se miden. Y en las mediciones aparece un perfil joven, preparado y probado. Eugenio Segura no es una promesa hueca.
Egresado del ITAM, con trayectoria administrativa y legislativa, fue pieza clave al frente de SEFIPLAN para sacar a la entidad del hoyo financiero heredado por Carlos Joaquín y la inoperancia de Yohanet Torres Muñoz. Luego vino una campaña ganada en territorio, no en cafés: el senador más votado del país por Morena.
Hoy preside la Comisión de Turismo, negocia con navieras, dialoga con hoteleros e inversionistas y funge como interlocutor confiable para quienes apuestan por Quintana Roo. Eso no se improvisa.
La comparación es inevitable. Del otro lado están los proyectos arcaicos, sostenidos en compadrazgos y en una preparación académica deficiente; personajes que jamás han competido en una elección y cuyo único mérito es “ser amigo de”.
Ahí están los ejemplos de cómo ese modelo envejeció mal: Adán Augusto López, Ricardo Monreal, Pedro Haces, Gerardo Fernández Noroña. La amistad no suple la capacidad; la cercanía no reemplaza los resultados.
Y conviene no perder de vista quién decide hoy en Palacio Nacional. Claudia Sheinbaum no llegó por ser “amiga de”, sino por territorio, elecciones ganadas, formación y desempeño. Ese dato cambia todo.
Los tiempos del virrey nombrado cortesano se agotaron. Pasar de recaudar miles de millones a vegetar en oficinas sin trascendencia —como hoy lo ha hecho sin pena ni gloria Arturo Abreu Marín— no es premio; es destierro administrativo.
La política seria exige ojos para ver y oídos para escuchar. Quintana Roo ya aprendió la lección: resultados pesan más que favores. Y hoy, hombro a hombro, Mara Lezama y Gino Segura representan una ruta que no se sostiene en quimeras, sino en realidades verificables. Así de sencillo. Así de claro.
Curva peligrosa…
La llegada del gas natural a Quintana Roo será un antes y un después para el estado. Significa energía más barata, estable y limpia para hoteles, comercios y nuevos proyectos productivos.
Eso se traduce en mayor competitividad, atracción de inversión y mejores condiciones para generar empleo bien pagado. Además, responde a una exigencia clara del turismo internacional y de los inversionistas: infraestructura moderna y sustentable.
No es una promesa al aire, es una herramienta concreta para que Quintana Roo crezca con orden, eficiencia y visión de futuro.




